Una vez más el presidente Petro parece que va a salirse con la suya. No importa que esto ande muy mal. Para él parece mejor que esto se ponga peor. Y no es exageración. El propio presidente lo había explicado muy mímicamente cuando le anunció a médicos y pacientes, a hospitales y clínicas, a farmacéuticas y ambulancias la teoría del chuchuchu, que se llevaría todas las EPS a caer un tras de la otra como en las paredes de naipe. Según puede deducirse, Petro es partidario de que lo que anda mal, se ponga peor.
No de otra forma podría entenderse que el presidente de la República solucione la crisis de la salud que precipitaron tanto él y sus ministros como los dueños de las EPS ordenando la liquidación de todas las intermediarias del sistema que a la fecha se encuentren quebradas. La fórmula jurídica es maquiavélica y zurdísima. Hay que obligar a todos los usuarios de salud a que se tiren de cabeza en el foso de una sola EPS estatal como lo fue hace 50 años el Seguro Social y, como tal , obligar a millones de usuarios a cambiar de intermediaria del sistema de salud y acomodarse, como puedan y donde las palancas políticas los ayuden para ser atendidos en clínicas y hospitales abarrotados o imposibilitados de hacerlo porque jurídicamente no habrán de tener convenio con el monstruo burocrático que van a montar sino en muchos meses.
El sistema de salud funcionaba mal que bien, pero funcionaba
Para Petro y para los críticos del sistema de salud,que funcionaba mal que bien pero funcionaba, la solución puede ser dramática y equivocada, pero les da la razón en sus afirmaciones de que esas entidades nunca pudieron ser puestas en real y oportuno funcionamiento. Detrás de todo ello, o como consecuencia, hay un peligro político y una realidad electoral mayúscula. A partir de hoy será obligatorio que los flojos candidatos presidenciales que tenemos hablen sobre el tema y propongan una solución radical y verdadera. Ojalá no callen, que el debate se dé y las urnas decidan.
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