Un futuro con coronavirus...

¿El mundo será igual que antes?, ¿qué nos sorprenderá al mirar hacia atrás?

Por: DIEGO MARIO ZULUAGA OSORIO
junio 24, 2020
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Un futuro con coronavirus...
Foto: Leonel Cordero

La palabra coronavirus está siendo satanizada, si bien es cierto esta misma es peligrosa por su contenido físico (virus), en su conceptualización se está dando lo que han llamado el síndrome de la desinformación; por un lado una gran cantidad de noticias por todos los medios mostrando la peligrosidad del virus, pues mientras “la información fortalece, la desinformación desempodera al poner en peligro vidas y conducir a la confusión y a la discordia”[1], de ahí que está originando, odios, racismo, xenofobia en virtud de su contenido emocional.

Pese a lo anterior se ha generalizado otra expresión “no me toques”, que lleva precisamente a aislamiento, esto es, no poder acercarnos unos a otros y demostrar el afecto, sino que queda limitado a los ojos, esas miradas que a veces dicen todo y otras no dicen nada; relegando a ese afecto a una distancia, entre un metro y dos dependiendo de la cercanía con esa persona, que hace que refuerce ese vínculo con los demás.

“Hegel escribió que lo único que podemos aprender de la historia es que no aprendemos nada de la historia”[2] y en verdad, el futuro después del coronavirus es incierto, ese regreso a la normalidad para muchos no llegará, pues lo normal dejó de serlo para reclamar aquello que habíamos dejado de hacer, pues esa pandemia nos lleva a navegar entre el coraje, la esperanza y la empatía; hablar de sabiduría y claridad a través del liderazgo, del miedo, de la muerte y con todo ello pensar en cómo construir un mundo mejor, valga decir, construir nuestro futuro.

Ese futuro cambiará de dirección, esa crisis profunda está disolviendo el mundo como lo conocemos y en consecuencia tenemos que volver de la sociedad que vivimos, para concluir qué vamos a construir, pues como ha quedado dicho el futuro para muchos no es promisorio, los ricos serán más ricos, los poderosos serán más poderosos, los pobres serán más pobres, se desarrollarán las ciencias humanas por aquello que la pandemia afecta todo el tejido humano y social deformando esa aldea global en la que estábamos acostumbrados a sobrevivir.

Sin embargo, también nos sorprende ese distanciamiento autoimpuesto, no solo por el bien de nosotros sino de la sociedad, es decir, también somos artífices de ese futuro que, aunque incierto, nos lleva a determinarnos como individuos, a disfrutar de aquello que dejamos de hacerlo por el afán y el destiempo, no saboreamos la comida, no entendemos al conversar, y mucho menos comprendemos al leer. Leer las señales, los sueños e ideales, dejamos viejas amistades que hay que recuperar, actividades intelectuales o físicas, disfrutar de un tiempo que no teníamos y esa realidad utópica se convierte en el verdadero sentido de vivir.

Surgen entonces varios interrogantes, ¿el mundo se mueve igual que antes?, ¿es todo igual que antes?, ¿sabe el vino o el café como solía hacerlo?, ¿qué nos sorprenderá al mirar hacia atrás?

Y en efecto nos sorprende la velocidad de la tecnología, la práctica de las técnicas culturales, la incidencia de las teleconferencias, clases virtuales, el aprender y el desaprender; la casa convertida en una oficina improvisada y los malabarismos que realizamos para adecuarnos a esta nueva realidad. Cosas obsoletas se actualizaron, los teléfonos fijos para largas llamadas, los mensajes tomaron otra connotación, salimos de ese estancamiento al que nos había llevado el universo, un nuevo amanecer surge en el horizonte (M. Horx), haciendo que el mañana a pesar del insomnio, del cambio en el reloj biológico se vea como la luz al final del túnel, brillante, clara y transparente.

Debo reconocerlo, Colombia no está habituada a la lectura. No obstante, se conocen informes de aumento en la adquisición de libros, de su lectura y análisis, del tiempo hecho productividad emocional por aquello del yoga, del ejercicio en casa, actividades familiares grupales, es decir, estamos ganando en tranquilidad, en conocer y compartir con el otro, y nos asombra, además, ver cuánto humor y humanidad surgió realmente en los días del coronavirus, una experiencia inolvidable a través de la historia.

[1]. Periodismo, Libertad de Prensa y COVID-19. Unesco

[2]. Pandemia. Slavoj Zizek

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