Vargas Lleras y Uribe listos a enterrar los odios del pasado para atravesársele a lo que huela a Farc

La dura pugna que sostuvieron desde el 2010 cuando Vargas impidió la tercera reelección de Uribe puede transformarse en una nueva alianza para la Presidencia del 2018

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octubre 18, 2017
Vargas Lleras y Uribe listos a enterrar los odios del pasado para atravesársele a lo que huela a Farc

El divorcio de Germán Vargas Lleras con el Partido Liberal con el que había llegado al senado desde 1998 fue precisamente por cuenta de Álvaro Uribe Vélez. Decidió acompañarlo en su audaz candidatura presidencial cuando no marcaba ni un 5% en las encuestas. Los unía su crítica al proceso de paz del Caguan, del que Germán Vargas había sido un crítico implacable en el Congreso. Es decir, su oposición visceral al Presidente Andrés Pastrana y cualquier camino de negociación con las Farc frente a la que proponían mano dura.  Vargas Lleras constituyó junto con Juan Lozano, el Movimiento Colombia Siempre con el que llegó al Senado en el 2002.

La apuesta resultó y Álvaro Uribe resultó Presidente con más de 5 millones de votos. Un año de quiebre político en su vida pero también en lo personal. Sufrió un accidente buceando en la isla de San Martín que lo mandó un mes al hospital y pudo reconstruir su rostro gracias a una intervención con placas de platino que aún conserva. Tuvo pocos meses después otra crisis de salud, esta vez hepática y para cerrar el año, el 13 de diciembre, lo esperó un libro-bomba en su oficina del congreso. La explosión le destruyó la mano; perdió una de las falanges de la mano derecha. El atentado lo radicalizó y lo acercó aún más a Uribe.

Vargas se decidió apoyar el gobierno de Uribe desde una nueva colectividad: Cambio Radical, que había sido fundado en 1998 para apoyar la candidatura de Andrés Pastrana contra Horacio Serpa. Al año siguiente ya era el presidente del partido y desde esa posición se aplicó a fondo para asegurar la reelección de Álvaro Uribe, para lo cual se requirió tramitar una reforma constitucional en el Congreso. Vargas Lleras repitió Congreso con una abultada votación de 223.000 sufragios.

Pronto el Presidente Uribe dejó ver su intención de aspirar a un tercer período, proyecto que empezó a darle forma de la mano de su ministro del interior Sabas Pretelt de la Vega. El senador Vargas Lleras no escondió sus reparos y la cercanía de otros tiempos fue tomando visos de enemistad. Así como se la había jugado para sacar la reelección cuatro años antes ahora haría todo para obstaculizarlo. Vargas no pensaba sacrificar su propia ambición personal: llegar al Palacio de Nariño.

Apareció en escena su alfil principal: Germán Varón Cotrino, entonces Presidente de la Cámara por donde debía comenzar el trámite legislativo, quien lograr los votos para frustrar el tercer mandato de Uribe Vélez. Y lo consiguió. Su tarea ahora era trabajar en causa propia: la suya.

Compitió para la Presidencia del 2010 con el ungido por Uribe, el ex ministro de defensa Juan Manuel Santos a quien terminó apoyando para la segunda vuelta. Una alianza que cosechó desde el primer día del mandato de Santos: ministerio del Interior, de Vivienda y la Vicepresidencia en el segundo mandato. Su socio era a su vez el mayor contradictor del presidente Uribe, y junto emprendieron la defensa de causas comunes como la negociación de paz con la guerrilla de las Farc. Nada pudo irritar más a Uribe quien revivió viejas heridas, y ya entronizado en el Twitter hizo de los trinos su nuevo medio de ataque público contra el vicepresidente.

El rol de Vargas Lleras, como Ministro de Vivienda, en la organización en junio de 2014 en el Palacio de Miraflores de Caracas bajo el amparo del Presidente Nicolás Maduro, a la que asistiría el comandante de las Farc Timoleón Jiménez enfureció al expresidente. El combate de trinos no se hizo esperar.

El expresidente no se limitó a las redes sociales y recurrió a los micrófonos radiales para atacar al antiguo aliado al que en algún momento le debió mucho para gobernar e incluso repetir período. En la emisora Blu Radio lo tildó de “hombre de doble moral”, un “engaño para el país”, un “ambicioso que no tiene límites morales” y hasta llegó a decirle que era un “clientelista de cuello blanco”.

A un año de concluir el gobierno Santos y en el escenario de las elecciones del 2018 parece que las aguas vuelven a confluir al redor de lo mismo que los unió hace 15 años: el rechazo a la guerrilla y a su presencia política en el país, que nuevamente los puede llevar lejos. Los agrios momentos pueden quedar enterrados en el pasado si se trata de atravesársele a cualquier cosa que huela a Farc.

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