Se ha perdido el interés en las ideologías que deben inspirar un gobierno y estamos focalizados en ataques personales a quien no comparte las nuestras

 - Líder, administrador o gobernante

Ser líder consiste en tener cierto carisma que permite ejercer el poder sobre creyentes o seguidores de la persona. No necesariamente un liderazgo está atado a una lógica de hacia dónde éste se encamina, sino solo a quien lo representa. No implica requisitos u objetivos, luego no califica para nada la idoneidad para llegar a encabezar un gobierno.

Para administrar un Estado sí se requieren capacidades adicionales, como cierto nivel de preparación y de formación dentro de cierta estructura mental para que la toma de decisiones se enmarque dentro de la lógica de lo que se busca. No es condición suficiente pero sí necesaria para dirigir adecuadamente un país.

Pero para ser gobernante (no en cuanto a ejercer el poder sino de darle un sentido a ejercerlo) se requiere algo mas que vocación de liderazgo y capacidad y experiencia administrativa. Tener condiciones para ser gobernante supone tener una comprensión y una concepción de lo que es el Estado, de cómo y porqué existe,  y de cómo se relaciona con la sociedad que maneja; es decir una ideología que oriente la función que el gobernante debe cumplir.

Por eso el verdadero debate en la escogencia de un gobierno es entre ideologías, justificadas cada una en los antecedentes que cada quien analiza para sacar sus propuestas.

Por eso no hay respuestas a cuál ideología o cuál propuesta de gobierno es la correcta sino solo posiciones ante las diferentes alternativas. Nadie es ‘bueno’ o ‘malo’ por la ideología que tiene.

En términos de lenguaje convencional, asume la posición de ideología de derecha quien se beneficia del estado de cosas actual, y representa a la de izquierda quien quiere cambiarlas

En el caso de un gobierno de izquierda (y es el primero que en alguna forma tenemos) surge la oposición natural de la derecha –de los privilegiados en el statu quo.

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Pero no podrían hacer la oposición alrededor de los valores que defienden y sobre todo no en contra de los que defiende la izquierda. No podrían proponerse favoreciendo la preservación de las desigualdades, o la pobreza, o la injusticia social en general, y por eso acuden a la posibilidad de ‘reformas’ sobre temas específicos.

Se logra entonces desaparecer el debate sobre ideologías y se traslada al de los instrumentos – de una parte el económico y de otra parte el jurídico-, que permiten justificar el mantener el sistema o modelo sin concretar qué valores se defienden 

El económico por ser bastante abstruso y abstracto y por ser el que ha creado el estado de cosas que hoy existen, es decir por ser el imperante, se esgrime como si la escuela que defiende fuera la fuente del conocimiento y sus conclusiones el sumum del saber; la tratan como una ciencia exacta que funciona según reglas inmutables dentro de un ámbito aislado, y no, como debe ser, como rama de las ciencias sociales, es decir condicionado y en función de cómo se ordena una sociedad alrededor de la forma en que se genera la riqueza y de cómo se distribuye.

El jurídico por las mismas razones de ser el imperante, el que ha consolidado lo que existe, se presenta como si la ‘democracia’ fuera el fin de la historia- lo más cercano que se puede llegar a la perfección: sin distinguir la democracia como modelo político y democracia como conjunto de valores,  se apela a la tautología de que los valores de referencia son los de la ‘democracia’, por lo tanto al defenderla se es bueno y si no se es malo. Así la ‘democracia’ es la única opción para buscar el bien comun y quien niegue la bondad de la democracia es ‘malo’.

Resultado: se ha perdido el interés en las ideologías que deben inspirar un gobierno y estamos focalizados en ataques personales a quien no comparte las nuestras.

Del miso autor: El caso Fajardo

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Por Juan Manuel López

Es analista político-económico, estudió Economía Política en la Universidad de Sydney en Australia. Ha sido columnista para KienyKe, Dinero.com y El Heraldo.