¿Vienen para Semana estas formas de tratamiento a las noticias y a las personas?

Una reflexión a propósito del bochornoso episodio entre Vicky Dávila y Hassan Nassar, y el nuevo rumbo de la tradicional revista colombiana

Por: John Jairo León Muñoz
noviembre 20, 2020
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¿Vienen para Semana estas formas de tratamiento a las noticias y a las personas?

El día 11 de febrero del 2020, la conductora del programa Semana en Vivo, Vicky Dávila, tenía como invitado a Hassan Nassar, el consejero de comunicaciones del presidente Iván Duque Márquez. La intención de la entrevista era conocer la postura oficial sobre el uso del avión presidencial para los intereses particulares de la esposa del presidente de turno, quien se desplazó con sus hijas, amigos y amigas (de las hijas) y adultos acompañantes a Panaca, un centro de recreación en Armenia, Quindío.

La conductora empezó preguntándole: “¿Por qué las mamás y los padres de familia que fueron con los compañeritos de los niños no pagaron su avión por fuera?, ¿por qué se fueron en el avión asignado a la presidencia?”. Hassan respondió: “Vicky, es una excelente pregunta” (estrategia adulativa para quitarle fuerza al oponente, hace uso de la primera falacia ad populum, definida por Anthony Weston como: “Apelar a las emociones de una multitud. También, apelar a una persona que 'se comporta' como la multitud”). Entre líneas, nos quiso decir: que buena periodista eres Vicky y haces las preguntas que tu audiencia, la que te quiere, haría.

Así pues, Hassan continuó contestado y contrapreguntándole a Vicky, allí se olvidó de que ella era la periodista. Después, haciendo uso de la mayéutica, por medio del ejemplo y de la generalidad, planteó el siguiente falso dilema: “Usted, Vicky, como periodista ha tenido acompañamiento de la Unidad Nacional de Protección, y en el vehículo blindado que le asignan, usted ha estado con su hijo, y si se presenta el caso de invitar a un amigo de su hijo a comer helado, usted lo monta es ese vehículo y van juntos a comer”. Frente al falso dilema, Vicky contesta que sí, que claro, que lo ha hecho. Acepta el ejemplo y le responde que él (Hassan) es un amigo, intentando quitarle fuerza a quien después se convirtió en oponente. Hasta aquí era un entrevistado y un aliado del mismo periodismo que ella a lo largo de estos años ha hecho. Y siente que con ese ejemplo de Hassan la ha logrado intimidar, porque ha develado uno de sus comportamientos con el poder, ese mismo que hoy le crítica a su compañero.

En un momento del encuentro, Hassan revela que la periodista Vicky Dávila ha sido en otros gobiernos pasajera del avión presidencial junto con su esposo, y que alguna vez viajaron internacionalmente a la canonización de la Madre Laura. Se indigna el entrevistado por la noticia (sobre el uso del avión por parte de la primera dama) que revelaron muchos periodistas y que en el pasado han sido invitados a viajar en el avión presidencial, acusándolos de periodistas hipócritas.

Hasta este momento de la entrevista, los espectadores no han conocido argumentos serios sobre el uso que se le ha dado al avión presidencial por parte de la esposa del presidente. Aquí lo que ha hecho Hassan es usar lo que Weston define de ad hominem: “Atacar a la persona de la autoridad alegada, en vez de atacar sus cualificaciones”. Esa falacia la hace tragar saliva a Vicky, le hace subir la voz, se reacomoda en su asiento, respira agitadamente, pues estaba acostumbrada que entre uribistas y gobiernistas se taparan sus “mermeladas” y no se revelaran las almendras que reciben del poder.

El hecho desencadena una serie de insultos por parte de la periodista, la que ha caído en el juego de Hassan, de atacar al contrario en lugar del argumento. Aquí Vicky se defiende usando una falacia, a lo que Weston denomina atacar la fuente: “Usar lenguaje emotivo para menospreciar un argumento”. Se despacha: “la hipocresía es suya, que pone unos trinos en los cuales usted crítica y hoy es jefe de prensa de la casa presidencial”. Y continúa: “usted no ha hecho sino quejarse de todos los que lo han pordebajeado, Hassan”, “lambericas del uribismo, para luego llegar al palacio presidencial”, “doble moral la suya, usted lo único que ha hecho es opinar para llegar allá a palacio”, “fui yo quien lo llevó a la FM”, “usted es un inepto”, “debe darle vergüenza al presidente de la república tener un jefe de prensa como usted”, “usted es un patán”, “usted no es periodista”, “usted es una vergüenza para el periodismo”, “usted es un lagarto”, “un tipo vergonzoso”, “fracasado”, “cobarde”, “inepto”, “tipejo peludo”, “¿qué gobierno serio puede tener a esta cosa?”, “tarzán”, “incapaz”, “bárbaro”, “irrespetuoso”, “badulaque”, “payaso”, “indecente”, “Archivaldo”.

