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Uribe: tome esta lección de paz

“Está demostrado que los pueblos necesitan hacer un alto en la guerra y construir la paz y para ello se necesita de ciertos sacrificios que nos permitan salir adelante”

Por: JORGE ALFONSO CABAS
Abril 20, 2017
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Uribe: tome esta lección de paz
Foto: acn.com.ve

En el concierto de la vida colombiana me encuentro, con más frecuencia de la que yo querría, con dos aparentes posiciones antagónicas sobre la paz, pero sin ninguna claridad sobre su concepto. Es como si el sentido en el que comprendemos la paz obedeciera a una suerte de veleta que apunta hacia donde mejor sopla el viento electoral. Nuestros políticos entablan un juego bizantino y contradictorio en el que hay una ausencia de claridad absoluta sobre: ¿qué es la paz?, ¿para qué?, ¿qué significa?, ¿cuál es su sentido en una sociedad?, ¿cómo y por qué surge este tema en el Estado?

Es decir, a menudo los conflictos en la práctica política surgen por la falta de claridad teórica sobre los problemas más fundamentales que atañen a la sociedad. Y al no tener claridad teórica-filosófica sobre qué es la política, el ejercicio práctico se desgrana en una serie de errores guiados por las pasiones y los intereses de quienes participan del quehacer político. Lo que eso significa es que cada quien cree tener su propio concepto de la política y por lo general guían sus actividades hacia esos intereses. Por ejemplo, hay quienes creen que la política es una actividad empresarial y la toman como tal. Sin embargo, nada es más errado que esa visión falaz de creer que el Estado es una empresa particular o de algunos pocos. Por ello es que encontramos casos como el Odebrecht que terminó arruinando toda la transparencia de la que debe gozar la contratación del Estado.

Noto yo que hay en mi país, el mundo no se queda atrás, una ausencia abismal de sabiduría. Añoro en consecuencia los tiempos de la vieja Atenas, en los que encontrábamos a Sócrates ocupándose de la verdad en la vida pública, la cosa más esencial del Estado. Preguntémonos entonces qué implicaciones tiene la búsqueda de la verdad, en términos de filosofía política, para una sociedad. La búsqueda de la verdad en la filosofía cumple una función que es la de establecer el fundamento real de las cosas. En el caso de la política contemporánea, la búsqueda es por el sentido esencial de la vida pública, las decisiones que conciernen a la mejor organización y funcionamiento del Estado. Es decir, la filosofía política trata de evidenciar lo que la cosa pública es y establece cómo se deben dirigir los asuntos públicos de una sociedad desde una ética social.

Sócrates tenía razón en algo, la vida pública necesita de un examen constante porque a menudo quienes la dirigen no tiene la mayor idea de lo que hacen y la razón es que han descuidado el ejercicio intelectivo de pensar aquello que es más esencial para la vida del Estado. De modo que cuando no tenemos claridad sobre los fundamentos de las cosas es cuando realmente erramos por ignorancia. Pensar la política es lo menos que le podríamos pedir a nuestros políticos. Por ejemplo, las preguntas que conciernen a ese ejercicio apuntan a la búsqueda de lo que significa la política, la paz, la ética, la libertad, la justicia, etc. El propósito es cuestionar sobre su esencia y su sentido real y es por eso que la indagación sobre esos temas surge siempre a modo de pregunta, ¿qué es tal cosa?

Del mismo modo, es necesario ahondar en las siguientes cuestiones: ¿qué es la paz?, ¿qué sentido tiene la guerra en los conflictos sociales?, ¿en qué momento las tensiones de la guerra deben dejarse a un lado?, ¿qué ideología propugna por la paz?, ¿a quién benefician los actos de guerra?, ¿a quiénes perjudican mayormente las guerras internas?, ¿defiende los opositores de la paz alguna ideología? Ahora, las preguntas más esenciales son: ¿qué sentido tiene que una sociedad viva en paz?, ¿por qué el conflicto interno, o la guerra interna, es el mayor mal para una sociedad? y ¿qué relación hay entre paz y democracia?

El tema de la paz no es un asunto nuevo, es tan viejo como la humanidad misma. La filosofía política desde sus inicios se ha ocupado de ella, tanto la sabiduría de oriente como la de occidente. La razón principal radica en que ella es el tema fundamental de la existencia del Estado. El Estado surge porque la sociedad necesita vivir en paz y no ocuparse de manera permanente de la guerra. No sería posible pensar ninguna forma de gobierno si la sociedad no es pensada en términos de paz.

Incluso, la guerra es pensada desde la visión de una paz duradera. En otras palabras, la guerra la pensamos cuando el orden social se desestabiliza y la guerra se convierte necesaria, pero siempre como un último recurso de justicia. Esta es también la decisión más difícil para una sociedad porque la guerra puede terminar agravando mucho más los problemas que pretendemos resolver con lo que se podría prolongar la guerra hacia el infinito y destruir la existencia del Estado. Por eso, la mejor guerra es la que logramos evitar, de allí que exprese Erasmo de Rotterdam: “La paz más desventajosa es mejor que la guerra más justa.”

