Opinión

Y no se arrepienten

En Brasil, Lula corre a esconderse bajo las faldas de Dilma, y en nuestra tierra Samuel Moreno solo pregunta al fiscal “¿por qué me dio tan duro?”

Por:
marzo 18, 2016
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Parafraseando una frase de los Evangelios “Más fácil que entre un camello por el ojo de una aguja, que un político corrupto se arrepienta”. No se arrepienten, ni piden perdón, ni muestran vergüenza. Precisamente por eso es que se les conoce como Sin Vergüenzas.

Estamos presenciando desde lejos la crisis institucional de Brasil. El ex presidente Luis Ignacio Lula con una patica en la cárcel y la actual presidenta Dilma Rouseoff con el tacón en la puerta de la casa de gobierno, por desahucio o “impeachment” como le llaman allá. Y ninguno de los dos muestra el más mínimo arrepentimiento. Por el contrario posan de víctimas, de perseguidos políticos, de acosados por la justicia y la oposición. No interesa si recibieron plata directamente pero todo el esquema de corrupción denominado “mensalao” los benefició y como diría Sherlock Holmes para saber quién es el culpable hay que preguntarse a quién le servía el crimen.

Las pruebas son de todo tipo, desde testimonios, hasta notas en servilletas en las que aparece el nombre de la presidenta acompañada de números que significan millones de reales. Prácticamente toda la cúpula del partido de gobierno está en la cárcel, los amigos empresarios en la cárcel y los directivos de Petrobras en la cárcel. Pero Lula y Dilma siguen negando los hechos, no dan explicaciones y mucho menos se arrepienten de haber permitido que la corrupción los rodeara de tal manera que se desestabilizó el proyecto de izquierda más importante de América Latina.

En vez de sentir vergüenza, Lula se muestra rabioso y arma una estrategia para garantizarse Foro especial y librarse de las garras del juez que investiga todo lo relacionado con su gobierno.

Los corruptos son iguales aquí y en Cafarnaúm,
todos hacen cuentas del  tiempo a pagar si los pillan,
o los años de vivir por fuera,
para volver a gozar el dinero mal habido

Aquí en nuestra tierra, tampoco los corruptos de arrepienten. Samuel Moreno, lo único que tuvo para decir después de ser condenado fue un reclamo al fiscal del caso. “¿Por qué me dio tan duro?” le reprochó cínicamente. Pues porque saqueó a Bogotá y debería aceptar su culpa sin ninguna consideración. Pero no, los corruptos son iguales aquí y en Cafarnaúm, todos hacen cuentas de cuánto tiempo tendrían que pagar si los pillan, o cuantos años tendrían que vivir por fuera, para salir o regresar después a disfrutar de ese dinero mal habido.

En la Florida hay varios. A uno famoso de Cali, Alvaro José Lloreda, me lo topé de frente en Miami en un flamante Mercedes descapotable. Un ligero bronceado deja ver su afición por los deportes y su apartamento frente al mar le garantiza una linda estadía lejos de la justicia. Tampoco muestra el más mínimo símbolo de arrepentimiento.

El mundo tendría que cambiar mucho para exigirles a los Lulas y a todos los presidentes compra conciencias, o compra votos, o a los empresarios como Odebrecht y Lloreda que entreguen sus bienes si quieren salir algún día de la cárcel o regresar al país. Mientras eso no pase y los cálculos sean favorables a los ladrones, seguirán existiendo los que se lucran de lo que nos pertenece a todos.

En Brasil la gente está rebotada y la huida de Lula a esconderse bajo las faldas de su sucesora y cómplice puede que no le dé resultado. Casi dos millones de personas salieron a las calles el domingo 13 a exigir prisión para Lula y destitución para Dilma. Ambos creen que podrán aguantar el ventarrón refugiados en el palacio de Planalto en Brasilia. Pero tengo el pálpito que esto lo que va es a provocar más y más indignación y de pronto los sacan, pero a las malas. Tal vez así los corruptos vayan aprendiendo la lección y dejen esa cara de víctimas que no convence a nadie.

www.margaritalondono.com
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