Un verdadero periodista no celebra el día del periodista
Opinión

Un verdadero periodista no celebra el día del periodista

En un país en donde el periodismo ha comulgado con los poderosos es una deshonra la falta de autocrítica: no hay nada que celebrar

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febrero 09, 2022
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En una sociedad tan cerrada como la colombiana hay pocos medios para ascender socialmente. Los dos que se me ocurren son la política y el periodismo. Solo en alguno de estos dos ascensores podemos ver a una candorosa muchacha vallecaucana, sin ningún tipo de sofisticación, estando al frente de un conglomerado de medios, codeándose con los Ardila, con todos los cacaos, con expresidentes. El periodismo en Colombia, por supuesto, es un ejercicio arribista. Hasta García Márquez, el más grande de todos nosotros, se doblegaba cuando llamaban a su oficina de Cambio alguno de los hijos de expresidentes. Se derretía, se despelucaba. No hay nada que nos acompleje más a los de la provincia que un cachaco con abolengo.

En este país, con pocas excepciones, el periodismo es un oficio de lacayos. Es que durante más de un siglo dos familias manejaron la verdad a través de sus diarios, El Tiempo y El Espectador. A mediados de los ochenta los Cano y los Santos perdieron poder y entonces entraron al rescate los grupos económicos, Sarmiento Angulo compra El Tiempo, los Santo Domingo El Espectador. Cuenta la leyenda que, cuando Alejandro y su papá Julio Mario, visitaron las instalaciones de El Espectador conversaban en inglés mientras el director y la editora los atendían. El único interés del magnate era saber las ventajas de demoler el edificio y sacarle provecho al lote. Las noticias dejaban de importar porque estaban controladas. Debe ser muy gratificante para Luis Carlos Sarmiento Angulo haber tenido de columnista a alguien tan solícito, tan respetuoso del poder como Mauricio Vargas quien cobraba, se callaba y escribía. Jamás pisó el callo de un cacao. Lo mismo pudo decir en su momento Julio César Turbay con el director de El Tiempo en 1981 quien hizo un feroz ataque desde la editorial del periódico contra García Márquez quien tenía que refugiarse en México después de saber que los militares, en la ofensiva contra el M-19 después de la toma de la embajada, irían por él. En la editorial de apátrida no lo bajaron.

Celebrar este 9 de febrero el día del periodismo en Colombia es cínico o candoroso. El poder se ha refugiado en su sombra. Todo aquel que se ha intentado zafar de su abrazo ha sido condenado al ostracismo o a la misma muerte. Así fueron anulados Juan Guillermo Rios, el más valiente de los presentadores de noticias que ha tenido Colombia, así fueron asesinados Jaime Garzón, Guillermo Cano, Jorge Enrique Pulido. El periodismo en Colombia no destapa, no desenmascara. Si uno quita algunas crónicas de Castro Caicedo o de Salcedo Ramos no existe una tradición estilística como han tenido países con periodismo inmenso como los Estados Unidos. De Gay Talese para abajo. Independencia absoluta.

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Celebrar este 9 de febrero el día del periodismo en Colombia es cínico o candoroso. El poder se ha refugiado en su sombra

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Pero no seamos tan trascendentales. He visto en mis redes a más de uno quitándose la costilla y haciéndose la propia autofelación, al más puro estilo de Marilyn Manson, porque es el día del periodista. Es tan tonto esto, tan candoroso, como el idiota que le dice a sus amigos que lo feliciten porque cumpleaños. ¿Qué hay de honroso en pertenecer a un gremio desacreditado como pocos? En vez de esto, ¿no es mejor aprovechar el momento para hacerse una autocrítica? ¿Para pensar por ejemplo que la Comunicación Social como carrera es uno de los grandes fracasos? ¿Lo mejor no sería estudiar una humanidad y luego tomar el periodismo como un posgrado? Y uno va a ver y la gente que se autofelicita, por lo general, no solo no tiene talento sino que, lo más grave, no lo viven con pasión. Son gente a la que se le cae el lápiz a las seis de la tarde. Este es un oficio de garra, esta es una vocación. Como la literatura no se descansa. Siempre que se está leyendo, siempre que se sale a la calle, que se escucha la radio, o se habla con un taxista, se está pensando en la historia. Un verdadero periodista sabe que no se tiene una vida personal si se busca ser un gran periodista. Solo los mediocres tienen la disposición para darse palmaditas en la espalda o para quejarse y sentirse explotados porque “mi jefe me hace trabajar hasta los sábados”. Se supone que nos pagan por escribir, se supone que somos privilegiados, estamos tan cerca al poder, a las historias que genera el poder que ¿quién putas quiere tener una vida? ¿es más divertido entonces llenarse de chinos y cambiar sus pañales que armar una crónica?

Un verdadero periodista tiene el suficiente criterio que no hay nada mas lamentable que autofelicitarse porque es el día del periodista. Un verdadero periodista está tan ocupado que ni sabe que es el día del periodista. Es más, muchas veces, al verdadero periodista, al que conoce la historia de este país, sabe que no hay nada honroso en ser periodista en un país en donde los grandes medios son manejados por los grupos económicos.

No hay nada que celebrar. Mejor trabajen, ¡vagos!

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