¿Volverá Andrés Felipe Arias a la Escuela de Caballería, donde estuvo detenido dos años?

El exministro, que inevitablemente regresará al país a pagar la condena de 17 años, estuvo entre 2011 y 2013 en la habitación 102. Es una de las mejores opciones de reclusión

Por:
Julio 11, 2019
¿Volverá Andrés Felipe Arias a la Escuela de Caballería, donde estuvo detenido dos años?

Lo que había comenzado en el 2009 como un escándalo de corrupción al interior del Ministerio de Agricultura, terminó con Andrés Felipe Arias en la cárcel. El 26 de julio de 2011 el exministro escuchó atentamente el fallo del magistrado Orlando Fierro, del Tribunal Superior de Bogotá, donde le daba la razón a la Fiscalía de Viviane Morales y ordenaba detener a Arias, quien iba a ser inicialmente enviado a la cárcel La Picota. El mundo se le derrumbó a Arias, quien veinte días antes estaba celebrando el nacimiento de su segundo hijo. La defensa del exministro pidió que no fuera enviado al Patio Ere Sur de la Picota por cuestiones de seguridad y Arias terminó en la Escuela de Caballería del Cantón Norte, a donde solo llegan los presos más importantes del país.

A una habitación de tres por tres metros fue trasladado en su momento el exministro. Las paredes blancas y la ventana con vista a los cerros orientales tendrían que ayudar para que no perdiera la cabeza mientras estaba detenido.

Y es que Arias tenía que recibir un trato especial por el rol que había tenido en el gobierno Uribe, el mismo que había empujado a Juan Manuel Santos a la presidencia y quien le ofreció la embajada en Chile. Con una cama de 1.40 cm de ancho con tendidos verdes y blancos, un baño privado y un televisor de 15 pulgadas Arias pasaría los dos siguientes años de su vida.

Su mejor aliado fue el director del Inpec el general Gustavo Adolfo Ricaurte, quien le permitió ingresar un computador para dedicarse a preparar su defensa. Ricaurte fue el mismo que hizo la solicitud de enviar a Arias a la Escuela de Caballería, y fue el primero en avalarle las visitas y permisos que Arias pidió. De 8 a 4 de la tarde, entre viernes y lunes.

En la habitación 102 de una de las casas de la Escuela de Caballería el exministro de Agricultura mantuvo una agitada agenda. La antesala de su habitación le sirvió para recibir a las figuras más importantes de la política. Y el primero no podía ser otro que el expresidente Uribe, quien llegó el 31 de julio hasta la Escuela ubicada al norte de Bogotá.

Arias podía moverse con total libertad por el centro militar, e incluso tenía permiso para acceder a las canchas de tenis. El exministro, como ha sucedido con otros presos de alto calibre, renunció a la alimentación que le brindaba el Inpec. Decidió asumir los gastos de todas las comidas que consumía del casino de la Escuela.

Arias estuvo dos años detenido en la Escuela de Caballería, y en la noche del 14 de junio de 2013, recobró la libertad por orden del Tribunal Superior de Bogotá a quien le rogó dejarlo defenderse junto a su familia, aunque su investigación permaneció vigente. Arias adelantó toda su defensa en el año siguiente, pero cuando se vio otra vez entre las rejas, decidió viajar hacia los Estados Unidos buscando asilo político en junio de 2014. Mientras la magistrada de la Corte Suprema María del Rosario González leía la sentencia contra el exministro, este salió del país, un periplo que parece terminar con su regreso extraditado y ad portas de volver a la Escuela de Caballería para pagar 17 años de cárcel.

-Publicidad-
0
5166
Los comentarios son realizados por los usuarios del portal y no representan la opinión ni el pensamiento de Las2Orillas.CO
Lo invitamos a leer y a debatir de forma respetuosa.
-
comments powered by Disqus
El súper abogado Markus no pudo evitar la extradición de Arias

El súper abogado Markus no pudo evitar la extradición de Arias

Nota Ciudadana
¿A quién queréis?, ¿a Arias o a Santrich?

¿A quién queréis?, ¿a Arias o a Santrich?

Nota Ciudadana
Un monumento a Álvaro Uribe Vélez

Un monumento a Álvaro Uribe Vélez

Nota Ciudadana
El decálogo del buen uribista

El decálogo del buen uribista