"Yo no soy periodista. Ni soy su comadre. Ni soy la oficina de prensa de la Fiscalía"

Carolina Sanín responde desde su estado de Facebook a la columna donde cuestionan su silencio sobre la muerte de Yuliana Samboní

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diciembre 12, 2016

Van tres personas que me piden que "diga algo" sobre el secuestro, violación e infanticidio de la semana pasada. Que se "extraña" de que yo no me haya "pronunciado", dice una. A ver. No todo en la vida es comentable. ¿Qué es lo que quieren exactamente? ¿Que les atice el morbo, que les cebe el resentimiento, o qué? ¿De verdad hay que decir que un acto y una situación como esa le produce a uno estupor y el más profundo rechazo? ¿Tan adictos son a los comentarios y las opiniones que hay que opinarles obviedades, comentarles todo y digerírselo para que les salga en el Facebook y queden contentos, sintiéndose acompañados con la opinión del día repetida enemil veces? No, señoras. Yo no soy periodista. Ni soy su comadre. Ni soy la oficina de prensa de la Fiscalía.

Yo comento cuando efectivamente tengo un comentario, una observación que nadie más ha hecho y que puede complementar unos hechos y dar luz para entenderlos. Escribo cuando tengo algo esclarecedor, gracioso o poético (o que a mí me lo parece, en todo caso) para decir. Escribo cuando me doy cuenta de algo. Y en este caso no he tenido nada nuevo que decir, así que soy capaz de callarme, de mirar en el corazón qué siento, de buscar mi caridad y mi compasión, si es que las tengo, de sentir dolor y de no decir nada si no encuentro nada que sirva para comprender. Aunque ¿saben qué? Ahora que me apuran, sí tengo algo que decir: dejen de manosear el nombre de la niña víctima, el nombre bello y esperanzado que se volvió nombre del horror secreto.

Hay algo terrible, autocomplaciente, sucio y sacrílego en la mención constante de un nombre que debería decirse solo con ternura y en silencio y en una casa, que debería ser solo de ella, de su recuerdo, de su pasado, y habría debido ser el de la vida que no pudo vivir y el de la mujer en la que no se pudo convertir. ¿Por qué no pueden decir "la niña" o "la víctima"? ¿No les parece un abuso adicional el de decir el nombre, como si a todos les fuera familiar, como si todos la hubieran bautizado, conocido y protegido? Sean serios, hombre, sepan proteger algo, no hay que convertir todo en un personaje, en un muñeco de cartón.

Sepan saber que no saben qué significa ese nombre y que no conocen la naturaleza infinita que él denominaba, sepan guardarlo para lo que debía haber sido y no para que la vida que fue con él llamada quede asociada para siempre solo con el horror, solo con el terror, solo con la atroz hora final. Entonces eso: callen el nombre. Salven el nombre. Y miren más bien su propia proclividad a abusar, a manipular, a tocar lo que no se toca.

Y en lo que a mí respecta, dejen de pedirme "opiniones" y dejen de exigirme que "comente" sobre lo incomentable. Si ustedes son frívolos y les parece bien, no me pidan frivolidad a mí y no me quieran manipular ni me exijan abusivamente nada, que yo no soy su espejo, que no les debo nada y no existo para hablarles sobre lo que quieren oír, ni para hacerles eco. Para el coro de grillos hay muchos otros columnistas-escritores. Conmigo sean serios y no pretendan zarandearme. Y busquen la inteligencia suficiente para entender que si uno no tiene nada que decir ante lo que no entiende y ante lo que lo abate terriblemente, entonces uno se calla si tiene honestidad.

Ah, y otra cosita: a la autora del estúpido artículo que piensa que por "solidaridad de clase" no he publicado mi "opinión" sobre el asesino Uribe Noguera, y se atreve infamemente a decir que eso puede deberse a que lo conozco, le respondo con una frivolidad pareja a la suya: a mí el infeliz Uribe Noguera, por lo poco que he visto en la prensa, me parece además un lobazo y muy mañé. Ni lo he visto jamás, ni sabía de su existencia, ni conozco su entorno, que tiene una pinta más bien frondia. No ando con gente de ese pelaje. Y no, no somos de la misma clase en ningún sentido.

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