Opinión

Y si la marihuana se aprobara como en USA

El secreto para solucionar el problema de las drogas: educar y legalizar

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enero 07, 2016
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Con sacrosantos aspavientos por parte de algunos y el beneplácito de otros, acaba de ser aprobado el decreto que regula la utilización de la marihuana con fines terapéuticos. Medida en absoluto original, pues en muchos países se consume desde hace años, por no decir siglos, con tales fines; por ejemplo en la India, la marihuana se encuentra en cada esquina como remedio para múltiples dolencias. Y no es que en Colombia no sea fácil adquirirla también en cada esquina. Solo que aquí el mecanismo es ilegal, tan peligroso que cobra vidas y da origen a una serie de actividades delictivas que se multiplican agravando la endémica inseguridad que nos agobia.

Al expedir el decreto, el gobierno se ve en la difícil obligación de crear una línea divisoria entre el consumo de drogas ilícitas, y los compromisos adquiridos con otros países en asuntos relacionados con el control de estupefacientes. Habrá que ver si logra establecer esas distinciones, creando así nuevas posibilidades de sanación para personas que sufren de diversas enfermedades, además de fuentes de interés para la investigación científica, e incentivos para el agro, el comercio  local, las exportaciones.

En este sentido los Estados Unidos, país que tan bien juega con la doble moral y que ha llenado sus arcas al enarbolar la política criminal de la lucha contra las drogas, nos lleva ventaja: pese a la advertencia de los efectos nocivos que trae consigo el uso excesivo de la marihuana que en tales casos afecta la memoria, la capacidad cognitiva, el juicio, el desarrollo de la materia blanca del cerebro en los adolescentes, la capacidad para resolver pequeños problemas de la vida cotidiana; pese a que se asegura que un porcentaje importante de las personas que comienzan a fumarla en la adolescencia se vuelven adictas, en ese país la hierba se consume de manera legal en varios estados, lo cual tiene todo el sentido del mundo, pues prohibir cada sustancia que usada de manera irresponsable haga daño, sería imposible. Suena a lugar común, y en realidad lo es, que el uso excesivo de casi cualquier alimento afecta la salud, desde las grasas, el azúcar, la sal, en estos últimos tiempos el vilipendiado gluten, los condimentos, los alimentos procesados, hasta el cigarrillo y el alcohol, ellos sí, armas mortales, pese a que el permiso para venderlos, comprarlos y consumirlos esté dado y que cualquiera pueda fumar hasta desarrollar un cáncer de pulmón o beber hasta adquirir una cirrosis, sin que se lo persiga por violar la ley.

Después de haber penalizado durante años el consumo de la marihuana, hoy en día los norteamericanos la cultivan y venden en estados como California, Oregon, Michigan, Nevada, Arizona, Washington, Colorado, en los llamados Dispensarios, legalmente calificados para el expendio de la hierba medicinal a pacientes que la necesitan, lugares que exhiben distintas variedades del cannabis con la habilidad que caracteriza el comercio en ese país, con nombres como Bruce Banner, Fuego, o Sueño Azul.

Los clientes son asesorados por expertos
que preguntan para qué ocasión la necesitan,
si para una reunión social, para oír un concierto, para un encuentro romántico…

Pero la cosa no para allí. Sin duda los gringos descubrieron hace tiempo dos cosas: que es mejor negocio cultivar y vender la marihuana en lugar de importarla y seguir manteniéndola ilegal, y que no es tan nociva como la han hecho parecer. Más aún, que consumida de manera educada y responsable no lo es en absoluto. Por eso, además de los dispensarios, existen hoy en algunos estados —práctica que seguramente se extenderá a la mayoría—, tiendas de venta de marihuana abiertas al público mayor de edad, gracias a la ley que permite a estos ciudadanos ejercer sus libertades civiles y adquirirla en variadas presentaciones. Allí se dan cita estudiantes, ejecutivos, profesores, amas de casa, secretarias, personas de las más diversas condiciones para adquirir su dosis
personal. Los asesoran expertos que preguntan para qué ocasión la necesitan, si para una reunión social, para oír un concierto, para relajarse después de una agotadora jornada de trabajo, para disfrutar mejor una cena, para un encuentro romántico. Aunque ya estas tiendas llevan meses, en algunos casos años abiertas al público, no se tienen noticias de un incremento de la adicción en relación con otros estados que prohíben el consumo. Tampoco de una epidemia de personas con daños cerebrales, con amnesia, con una total incapacidad para enfrentar la vida.

Esto, que podría servir de ejemplo, trae implícito el secreto para solucionar el problema de las drogas: educar y legalizar. Sin embargo, para llegar al día en el que el comercio de estupefacientes deje de ser una actividad criminal faltan años, si es que sucede. Los países consumidores saben muy bien que la mayor parte de las ganancias del comercio ilícito permanecen en sus bancos, así el número de muertos derivado de ello sea infinitamente mayor de lo que serían los casos de fallecimiento por abuso del consumo. Por el momento, lo que ocurre con la marihuana en los Estados Unidos no es más que una excepción y el tráfico ilegal de estupefacientes seguirá cobrando su cuota en vidas humanas. Lamentable, cuando las cosas podrían ser de otra manera.

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