Un país de sapos es lo que quiere Duque

Las redes de informantes, eufemísticamente llamadas de participación cívica, promovidas por el gobierno, recuerdan las viejas tácticas de los regímenes

Por: Gloria Gaitán Jaramillo
Febrero 07, 2019
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Un país de sapos es lo que quiere Duque
Foto: Twitter @IvanDuque

Tan pronto escuché a Duque diciendo que quiere repetir la conformación de una red ciudadana de informantes, como la que montó bajo su delictivo gobierno Álvaro Uribe Vélez, me horroricé.

Regresé de inmediato a los años 70 cuando fui embajadora en Rumania bajo el régimen del dictador Nicolae Ceaucescu, que implantó esas nefastas redes de soplones que convierten en verdadero suplicio cualquier conversación, cualquier gesto, cualquier amistad, porque se siente y se sospecha que el vecino, el amigo, el colega, pueden ser informantes.

Entonces nos inquieta que cualquiera pueda levantarnos falsos testimonios, tramando obtener beneficios del régimen, como es el caso de la Colombia que quiere modelar Iván Duque. Una Colombia marcada por los métodos de espionaje impuestos por todas las dictaduras. Así fue la España de Franco, la Italia de Mussolini, la Unión Soviética de Stalin, el Chile de Pinochet, para no nombrar sino estos casos, ya que no ha habido dictadura o “democracia dictatorial” que no haya empleado informantes, disfrazándolos de ciudadanos ejemplares para “salvar la patria”, o sea al régimen.

Esa sensación de inseguridad y recelo es la que comienza a flotar en el ambiente cuando un régimen decide corromper a los ciudadanos al convertirlos en agentes informantes. Desaparece la solidaridad, que exige confianza entre los seres humanos. Surge entonces la zozobra que nace de las sospechas sobre los demás. Es un sistema que corrompe y anula el espíritu ciudadano.

También Vargas Llosa recordó, en alguna ocasión que, cuando estudiaba en la Universidad en Lima, bajo la dictadura Odriísta “vivía en una inseguridad total. No sabías si el compañero de tu costado era un soplón enviado por el gobierno porque la universidad estaba impregnada de soplones”.

Cuando me enteré de que a Nicolás Ceaucescu y a su mujer los habían fusilado, no dudé por un instante que una de las motivaciones fue acabar con quienes sembraron la cizaña de la sospecha y el gesto anticristiano de la denuncia en el pueblo rumano. Porque se trata de un método netamente anticristiano al desconocer las palabras de Jesús cuando dijo: “¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: “¿Hermano, deja que te saque la paja de tu ojo”, tú que no ves la viga que tienes en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano” (Lucas 6, 41-42).

Porque lo cierto es que esas denuncias de los sapos sirven las más de las veces para vengarse del prójimo y para llevar a la cárcel al competidor del negocio, al dueño de una finca a la que se le ha puesto el ojo, a la mujer del otro o al esposo de la otra, pretendiendo que encarcelen al acusado para tener manos libres en la adquisición de lo que se desea.

La llamada “inteligencia” es tarea para miembros del Estado, no para despertar los malos instintos en la ciudadanía.

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