Opinión

USA: un lunes catastrófico

El día que costó más tener petróleo que no tenerlo mostró hasta qué punto el Imperio Americano es vulnerable allí donde debe ser más fuerte

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abril 28, 2020
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USA: un lunes catastrófico
Ese día los precios fueron negativos, había tanto petróleo en el mercado que literalmente no había donde almacenar el que ya se había comprado

El lunes 20 de abril pasado pasará a la historia como el día en el que por primera vez en la historia costó más tener petróleo que no tenerlo. 37 dólares por barril para ser exactos, fue el precio que en el mercado norteamericano se estaba dispuesto a pagar a quien quisiera llevárselo. Un precio negativo, inaudito, debido tanto al desplome de la demanda causada por la crisis económica del coronavirus como a la sobreoferta del petróleo causada a la decisión previa de Arabia Saudí y de Rusia de incrementar su producción en vez de disminuirla en plena recesión. Ese día había tanto petróleo en el mercado que literalmente no había donde almacenar el que ya se había comprado. Las reservas estratégicas norteamericanas, con la impresionante capacidad de almacenamiento de 713 millones de barriles estaba ocupada al 89% y al 100% los enormes depósitos de Cushing, en Oklahoma, el principal nudo de oleoductos de norteamericana. Sin nadie dispuesto a comprar, una centena de superpetroleros navegaban sin destino o permanecían atracados con 160 millones de barriles de crudo a bordo.

Una catástrofe. Una versión contemporánea de la leyenda del rey Midas ahogado en su propia riqueza, que mostró hasta qué punto el Imperio Americano es vulnerable allí donde debe ser más fuerte. Porque no cabe duda que el petróleo es la piedra sillar de la compleja arquitectura del poder imperial en dos sentidos por lo menos. Primero: porque su control del mercado mundial del petróleo es un auténtico as en la manga en sus juegos de poder a escala planetaria. El petróleo es el talón de Aquiles de las economías que son sus eventuales competidores y sus actuales rivales. La Unión Europea, Japón, India y sobre todo China, por su sola existencia amenazan la pretensión de Estados Unidos de mantenerse como la primera potencia económica del mundo, con capacidad por lo tanto de imponerle al resto del planeta las reglas que mejor satisfacen sus intereses. O de sancionar a su antojo, como a Irán o a Venezuela.

El problema es que todas ellas son importadoras netas de petróleo y cualquier alteración en sus precios y suministros repercute negativamente en su desempeño económico.

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Tuvieron tanto éxito con el fracking que en 2018 anunciaron que se habían convertido en el primer productor de petróleo del mundo

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El control de mercado del petróleo por Estados Unidos ha descansado históricamente en dos pilares. Es el primer consumidor de petróleo y en 1944 forjó una relación duradera con Arabia Saudí, el principal exportador de petróleo del mundo que a la calidad de su crudo suma los bajos costos de producción: 9 dólares por barril. El primer pilar está intacto: Estados Unidos sigue siendo el principal consumidor de petróleo del mundo. El segundo en cambio lo ha deteriorado seriamente la decisión de sus estrategas de liberarse de la dependencia de las importaciones de petróleo. Para hacerlo acudieron al fracking para sacar petróleo de las rocas a gran profundidad. Tuvieron tanto éxito que en 2018 anunciaron que se habían convertido en el primer productor de petróleo del mundo, superando a Arabia Saudí, y con capacidad de convertirse pronto en exportador en gran escala. El problema es que este método es caro y su aplicación solo empieza a ser rentable a partir de un precio del barril superior a los 40 dólares. Los costos de producción de Rusia en cambio son de 15 dólares.

Trump salió de inmediato en auxilio de las compañías petroleras destinando 750.0000 millones de dólares tanto a la refinanciación de sus deudas como a una compra de sus acciones que evitara no solo su ruina sino la de los bancos y los fondos de inversión implicados en esta gigantesca operación. Medida que no resuelve sin embargo ni al corto ni al mediano plazo el problema de los altos costos de producción del fracking en una coyuntura de recesión económica mundial, ni evita que se agrave la crisis de la alianza con Arabia Saudí, que de proveedora fiel ha pasado a convertirse en competidora. Con lo que se corre el riesgo de que deje de nominar su producción en dólares y lo haga en una canasta de yuanes, yenes, euros y rupias, las monedas de sus principales compradores. Una decisión que pondría en riesgo el otro pilar del poder imperial: el estatus del dólar como divisa de reserva mundial, que hasta la fecha garantizaba la nominación en dólares del mercado mundial del petróleo.

 

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