Delcy Rodríguez es la fiel escudera de Nicolás Maduro, de él recibió una copia de la espada de Bolívar cuando dejó la Cancillería para postularse a la Constituyente. Porque bajo el ala de Maduro la abogada de la Universidad Central de Venezuela que vivió en París en donde hizo una especialización en derecho laboral, la profesora universitaria, vio despegar su carrera política de manera vertiginosa, después de un débil comienzo en el Despacho de la Presidencia de Hugo Chávez. Ha pasado por distintos cargos en los doce años de Maduro en el poder hasta coronar como vicepresidenta y como tal el Tribunal supremo de justicia acaba de entregarle las riendas del país.
La confianza de Maduro con ella resultó de la amistad con su padre fundadores de la Liga Socialista
Eran los tiempos del gobierno de Carlos Andrés Pérez y su papá Jorge Antonio Rodríguez pasaba los días detenido en una mazmorra en Caracas. Ella tenía 7 años y su hermano Jorge diez. Maduro y Rodríguez habían fundado la Liga Socialista y pagaba con su libertad la radicalidad de sus ideas. Pero no solo con su libertad. La policía política del gobierno de Pérez era drástica con la oposición y más en este caso en el que estaba de por medio el secuestro del estadounidense William Frank Niehous, vicepresidente de Owens-Illinois.
Rodríguez fue apresado frente al Colegio Miguel Antonio Caro en un operativo de búsqueda de los secuestradores pertenecientes a grupos de izquierda que habían convertido al norteamericano como objetivo militar señalado de ser agente de la CIA, y quien duró secuestrado tres años y cuatro meses. La presión de las torturas a que fue sometido el líder de la Liga Socialista le causaron su muerte en 1976. Tenía 34 años. Desde entonces Rodríguez ha sido considerado un mártir de la izquierda y un mártir del chavismo presente en la vida de Maduro y de los hermanos Rodríguez en quienes ha depositado su confianza y le ha trasladado todo el poder.
La que le ganó a Diosdado
Delcy Rodríguez fue la primera mujer canciller en Venezuela. Allí reveló que la amplia sonrisa en privado era la aguerrida capaz de mostrar los dientes en defensa del gobierno. Se ganó el apodo de “la canciller sin diplomacia”, pero sus partidarios la aclamaron, entonces, como “la canciller de la dignidad”. Las anécdotas pululan. Memorable es la sesión del Mercosur a la que asistió sin ser invitada en diciembre del 2016. “¡Si nos cierran la puerta, nos meteremos por la ventana!”, dijo tras violar el perímetro de seguridad de la XI Reunión Extraordinaria del Consejo del Mercado Común; cuando la membresía de Venezuela acababa de ser suspendida diez días antes.

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Llegó a la Asamblea Nacional Constituyente que Maduro inventó para contrarrestar a la Asamblea Nacional donde era mayoritaria la oposición desde las elecciones del 2015. Cuando todos esperaban que Diosdado Cabello, vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela fuera el presidente, Nicolás Maduro impuso a Delcy Rodríguez, dándole un enorme poder en el órgano encargado de refundar la república con su nueva Constitución. Poder y cercanía que se ratificó el 14 de junio del 2018 cuando la designó vicepresidenta de la República en reemplazo de Tareck El Aissami.
El verbo afilado, así son los discursos de Delcy Rodríguez
Los discursos, las declaraciones de Delcy, siempre han hecho y hacen gala de un reconocido dogmatismo y en ocasiones el verbo traspasa límites no acordes con su investidura. Negó el éxodo masivo de venezolanos, dijo queque la crisis humanitaria es un “falso positivo”, y al hoy fallido mandato de Juan Guaidó lo increpó con “ven y ubícate del lado correcto de la historia”.
Los críticos señalan los lujos no obstante su discurso de izquierda. Por vivir en Altamira, uno de los barrios más exclusivos de Caracas.
Ha estado al lado de Maduro, siempre. Con Jorge, su hermano tomó el encargo de hablar con la oposición en medio de la crisis política del 2017, que siguió a las cruentas manifestaciones del 2014. Los dos fueron siete veces a la cárcel de Ramo Verde para conversar con Leopoldo López, líder de Primero Justicia y figura de la oposición recluido allí tras entregarse entre multitudes. A su lado también estuvo cuando se firmó el acuerdo de Barbados con la oposición, y cuando lo burlaron pero también cuando inhabilitaron a todos los candidatos de oposición para ser elegidos presidentes, empezando por María Corina Machado.
Menos se le critica como ministra de Hidrocarburos, dedicada a sostener y recuperar parcialmente la producción petrolera en medio de sanciones, dando prioridad a acuerdos pragmáticos y el control político del sector. Aunque ha logrado cierta estabilización respecto a los peores años de la crisis, los resultados siguen siendo limitados frente al potencial energético de Venezuela y los problemas estructurales de su industria petrolera. Pero se le abona una recuperación gradual de la producción, que pasó de mínimos históricos cercanos a 400.000 barriles diarios a niveles superiores, mientras la ministra usa un discurso de “resistencia energética”, presentando el petróleo como un instrumento de soberanía.
En esa “guerra”, Delcy se mantiene hoy como la dama de hierro de Nicolás Maduro, blandiendo los mandobles con la réplica de la espada de El Libertador.
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