El 2 de mayo, cuando el acordeón vuelva a sonar en el Parque de la Vida, Valledupar no solo abrirá una nueva edición de Fiesta Celestial, también pondrá en escena tres décadas de un festival vallenato cristiano que ha crecido en paralelo a la expansión del góspel caribeño en la región.
La versión 30 del festival reunirá conciertos, concursos y delegaciones de distintas regiones, con 18 canciones inéditas en competencia tras una convocatoria que recibió 27 propuestas.
¿Cómo inició Fiesta Celestial?
La historia comienza lejos de las grandes tarimas: en diciembre de 1996, en el parque El Viajero, se dio la serenata que marcaría el origen de todo. Ese primer encuentro, impulsado por el pastor Ángel Flórez León y su esposa Damarys Oñate en una ciudad reconocida por su tradición folclórica, reunió a músicos vallenatos con un propósito religioso. La participación de Los Hijos del Rey en esa jornada inicial consolidó una idea que pronto dejaría de ser un evento aislado.
A finales de los noventa, la iniciativa se trasladó a escenarios cerrados como el Tropicana Club. Allí se definió el formato que hoy se mantiene: concursos de agrupaciones, canción inédita y piqueria con contenido cristiano, una estructura que permitió organizar el crecimiento del evento. En pocos años, el festival dejó de ser una reunión local para atraer participantes de otros departamentos.
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La alternativa cristiana al Festival de la Leyenda Vallenata
El paso a la década del 2000 marcó la expansión. La llegada de artistas invitados y la inclusión de nuevas categorías ampliaron el alcance del certamen, que coincidió en calendario con el Festival de la Leyenda Vallenata, posicionándose como una alternativa dentro de la agenda cultural de Valledupar. Para 2006, en su décima edición, el festival adoptó el lema “La fiesta más bonita”, acompañado de una canción insignia que reforzó su identidad.
Con el tiempo, los escenarios también cambiaron. El Patinódromo Elías Ochoa Daza se convirtió en uno de los puntos clave durante varias versiones, allí la asistencia creció hasta reunir a miles de personas en jornadas continuas de música y competencia. En paralelo, surgieron nuevas generaciones de intérpretes que encontraron en el festival una plataforma de proyección.
Entre 2010 y 2015, el evento consolidó su modelo. La participación de agrupaciones emergentes y figuras del vallenato tradicional permitió un cruce de estilos, mientras que los concursos de canción inédita fortalecieron la creación de repertorio góspel. Durante esos años, el festival también comenzó a recibir delegaciones internacionales, especialmente de países como Venezuela y México.
La muerte del pastor Flórez en 2021, debido a un accidente cerebrovascular, marcó un punto de inflexión. Sin embargo, la organización continuó bajo la dirección del Centro Evangelístico Jesús es el Señor (Cejes). La permanencia del festival tras ese momento evidenció la consolidación de una estructura que trasciende a su creador, manteniendo su realización anual y su esquema competitivo.
En la edición de 2026, ese recorrido vuelve a hacerse visible. La programación incluye artistas consolidados y nuevos nombres como Dagoberto el ‘Negrito’ Osorio, Los Hijos del Rey, Zero Música, Juan Carlos Ramírez, Grace Band y Andrés Martínez. Además, en versiones anteriores también participó Héctor Zuleta, hijo del legendario Poncho Zuleta, lo que también refleja la conexión entre dinastías del vallenato y las expresiones contemporáneas del género cristiano.
Así, cada edición funciona como una pieza de una historia mayor. De una serenata en 1996 a un evento que convoca a miles de asistentes, Fiesta Celestial ha construido una narrativa propia dentro del panorama musical colombiano, en la que el acordeón, la composición inédita y la competencia siguen siendo los ejes que sostienen su continuidad en Valledupar.
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