Opinión

Un falso Dios

El mito más grande de la historia de la humanidad, el mito del dinero, ahora nos inventa a nosotros, condenándonos a la infamia, la violencia y la avaricia

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Agosto 21, 2018
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Un falso Dios
La deificación del dinero ha traído avances y descubrimientos provechosos pero también la voracidad destructiva y depredadora de la codicia insatisfecha

Nos costó notar su presencia. Era una sombra encorvada que tomaba largos tragos de cerveza fría sentado de mala gana en la barra del restaurante. Miraba fijamente la colección de licores del lugar, sin reparar en alguno en especial. Al oírnos hablar, se giró a medias, y pudimos reconocer en su cara ciertos rasgos andinos que nos eran familiares. Era uno de nosotros: un hombre moreno y alargado, de unos 50 años  -con mirada de orgullo vencido- que de inmediato nos preguntó de dónde veníamos. Respondimos. Nos contó que era ecuatoriano y que llevaba casi 20 años viviendo en Canadá. Llegado el primer silencio incómodo, propio de los diálogos que apenas comienzan, nos confió su historia de vida: había sufrido un grave accidente laboral y a título de compensación había recibido medio millón de dólares y una asignación mensual que le permitía vivir con holgura. Honrando la orfandad propia del viajero le preguntamos si había regresado a su Guayaquil natal: “No, no regresé” respondió de inmediato. Luego, convencido de la respuesta, nos preguntó: “¿Para qué volver?, aquí se vive muy bien, aunque se esté solo”. Mientras nos hablaba ocultaba su pie derecho en el soporte inferior del taburete en el que permanecía sentado; intuimos que su accidente algo tenía que ver con ese inusual gesto de vergüenza. La conversación en un par de minutos se agotó. La sombra regresó a su ensimismamiento. Pidió otra cerveza con una seña rápida. Antes de salir del lugar nos despedimos mediocremente. Con un asomo de sonrisa, el extraño, nos dijo adiós.

Quizás una de las características más particulares del lenguaje humano es su capacidad para contar lo que no existe. Miles de años atrás, los primeros intentos de comunicación del hombre con el mundo exterior dieron a luz a primitivos mitos y llamativas fábulas que incluían extensas conversaciones con árboles, discusiones con piedras y montañas y consejos recibidos de animales nocturnos.  Tal y como lo explica Yuval Noah Harari en su exitoso y entretenido libro “Sapiens” este rasgo narrativo –aún presente- permitió la creación de verdaderas estructuras de cooperación que dieron origen a todas y cada una de las religiones, al estado democrático moderno e incluso sostienen la confianza ingenua que muchos depositan en los mercados de valores.

 

Somos los mitos que creamos, repetimos y transformamos.
Para bien y para mal.

 

 

El mito se convirtió en la razón para trabajar juntos, defendernos y emprender riesgosos viajes en búsqueda de parajes imaginarios y bonanzas interminables. Por milenios el ser humano creó los relatos necesarios para encontrar sentido a la finitud de sus vidas y a su paso, atravesar océanos, construir ciudades y viajar al espacio. Por supuesto, también sustentó –y aún sustenta- terribles y atroces abusos y violencias, muchas de ellas amparadas en artificios y fantasías. Somos los mitos que creamos, repetimos y transformamos. Para bien y para mal.

Observa el profesor Harari que no ha existido en la historia de la humanidad un mito de mayor alcance y universalidad que el construido alrededor del dinero. Este mito incluye un esfuerzo imaginativo inmenso y superior: la idolatría de sus objetos (antes conchas marinas ahora billetes y monedas). La deificación del dinero ha traído consigo, sin duda, avances y descubrimientos provechosos para la humanidad pero a la vez, ha hecho evidente la voracidad destructiva y depredadora que trae consigo el absurdo de la codicia insatisfecha.

Para los teóricos clásicos, el crecimiento económico que traería el movimiento del dinero pondría de manifiesto la benevolencia y generosidad del alma humana y multiplicaría las posibilidades para todos (lo que justificaría la existencia del mito). Aunque sucedió todo lo contrario el mito resultó muy exitoso, tanto así, que ahora parece una bestia que ya no obedece más a su amo; un traicionero monstruo que define nuestros límites y posibilidades, determina quienes somos y predice nuestro futuro con precisión.

El mito ahora nos inventa a nosotros, condenándonos a la infamia, la violencia y la avaricia. Un mito que hace desaparecer la confianza del hombre en su prójimo y lo reduce a un instrumento afilado de fácil manipulación, un débil y enceguecido creyente sometido al poder arbitrario de un falso Dios.

@CamiloFidel

 

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