Opinión

Verdaderos negativos

Desde la comodidad de un trino o una bala digital en redes sociales, hay un mundo de distancia con el país real, cansado de la guerra intestina de las bacrim, disidencias farianas, elenos

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junio 01, 2019
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Verdaderos negativos
Las hordas de asesinos reales hacen su cacería –pero no a punta de trinos sino de tiros- para matar cualquier paz por muy imperfecta que sea.

Las hordas digitales en esta sociedad líquida que nos moja sin pedir permiso viven sus pasiones desenfrenadas por decapitar a cuanta María Antonieta se aparezca.

Las hordas de asesinos reales en este país de odios precolombinos y venganzas criollas, también hacen su cacería –pero no a punta de trinos sino de tiros- sin tregua para matar cualquier paz por muy imperfecta que ésta sea.

De tal manera que tantos los mundos de las redes sociales como de la calle real (calle luna y calle sol) se encuentran en las mutuas desgracias que la impaciente guerra impone y la invisibilidad adrede de un conflicto armado que se niega a cansarse.

Desde la comodidad de un trino o una bala digital que se dispara en las redes sociales, hay un mundo de distancia con el país real y demacrado, ojeroso y cansado de la guerra intestina al que los expone las bacrim, las disidencias farianas, los elenos y otras hierbas: un descaro de los primeros al sobrecogerse en una falsa emoción o consternación digital cuando ocurren las barbaries de los que perpetúan la guerra a los segundos (los colombianos de a pie del país profundo y rural por ejemplo).

No hay derecho.

Seguirnos matándonos parece ser lo teatral y trágico en este país de oráculos infalibles.

Existen unas dinámicas macabras que no se borran con ninguna distracción momentánea que ponen a rodar los dueños de la verdad (posverdad) y que pocos nos enteramos de lo que sube piernas arriba:

El país de avisos de neón y de mercancías de TLC en centros comerciales le lleva más de un siglo de distancia al país selvático y bucólico.

La desigualdad urbana y rural es patética en los rostros de los niños y niñas que son malnutridos con programas de alimentación escolar devorados por la corrupción en los departamentos.

La solidaridad de las declaraciones a favor y en defensa de los líderes sociales es una escueta frase desde la distancia y la comodidad de quienes tienen acceso a los medios y a las redes digitales.

Hay una juventud (de NINIS que ni estudian ni trabajan) sin esperanza en un proyecto de país o de región que los contenga y los incluya, pero en cambio la voracidad del microtráfico que los entretiene y las familias disfuncionales que los expulsan, hacen un coctel atractivo para el caos y la exclusión social.

Un Estado -con todas sus estructuras completas- que cada día es más repulsivo e ilegitimo y que cobra fuerza en el posicionamiento de los imaginarios de los radicales de cualquier pelambre y que pocas opciones de cambio brinda a los que aún guardan leves esperanzas en que se puede salir de la crisis social que está haciendo metástasis por todos lados.

Unas fuerzas políticas no en función de los contrapesos lógicos de cualquier democracia, sino en la quema del incienso de sus intereses mezquinos y filibusteros. La calle es una selva de cemento.

Coda: el reloj macabro del conteo regresivo contra los líderes sociales sigue imparable, entre el 1 de enero de 2018 y el 30 de abril de 2019, han sido asesinados 317 líderes sociales. El reloj macabro sigue…

 

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