Opinión

Uribe en el Senado, la temporada de caza de brujas ha comenzado

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Marzo 13, 2014
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En el discurso de agradecimiento a los dos millones de personas que votaron por su propuesta al Senado el expresidente deja entrever que su lucha será a brazo partido contra el principal problema que tiene Colombia. Este no es que 1.672.000 personas todavía no sepan leer y escribir o que en el país mueran cerca de 5.000 niños al año por física hambre o que la redistribución del ingreso real acá sea de los más bajas del continente. No señores, el líder del Centro Democrático está convencido de que la principal amenaza que tenemos es la infiltración del castro-chavismo. La mano firme y el corazón grande caerá contra  “todos aquellos que lo quieren traer a Colombia”. Agárrense bien duro librepensadores, defensores de derechos humanos, marihuaneros veteranos, artistas, sindicalistas y los pocos periodistas que aún creen que su oficio es contar la verdad. Busquen escondederos de a peso porque la temporada de caza de brujas ha comenzado.

Los 2 millones de colombianos de bien que votaron por el presidente de los falsos positivos, del ridículo proceso de paz con los paramilitares, de las pirámides captadoras de dinero y el agro ingreso seguro están felices porque volverá la seguridad democrática.

Esta felicidad se ha democratizado, no solo es la de los terratenientes poderosos que cultivan grandes extensiones de palma africana sino también la de los pobres. No existe contrariedad más grande que ser pobre y uribista. En esta contradicción queda plasmada la nefasta influencia que tienen los medios de comunicación en el colombiano promedio. Gente que ganando el mínimo ha votado por Uribe “porque es increíble que ya no se pueda viajar por carretera”. Gente que sin seguridad social de ningún tipo, dice con el pecho inflamado de orgullo que “no le podemos regalar el país a las Farc”, muchachos que tienen negado el acceso a la educación que escriben en su muro de Facebook “Prefiero una Colombia paraca a una guerrillera”, poblaciones enteras que viven en zonas de conflicto votaron por el dueño del Ubérrimo con el único argumento de que “la guerrilla se acaba a punta de balas, no de diálogos”.

Bañarnos todos los días con noticieros y Jota Marios hace que votemos contra nosotros mismos.

Uribe en su campaña le dio a la gente lo que quería. En Córdoba, uno de los departamentos en donde con más fuerza se dio el fenómeno del desplazamiento y en donde Uribe es el latifundista más poderoso de todos, rifó dos caballos entre sus fans y después, como solía hacer Nerón ante su torturado público, declamó dos de sus horripilantes poemas. En Antioquia se paseó como patrón en su finca, luciendo el collar de arepas y diciendo en reuniones privadas que la idea de un departamento independiente no sería del todo descabellada “porque los paisas somos más verracos que cualquiera” y recordaría, con el pecho inflamado de tristeza, a paisas tan echados pa’lante como Don Fabio Ochoa, amigo de su padre y patriarca de una dinastía de mafiosos, quien dijo alguna vez, al lado del río Sena y en su montañerismo inveterado, que la piedra del Peñol era un monumento mucho más bonito que la Torre Eiffel.

Indudablemente la coyuntura venezolana ayudó a que aflorara el sentimiento uribista. El centenario odio que le tenemos al país hermano se ha disfrazado de antichavismo. El expresidente ha sabido como nadie explotar esta xenofobia y convertirla en caudal político. Por eso en su discurso ha dejado claro que perseguirá cualquier célula castro-chavista que exista en el país.

Los pobres se abrazan alborozados, no tenemos trabajo, ni salud, ni educación y hace rato solo comemos arroz con huevo pero que importa eso, si nuestro país va a estar blindado contra cualquier tipo de influencia chavista. En Colombia somos libres, libres de andar sin trabajo y de morirnos en la entrada de una sala de emergencias. Libres de no saber leer ni escribir, libres de no conseguir trabajo.

Pero, hay que decirlo, la victoria del Centro Democrático no fue tan contundente como ellos esperaban. Uribe fue de lejos el senador más votado del país con poco más de 2 millones de votos, el segundo fue Robledo y no llegó a 200.000 así que hagan cuentas. Sin embargo, hay que recordar que el expresidente obtuvo nueve millones de votos en el 2006. ¿A dónde se fueron estos siete millones de votantes? No creemos que estén refundidos en la altísima tasa de abstención que hubo en estas elecciones, ni que más de un uribista se haya confundido de partido como dicen en las toldas del Centro Democrático o porque el partido de la U les hizo trampa. No, lo que creo es que la gente cambió. Los jóvenes ya no son los mismos de hace ocho años, ahora el discurso excluyente y cargado de odio que lo hizo tan popular no cala entre los muchachos. Ellos no se aguantan su tono de voz de obispo en retiro, los aburre y sobre todo les parece que Uribe no es más que un dinosaurio más, un fósil desenterrado.

Álvaro Uribe en su condición de senador podrá tener el poder de bombardear el proceso de paz, de meter en la cárcel a los castro-chavistas que él juzgue peligrosos  y de crear leyes que ensanchen aún más la brecha entre ricos y pobres, dos de las razones por las cuales ha vuelto, pero también, en su nueva investidura se enfrentará de igual a igual a viejos contradictores suyos como Jorge Enrique Robledo o Iván Cepeda que supieron darle pelea cuando él era el dueño de esta finca y ahora que estarán en igualdad de condiciones dejarán en evidencia su discurso anticuado y fascista.

Y en una de esas, ante tanta exposición mediática, de pronto la mano de la justicia aparezca y lo borre de pronto. Sus dos milloncitos de fans se rasgarán las vestiduras y dirán que todo es una jugada orquestada por el castro-chavismo que tanto detesta al monarca de los colombianos de bien. Los sueños de todos ellos, de volver a verlo coronado como un emperador se verán frustrados para siempre. Hoy tengo ganas de ser optimista, ¿qué tal que la victoria de Uribe el domingo sea el principio de su fin?

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