La periodista, después, de cerca de trece minutos de discusión, se ve bastante alterada. El tono de voz devela su malestar, pues ha caído en la trampa de “Archivaldo”, quien usa esa figura argumentativa de no contestar la pregunta puntual que plantea la entrevista, sino, por el contrario, se va al ataque personal. Y aquí entonces el consejero de comunicaciones de la presidencia de Colombia ha logrado lo impensable y es convertir en noticia a la periodista Vicky Dávila, y la ha pasado al lugar de entrevistada, ha sembrado dudas sobre su accionar y sobre su comportamiento ético y moral con el poder. Además, Hassan intimida a la periodista con unos papeles que sostiene en su mano y que son la lista de los nombres de periodistas que, así mismo como critican, han aceptado favores del estado. Él amenaza con develarla.

La noticia se vuelve tendencia a nivel nacional y en Twitter, da insumos para compartir y crear miles de memes. En ese instante, ya nadie habló más del uso que se le dio al avión presidencial por parte de la esposa del presidente, sino de la despachada de Vicky contra Hassan. O Hassan es un genio para hacerle olvidar a los colombianos de sus realidades al desviar la atención y poner en tela de juicio el periodismo adulador, el que él mismo representó hace unos meses, o es un imbécil que sin olfato y sin una estrategia solidificada terminó cumpliendo un objetivo: que los colombianos olvidaran los hechos que lo llevaron a él al programa de Vicky, para que nos contara qué hacían los invitados a una fiesta en el avión presidencial. O quizás ambos (Hassan y Vicky) son tremendos actorazos y se dijeron estos dos uribistas derechistas, antes de empezar el programa: veámonos al medio día y armemos el zafarrancho para que la gente no hable más de Duque.

Lo preocupante es pensar que lo que hizo Hassan en el programa de Vicky es una estrategia de comunicación seria y que la hace consiente para no responder a los problemas que vinculan directamente al presidente, y que este tipo de defensas las va a seguir realizando. Si es así, su estrategia es el ataque, no atacar el argumento, sino la persona, que en últimas es lo que ha venido haciendo el uribismo a lo largo de este periodo que cumplirá 20 años cuando termine su mandato Duque. Es decir, Hassan es fiel a las hienas. Lo preocupante aquí, también, que deja esta clase de programas, que desnuda un poco la falta de rigor periodístico de su formato, es que el periodismo sigue siendo una herramienta de divulgación, una oficina de relaciones públicas, de palmaditas y de abrazos, de regalos de carros y de regalos de viajes.

El periodismo aquí es inmediatista, no cuestiona a profundidad, no hace daños. Y así entre falsos periodistas, entre pataletas y salidas de tono al aire, entre gritos e insultos, entre falacias, se vuelve a justificar que el avión despegue con las hijas del presidente y en el futuro se vayan a Disneylandia o a las islas Fiji. Y como usted periodista de la W, de Blue radio, de CM&, de RCN, del Tiempo, del Colombiano, también montó en este avión, pues quédese callado o quiere que le saquen sus trapitos al sol y se le puede hacer al aire, en vivo y en directo… o qué.

Y así entre escándalos que se vuelven tendencia, entre falso periodismo, se vuelve a encontrar la manera de desviar la acusación de las bodeguitas del uribismo, de la presunta colaboración de Uribe para los cargamentos de droga del Chapo Guzmán, de la reforma a la justicia, la reforma a las pensiones, de los homicidas de Dilan Cruz, de la marihuana encontrada en la casa del embajador de Uruguay, del informe de derechos humanos de la ONU sobre la muerte sistemática de líderes comunitarios, del empleo por horas para ingenieros, médicos y demás profesionales. El periodismo en Colombia es un chiste, preocupa que uno se ría de ese mal chiste. Y las comunicaciones de la presidencia son una burla a los ciudadanos, preocupa que se legalice la burla como respuesta oficial de un consejero de comunicación y no se enfrente seriamente los problemas desde el argumento, sino desde la tergiversación.

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