VIDEO: El recreo de Jesús Santrich, el duro de las Farc

Hasta último momento y durante los 4 años de negociación el comandante Sucreño no baja la guardia, firme en sus convicciones, solo reposa con el saxo

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agosto 24, 2016
VIDEO: El recreo de Jesús Santrich, el duro de las Farc

Las posiciones radicales de Jesús Santrich, el comandante sucreño de las Farc y uno de los jefes del Bloque Caribe que lo volvieron desde el día uno de las negociaciones el hueso duro de roer, solo dan tregua cuando coge el saxofón. La música es una de sus formas de conectarse emocionalmente con el mundo; ha ido perdiendo progresivamente la vista al punto de necesitar apoyarse en un lazarillo para desplazarse.

Una persona es Jesús Santrich discutiendo con la convicción que lo llevó a ingresar a las Farc cuando tenía 21 años y de las que no se ha apartado un milímetro y otra es Seusis Pausivas Hernández el campesino crecido en las sabanas de Sucre cuando toma el saxofón, como se lo hizo con el periodista Jorge Enrique Botero cuando las conversaciones de paz apenas comenzaban.

Jorge Enrique Botero habló en ese momento con Santrich sobre el ser humano detrás del férreo militante de las Farc.

¿Cómo fue que usted se quedó ciego?

Eso fue como cuando cae la tarde: lentamente. Como en el ocaso, que las cosas se van alejando entre la penumbra. A los 14 años yo no veía muy bien y tuve que usar lentes, pero cuando ya estaba en la universidad se me fue cerrando el campo visual en los dos ojos. Hasta que hace unos seis años el ojo derecho se me apagó totalmente. En ese momento traté de hacerme algún tratamiento, que siempre había aplazado pues mis responsabilidades en la guerrilla eran la prioridad. Aplacé muchos años un tratamiento y cuando tuve la posibilidad de hacerme chequeos, se detectó que tenía glaucoma; pero ese no era el peor problema: tengo un síndrome de origen genético que se llama síndrome de Leber, que afecta los nervios ópticos. Hoy tengo apagados casi totalmente los dos ojos. En el izquierdo tengo un punto de luz, pero no tengo imagen.

¿Y cómo es ser ciego en el mundo guerrillero? las selvas, las montañas…

No puedo decir que sea fácil, pero el ser humano tiene el reto de adaptarse a las circunstancias y pienso que de esta gran pérdida nacieron muchas cosas dentro de mí: se fue la vista y aparecieron otras posibilidades. No solamente se ve con los ojos, hay que tener sensibilidad, hay que observar con los ojos del alma. Hay que poner en acción todos los sentidos, que generalmente tenemos subutilizados.

Mientras iba perdiendo la vista, pensó alguna vez “hasta aquí llegué, me tocó retirarme”.

No, nunca. ¡Jamás! Y creo que esa idea no ha pasado por mi mente puesto que mi ceguera no se produjo abruptamente. En la medida en que esto ha sido como un día en el que van pasando las horas y se va metiendo la tarde hasta que llega la noche, yo fui adquiriendo ciertas habilidades. Además, los guerrilleros casi siempre caminamos de noche y sin linterna, así que ya había una cierta adaptación a la oscuridad. Pero lo más grande ha sido la solidaridad de los compañeros; yo siempre tengo a alguien que está al frente mío, llevándome, guiándome, en todo momento, en cualquier circunstancia. Todo ello ha resuelto las dificultades, así que jamás he pensado que esta limitación me hará abandonar una lucha tan grandiosa, con propósitos tan sublimes como el de lograr la justicia social para nuestro pueblo.

Desde los sentidos agudos que ha desarrollado, ¿logra percibir diferencias de actitud o de ánimo entre la delegación del gobierno?

La verdad es que el oído se afina mucho, por necesidad aunque también por placer: a mí me gusta mucho escuchar música, oír los sonidos del bosque, la diferencia del canto de los pájaros, el ruido de la quebrada. Uno aprende a percibir sutilezas y en la entonación, en la vehemencia, en la dicción hay muchos mensajes que yo logro percibir. Cuando uno u otro delegado del gobierno habla del mismo tema, alcanzo a detectar diferencias. Pero, no le voy a negar, yo me ayudo siempre de Alexandra (la holandesa), quien constantemente me está describiendo los gestos, las formas en que se mueven las manos; cuando salen las gotas de sudor, cuando hay expresiones gestuales muy notorias… y eso ayuda mucho.

¿Cuál de los sentidos debe aguzar más el gobierno para sacar adelante estos diálogos?

Debe aguzarlos todos, pero especialmente debe abrir los brazos del alma para sentir los sufrimientos que padecen las mayorías de los colombianos. Un país con tantas riquezas no puede permitirse que 30 millones de sus ciudadanos estén en la pobreza y que de esos treinta millones, alrededor  de 10 millones vivan en situación de indigencia.

Volviendo a su vida personal: músico, poeta, escultor, pintor. ¿De dónde viene toda esa vena artística?

Mi madre canta. Perteneció a una coral cuando estudiaba en su tierra natal, en el departamento de Nariño. También pinta. Varios de mis tíos tocan instrumentos musicales. Así que ése ambiente, donde siempre hubo literatura, música y pintura, ayudó mucho a nuestra formación. Mi hermano mayor, que fue asesinado, era músico y pintor. Creo que si no estuviéramos en guerra, seríamos pintores o cantantes; o estaríamos declamando, que es más bonito que estar disparando

¿Con cuál de las artes se siente más a gusto?

Con la pintura, que es con la que tengo más limitaciones. Pero he inventado un método para poder sacar las ideas que nacen del corazón (ver video).

¿Un escritor?

Joyce.

¿Un pieza musical por excelencia?

La Novena Sinfonía de Beethoven.

¿Un pintor?

Rembrandt.

¿Algún poeta?

Quiero mucho la poesía de Jorge Artel. Tengo un sentimiento especial por este poeta cartagenero nacido a comienzos del siglo XX. Pero también me estremece un poema de Lenin que se llama Año de Huracanes, y dice: Fue un año de huracanes/el país quedó cubierto de nubes que descargaban truenos y granizos sobre las aldeas/ los truenos abrían profundas heridas en los campos/ y las tinieblas nocturnas/ desiertas de estrellas/ se iluminaban con el fulgor de los incendios…

¿Llegará la luz de la paz?

La luz de la paz está en el corazón de cada uno de los colombianos, lo que pasa es que está un poco opaca; hay que encenderla con la fuerza de la voluntad y de la esperanza. Hay que ponerle fe a este proceso y la mejor manera de atizar el fuego de la paz es que se permita la participación ciudadana. Que no le pongamos líneas rojas a la decisión popular, que es la que más luz puede darle a esta oscura noche de la guerra.

* Texto construido con base a entrevista publicada en Las2Orillas el 7 de julio de 2013

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