Vargas Lleras y los grandes errores de su campaña electoral

Es notorio el paralelo entre el candidato y Laureano Gómez en las elecciones de 1946: un político polémico, cuya participación sirve para que sus contendores se unan

Por: Felipe Castilla Segura
marzo 08, 2018
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Vargas Lleras y los grandes errores de su campaña electoral
Foto: Twitter @German_Vargas

Se ha dicho que la estrategia electoral de Vargas Lleras le falló, pero eso es completamente falso: el candidato nunca ha tenido ninguna estrategia, solo se ha dedicado a hacer actividades electorales de manera deshilvanada, lo que ha empeorado fuertemente su imagen ante los electores.

A finales de diciembre de 2016, en el momento que el país se escandalizaba por la sorpresiva venta de Isagen, otro asunto se robó las primeras planas: el video del coscorrón que le propinó el entonces vicepresidente a uno de sus escoltas. Ese día y ese momento fueron la cuota inicial de la debacle en la campaña presidencial de este candidato.

El coscorrón era un asunto muy complicado para cualquier relacionista público, pero parece ser que Vargas Lleras no tiene un asesor o no le hace caso: el vice se contentó con montar una forzada escena de disculpas, donde era evidente que el intendente de la Policía (víctima del golpe) estaba obligado a seguir órdenes. Entonces las disculpas fueron como echarle sal a la herida.

Inmediatamente después de ese bochornoso incidente las grandes incógnitas eran: qué hará el futuro candidato a la presidencia para conjurar ese insuceso, qué estrategias utilizaría para limpiarse su imagen de jefe déspota y abusivo, cómo lograría voltear el asunto a su favor. Uno se podía imaginar a Vargas Lleras haciendo mofa de su capacidad de darle coscorrones a la corrupción o regalando cascos durante su campaña… todas las opciones estaban abiertas y solo había que buscar la formula correcta.

Pasaron 15 meses y Vargas Lleras no hizo nada diferente que tratar de enterrar el asunto: esa era la peor de las opciones porque ese escándalo era materia prima ideal para sus contrincantes. No falta nombrar las instancias en las que el coscorrón ha sido usado contra Vargas Lleras.

Pero ese escándalo solo fue la cuota inicial de la debacle vargasllerista: el candidato parece estar asesorado por el mismísimo Enrique Peñalosa, quien le ha enseñado a usar los medios para amplificar la audiencia de sus salidas en falso.

No se sabe quién le dio la orden a quien, pero Caracol Noticias sorprendió una noche de domingo con una inesperada entrevista a Vargas Lleras: lo primero era que el asunto de la inequidad con los demás candidatos, dado que no se anunció una serie de entrevistas y parecía que el canal tenía una deferencia demasiado especial con Vargas Lleras.

La entrevista en lugar de ayudarlo empeoró su imagen, dado que el candidato no pudo soportar las reiterativas preguntas acerca de una posible alianza con Uribe y casi le lanza en la cara unos papeles al director Juan Roberto Vargas. No se sabe qué piensa el candidato del asunto, pero fue una salida en falso en horario prime en televisión nacional, muy al estilo de una peñalosada.

Otro chasco, pero esta vez en las redes sociales, fue el video que hizo junto con su familia; donde aparecían vestidos como para un velorio y que se volvió motivo de burlas. El candidato no atinó si no a decir algo que sonaba como “las redes sociales me respetan, se ríen conmigo no de mí”,  ante el cumulo de chistes que se hacían de un video cuyo objetivo aún se desconoce.

Pero la falta de estrategia electoral no ha sido exclusivamente en el manejo de su imagen y de su mensaje: hizo una jugarreta inexplicable de presentarse como candidato independiente por firmas cuando él es el alma de Cambio Radical. Nadie en Colombia se iba a comer el cuento de que iba a dejar de lado su partido y solo Vargas Lleras sabe por qué lo hizo.

Para completar la mala suerte también ha signado la campaña de “Mejor Vargas Lleras”. El fuerte de este candidato ha sido impulsar de manera agresiva la infraestructura y es tan de malas que se le cae un puente.

Lo de Chirajara si ha sido física mala suerte, pero Vargas Lleras actuó de una manera demasiado evasiva como si el accidente no lo golpease en uno de los pocos puntos fuertes de su campaña.

El desorden después del incidente daba la oportunidad de que un político como él jugase un gran papel, dada la respuesta titubeante del ministro de Transporte y del director de la ANI, quienes llegaron al extremo de cerrar la vía cuando ya había pasado el peligro.

Vargas Lleras hubiese podido llenar ese vacío haciendo el papel de un líder experto que viene a maniobrar para salvar el día, pero prefirió huir, reacción que era lícita dado que no fungía como funcionario del gobierno. Fue una oportunidad pérdida de afianzar su imagen de constructor.

Todas las anteriores son situaciones muestran que Vargas Lleras no ha sabido manejar su propia campaña y está lejisimos de ser una lista completa. Se supone que él fue el artífice de haber revivido el muerto político que era Enrique Peñalosa antes de la elección de octubre de 2015, pero por lo visto no participó demasiado en esa campaña electoral.

La campaña de Vargas Lleras hubiese podido que ser algo como un “recuperemos Colombia”, donde un candidato aparece como un experto en hacer lo que el país necesita de manera urgente ante un periodo de 8, 12, 16 años de desorden administrativo.

Eso es una estrategia electoral (no el desorden de cosas que ha hecho) y funcionó a la perfección en Bogotá en 2015: hasta los detractores más enconados de Peñalosa le reconociéron habilidades y obras porque la estrategia electoral era aplastante. En cambio lo que vemos con “Mejor Vargas Lleras” se parece más al gobierno “Bogotá Mejor para todos”, donde se sale de un escándalo para entrar a otro.

Desde hace meses es notorio el paralelo entre Vargas Lleras y Laureano Gómez en las elecciones de 1946: un político demasiado polémico, cuya participación solo servirá para que sus contendores unan fuerzas.

Laureano supo entender esa situación y delegó su candidatura a su segundo al mando, apartándose de la contienda electoral. Vargas Lleras parece no darse cuenta que lo único que ha hecho es servir de peldaño a una candidatura demasiado dañina para el país: aunque gran parte del daño ya está hecho lo mejor que puede hacer por su propio bien es renunciar a su candidatura.

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