En realidad, la guerra solo halla su legitimidad si tiene por objeto la instauración de un sistema político que garantice la paz. Hasta ahora la filosofía solo ha ideado uno que ha demostrado ser el más favorable y efectivo, tanto a los interés individuales como a los colectivos, la Democracia. El texto donde se encuentran los orígenes de la filosofía política es La República de Platón. Hemos de volver a él para comprender qué fue lo que dio lugar a la estructuración del Estado y establecer cuál es la pregunta que subyace en el fondo de toda organización político-social.

Allí en su texto, Platón plantea la siguiente pregunta: ¿qué es lo justo? Este es el punto principal de indagación sobre los problemas de creación del Estado. No obstante, la obra trata, todos conocemos eso, de dos asuntos esenciales. Primero, la inmortalidad del alma, pero que aquí digámoslo no nos interesa. El segundo tema son los criterios de justicia de los actos humanos, los fundamentos para que estos actos pueda dar lugar a la creación de una Estado justo, sabio y bello. Esta es la cuestión que atañe al problema filosófico de la política y el derecho. Por ello, Platón siempre soñó con la idea de un político-filósofo.

No obstante, mirándola de manera más aguda, también está el problema de la aléetheia (la verdad), que se logra ver mejor en el libro VII de la misma República (en la muy conocida alegoría de la Caverna). Platón hace esto para relacionar los dos temas y porque la experiencia filosófica enseña: en un Estado donde los criterios de justicia y de verdad no son plenamente claros, los hombres se comportan de un modo salvaje. Bárbaro lo llaman los griegos, y tienden a confundir lo justo con lo injusto y viceversa, y es por eso que allí, las leyes pierden toda razón y sentido de ser, por la confusión en la que se hallan inmersos los hombres por su falta de sabiduría.

Allí donde los criterios de justicia y verdad no son claros, el Estado está en manos del mayor de los riesgos: la guerra. Si estos criterios conceptuales nos son claros, el clima político-social se desbarajusta y va camino a un conflicto constante de intereses particulares, porque todos creen tener la razón. Ya no hay un norte que dirija realmente las cosas porque no hay claridad conceptual sobre lo que la justicia y la verdad significan al interior del Estado. Por eso, la figura del hombre sabio en la cultura griega era un asunto esencial. La figura de Sócrates en el concierto de la vida pública es la del hombre integro, quien por amor a la verdad, vive de modo humilde, da todo de sí a sus conciudadanos: su sabiduría y muere por amor a la justicia, aún cuando en contra de él se lleve a cabo el acto más injusto.

La posibilidad de existencia en una Estado sin criterios de verdad, sin normas ni justicia, se vería degradada, sería un imposible. Allí donde no se tiene pleno conocimiento de los sentidos de justicia y verdad, el hombre confunde el ser con el no-ser y con la apariencia, y todo lo esencial y cardinal para la vida termina convirtiéndose en un disparate musical a causa de la ignorancia. A este tema de la justicia y la verdad, valga decirlo, están ligados los de la libertad e igualdad política, concepto de los que somos heredero nosotros hoy día en la política contemporánea.

Ahora, cuando se pretende indagar por la mejor forma de Estado, esta siempre irá acompañada del papel que juega la paz en dicha organización social. Buscamos la paz porque en un estado de barbarie, sin verdad ni justicia, la vida se hace imposible, es demasiado frágil. Además, no podríamos ocuparnos del elemento más vital del Estado, la concreción del bienestar social y la felicidad del pueblo. Al pensar el Estado lo hacemos en condiciones de paz y es allí cuando diseñamos que el reparto de los bienes sociales se haga de la manera más justa posible para que esa paz sea más duradera. Sin la paz, la vida sería una incertidumbre constante, nos asaltaría a cada momento el temor a perder la existencia y de ese modo nos sería imposible vivir.

Está demostrado que los pueblos necesitan hacer un alto en la guerra y construir la paz y para ello se necesita de ciertos sacrificios que nos permitan salir adelante y no empecinaros en el rencor. Por esa razón, los tiempos de paz exigen mucho más fuerza, sabiduría y entereza que los tiempos de guerra. Créanme limar el rencor humano conlleva mucha generosidad de nuestra parte, ponernos a salvo de nuestro propio odio es aún más difícil que matar. Recordemos aquí algo que es esencial para pensar nuestro Estado y que ya nos señalaba Aristóteles: “No hace falta un gobierno perfecto; se necesita uno que sea práctico.” Y la praxis nos ensena siempre que la PAZ es nuestra mayor necesidad.

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