Opinión

Una carta (de advertencia) al Congreso

La gente está pasando hambre, está perdiendo sus medios de vida a una velocidad alucinante, y ustedes, señores congresistas, acantonados desde sus escampaderos y sus fincas, como no fuera con ustedes

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abril 06, 2020
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Una carta (de advertencia) al Congreso
Los partidos llevan semanas opinando, como si la cosa no fuera con ellos, tratando de ver cómo le sacan ventaja a la crisis, cómo preservan el pedazo de poder

Muy indignante la cobardía con la que el Congreso, la rama del poder que está llamada a representar al pueblo, está enfrentando esta crisis. Indignante porque entre nuestros congresistas hay varios que reclaman el lugar del mesías, y, sin embargo, están paralizados, como si su papel fuera el de ser testigos de la miseria y negar toda responsabilidad en este fiasco. Este debe ser el único país en el que los congresistas hablan de la política como si fuera algo ajeno a su profesión y a su entendimiento.

Entre los partidos ya no hay ninguna diferencia, ni moral, ni filosófica. No tienen ideas, carecen de liderazgos. Llevan semanas opinando, como si la cosa no fuera con ellos, tratando de ver cómo le sacan ventaja a la crisis, cómo preservan el pedazo de poder mientras aparentan que están haciendo todo lo que puede hacerse. Y no. No están haciendo nada, están más preocupados por quedarles mal a sus patrocinadores.

La gente está pasando hambre, la gente está perdiendo sus medios de vida y sus pocos ahorros a una velocidad alucinante, y ustedes, señores congresistas, acantonados desde sus escampaderos y sus fincas, como si la cosa no fuera con ustedes. Regalar mercaditos y repartir limosna no es hacer política, sino usar a los pobres para seguir en campaña.

He dicho varias veces que al gobierno le ha ido bien, hasta ahora, porque escuchó a tiempo las alarmas y ordenó la cuarentena. Pero, sobre todo, le ha ido bien por la impresionante infraestructura de atención que tenemos derivada de soportar décadas de violencia. Eso no es obra de gobiernos. Son redes que se han formado a pesar de ellos. Nosotros sí que tenemos médicos de guerra, enfermeras, soldados, ingenieros, obreros, campesinos, transportadores, los servidores humanitarios. Aquí la gente humilde sabe trabajar bajo las peores circunstancias.

Pero no hay que llamarse a engaños. Estamos pasando por la calma chicha. A pocos minutos de que se desate una crisis muy brava, y tengan la plena certeza de que nadie va a venir a salvarnos. Esta cuarentena, que seguro terminarán de tajo este mes, apenas si nos proporcionó tiempo valioso para prepararnos, para abastecer el sistema de salud y para poner en marcha a las redes primarias, pero esta pandemia apenas comienza, nosotros estamos muy lejos del pico infeccioso, y aún más de una vacuna o de un tratamiento efectivo para paliar sus efectos. Será un periodo muy difícil, de hambre, de desempleo, de recesión y de pérdida.

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Los líderes políticos no han querido decirnos que esto va a tomar tiempo, y como al resto del planeta, esta crisis pondrá a prueba el carácter de nuestra nación

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La verdad que los líderes políticos no han querido decirnos es que esto va a tomar tiempo, y como al resto del planeta, esta crisis pondrá a prueba el carácter de nuestra nación. Que no se nos olvide que hemos visto tormentas más aterradoras y nunca nos rendimos. Este no es momento de perder la fe, ni de elegir el egoísmo, porque aquí nadie se salva solo. El mayor riesgo que corremos no es que esta pandemia nos ponga de rodillas, sino que nos lleve a renunciar al valor constitucional más importante de todos: la dignidad inherente a cada ser humano.

La economía la levantamos entre todos, poniéndole el alma a una recuperación rápida, persistiendo, trabajando duro, apoyándonos mutuamente. Pero si optamos por el egoísmo, serán de nuevo los más pobres, las mayorías, los más vulnerables los que quedarán por fuera de las soluciones. Esta crisis es una oportunidad. Es la oportunidad de una verdadera revolución política, que nos dejará ver con toda claridad la inutilidad de buena parte de nuestros mandatarios. A esos pusilánimes es a los primeros que hay que mandar al desempleo. Que nos devuelvan el poder de representación. La patria somos nosotros, y no se ha muerto. #unidoslolograremos #manoscolombianas #hechoencolombia

 

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