Opinión

Una diplomacia vergonzosa

Por:
octubre 08, 2013
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Otra pregunta que muchos colombianos deben hacerse actualmente es la siguiente: ¿Cuándo será que la diplomacia colombiana deja de generar escándalos? Y la respuesta es muy sencilla: cuando se tengan criterios serios para hacer los nombramientos diplomáticos. Pero no, en Colombia, los presidentes, con muy pocas excepciones, siempre han despreciado la importancia que nuestra representación internacional tiene para el nombre del país, para su imagen, para atraer inversión extranjera, para el mejor trato de nuestros emigrantes. En este gobierno por ejemplo, en vez de romper con la tendencia de los gobiernos de Uribe —durante los cuales el servicio diplomático se usó para sacar del foco nacional a personas cercanas al presidente, muchas de ellas hoy en la cárcel—, de alguna manera se continuó con el poco criterio para nombrar, por ejemplo, embajadores.

Llegó la hora de pedir a los cancilleres de este país que se bajen del avión y se concentren en su nómina, a ver si dejan de sorprenderlos los escándalos de sus embajadores. Hace mucho que Colombia no tiene cancilleres que hagan respetar la carrera diplomática o frenen al presidente de turno cuando se equivoca de manera grave en esos nombramientos. Por eso, se repiten con demasiada frecuencia esas actuaciones de nuestros funcionarios que nos avergüenzan a todos en países amigos.

Refugio de personas vinculadas al paramilitarismo, funcionarios públicos en el ojo del huracán por malos manejos, familiares demasiado cercanos a políticos de dudosa reputación, siguen siendo los nombres preferidos para embajadas, consulados y otros cargos menores. Y si no los nombran directamente, seleccionan a sus cónyuges de manera que puedan salir del país personas condenadas por la justicia, pero cercanas al régimen. ¿Será que muchos de nuestros presidentes no logran entender que sus embajadores son sus representantes plenipotenciarios ante el gobierno del país donde ejercen este cargo? Si tuvieran conciencia de ese hecho, muchos exprófugos, o futuros prófugos de la justicia no habrían sido nombrados en estas dignidades.

Nada más difícil que llegar como embajador a un país donde el predecesor fue titular de algunos de los siguientes hechos: Primero, cuando el anterior no habla nada distinto al español y se rodeaba de nacionales de dudosa condición para superar esta limitación. Robos, mala reputación ante la Cancillería extranjera, y uso de sellos diplomáticos en manos particulares, han sido resultados de situaciones de esta índole. Segundo, cuando la rotación de embajadores es tal que en el país anfitrión sienten esta práctica como un desprecio a la dignidad de su Nación. Tercero, cuando nombran en Europa a personas vinculadas con casos de violación de derechos humanos. Cuarto, cuando los gobiernos amigos se enteran de las negras hojas de vida de los exembajadores y con razón, reciben con frialdad al recién llegado, a quien le toca demostrar con maravillas que no es igual al anterior para que lo tomen en cuenta.

Nadie en el país le creyó a la canciller cuando trató de lavar la imagen de estos funcionarios siendo que el nombramiento de muchos de ellos pasó por su despacho, porque contrario a lo que se cree, la diplomacia no se hace con mentiras obvias. Y hoy, cuando seis embajadores han 'renunciado' por problemas graves, el nombre de Colombia, y de pasada el de los colombianos, es el que ha quedado por el suelo en cada uno de esos países.

De nuevo cae en este debate la politiquería corrupta, sin escrúpulos, que sigue manejando el poder en este país. Con tal de premiar a sus fieles seguidores, impulsan  sus nombramientos sin reparar en sus antecedentes. Y esto es válido para los dos partidos llamados tradicionales: el Liberal y el Conservador… obvio, hasta que lleguen datos de los nuevos que van por el mismo camino. Por eso es hora de replantear el manejo de la diplomacia colombiana. Nuestros representantes en el exterior tienen que dejar de ser una vergüenza más en este país.

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