Vanessa de la Torre, ¿por qué despierta odios y amores?

Impetuosa y divertida, su papá le pasó el gusto por los libros y el sabor afro con gracia que le dan su sello personal a las noticias

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agosto 21, 2020
Vanessa de la Torre, ¿por qué despierta odios y amores?

La irreverencia la sacó Vanessa de la Torre de su papá, Alejandro de la Torre, un estudiante de medicina de la Universidad Nacional que recibía, en plenos años setenta, directamente de la China, el Libro Rojo de Mao y folletines socialistas. En más de un tropel en esa convulsionada década, él estuvo al frente. Su mamá, Gloria Amparo, una tulueña de familia tradicional y ultra conservadora, era el polo a tierra. La combinación sirvió. Alejandro dejó la protesta y se centró en su carrera con éxito: se convertiría en un prestigioso médico oftalmólogo, el primero en fundar un centro de trasplantes en el país y dirigir el Departamento de Oftalmología del Hospital Universitario del Valle por treinta largos años.

La sangre afro le recorre las venas y le da esa frescura que hace a Vanessa una presentadora especial. Su bisabuela paterna fue una mujer negra oriunda de Guapi y su bisabuelo un hombre blanco bogotano, una relación escandalosa para una época en la que primaba el racismo y los estereotipos. El Pacífico siempre estará en ella. Sus vacaciones no fueron comunes y corrientes, el plan anual de su familia era ir a Tumaco y cuando era pequeña se crió en El Doncello, Caquetá, rodeada de manglares, correteando tortugas y con un tigrillo de selva como primer mascota.

Cuando la familia De la Torre Sanclemente se radicó en Cali, Vanessa se sentía como esa niña de familia distinta, pero no a manera de complejo, nada era más fascinante que crecer rodeada de teatro, tambores y timbales. Acostumbraba a acompañar a sus padres a reuniones en las que el tema central era la literatura y a partir de esta influencia se originó su pasión por los libros. Su padre siempre le repetía unas sabias palabras que quedaron impregnadas en su ser: “lea lo que quiera, pero lea y después de leer, haga lo que quiera”. Desde entonces, Vanessa sigue al pie de la letra ese consejo leyéndose un libro por semana sin falta.

Ni siquiera en el liberal colegio Liceo Benalcázar de Cali, Vanessa encajó. Terminó echada: una insoportable adolescente hiperactiva y necia que recibieron en otro, también abierto y libre pensador Gimnasio la Colina. Allí no pasó desapercibida. Hasta el día de hoy la recuerdan como esa estudiante extrovertida y bullosa pero ante todo una líder innata que aunque no era una come libros o la más aplicada sabían llegaría lejos. En ese entonces se dedicaba a falsificar la firma de sus padres y los de sus compañeros para obtener permisos durante la jornada escolar con excusas de citas médicas. Pero el verdadero plan era pasar un atardecer a las orillas del Río Pance.

Vanessa de la Torre - HISTORIAS DE VIDA

Vanessa decidió que quería convertirse en una actriz de teatro, no como hobbie sino como un plan de vida. En 1996, se lanzó al estrellato en el Intercolegiado de Teatro resultando victoriosa con la obra ‘Masacre de las Bananeras’ de Jairo Aníbal Niño. Pese a su triunfo, su papá no le permitió dedicarse a la actuación, según él no era un trabajo serio. Su segunda opción era ser historiadora del arte pero éste le insistió que pensara bien antes de tomar una decisión apresurada. Estudiar Comunicación Social en la Pontificia Javeriana de Bogotá fue la alternativa, la del ‘descarte’, pero el periodismo terminó despertándole la pasión.

El golpe más duro fue perder prematuramente a su papá. Cuando se fue a estudiar su maestría en ‘Estudios Latinoamericanos’ en la Universidad de Georgetown, Washington se veían sin falta todos los domingos a las 10 de la mañana por Skype, hablaban sobre los libros que debía estudiar para la maestría y los ensayos que presentaría que no entregaba sin antes pedir la opinión de su padre. Desde su ausencia, cuando Vanessa debe tomar una decisión importante, se pregunta que hubiera hecho su papá en su posición. Sin duda, la mejor herencia que le dejó fue una biblioteca exquisita y única que hasta el sol de hoy conserva en su apartamento de Bogotá; muchos clásicos, Jorge Luis Borges y el infaltable ‘El Quijote de la Mancha’, el preferido de Alejando de la Torre.

Conocer a su actual esposo, Diego Santos Caballero, uno de los hijos de Rafael  Santos Calderón, primo del expresidente, fue el único bálsamo para su dolor. Diego trabajaba como periodista en el ‘El Tiempo’ y Vanessa se encontraba estudiando en Estados Unidos pero gracias a Twitter se conectaron. Su madre acababa de quedar viuda y su perro murió un mes después; Vanessa resolvió entonces enviarle, desde la distancia, un cachorro para que la acompañara. El perro nunca llegó a su destino y la periodista denunció en su cuenta de Twitter la situación. Diego vio el mensaje y la contactó para ayudarla: logró ubicarlo y que el perro llegara a la casa familiar de Vanessa en Cali.  Un mes después, Diego visitó Washington y la invitó a tomarse un café, el resto fue historia.

Vanessa de la Torre le confesó a El País sus secretos para triunfar

 

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