En los recreos de colegio siempre aparecía el mismo personaje: el niño dueño del balón. Cuando el partido no le gustaba, cuando el árbitro no pitaba a su favor o cuando simplemente se enfadaba, tomaba el balón, lo abrazaba y se iba para la casa, dejando a todos los demás jugadores mirando la cancha vacía.
Algo parecido está ocurriendo en la relación entre el Gobierno y el Banco de la República.
Molesto con las decisiones de la Junta Directiva sobre las tasas de interés, el presidente Gustavo Petro decidió retirar al ministro de Hacienda de las sesiones del órgano que precisamente preside. La escena, vista desde afuera, tiene algo de metáfora infantil: si el partido no se juega como quiere el dueño del balón, entonces el balón se recoge y se acaba el juego.
Cómo funciona realmente la Junta del Banco de la República
El diseño institucional del banco central colombiano no es un capricho ni un detalle técnico menor. La política monetaria, es decir entre otras cosas el costo del dinero, no la decide el presidente de la República ni el ministro de Hacienda, porque la Constitución Política de Colombia de 1991 estableció deliberadamente que esa responsabilidad debía recaer en una autoridad técnica independiente, justamente para evitar que los ciclos políticos o las urgencias del poder de turno interfieran con la estabilidad económica.
Por esa razón la Junta Directiva está compuesta por siete miembros: el gerente del banco, cinco codirectores independientes y el ministro de Hacienda, quien además la preside. Los codirectores tienen períodos fijos y escalonados, un mecanismo pensado para que ningún gobierno pueda capturar completamente la política monetaria ni moldearla según sus necesidades inmediatas.
El artículo clave sobre la presencia del ministro
Existe además un detalle jurídico que vuelve la escena actual aún más delicada. El artículo 35 del Decreto 2520 de 1993, que reglamenta el funcionamiento del banco central, establece que la Junta Directiva solo puede sesionar con la presencia de al menos cinco de sus miembros y uno de ellos debe ser el ministro de Hacienda.
Las decisiones, además, requieren mínimo cuatro votos favorables.
Esto significa que el ministro no es un participante opcional ni una figura protocolaria dentro de la Junta. Su presencia forma parte del diseño institucional que permite que ese órgano funcione y tome decisiones.
Por esa razón retirar al ministro de las sesiones no es simplemente un gesto político o una señal de inconformidad. En términos prácticos equivale a sacar el balón de la cancha institucional, porque sin su presencia el funcionamiento normal de la Junta queda inevitablemente tensionado.
Petro celebraba la caída de la inflación
La ironía es que hace apenas unos meses el propio presidente Petro celebraba públicamente la reducción de la inflación en Colombia. En distintos mensajes afirmó que “la inflación está cayendo en Colombia” y que “Colombia está logrando controlar la inflación”.
Ese resultado, sin embargo, no fue producto de discursos presidenciales ni de decisiones políticas, sino consecuencia directa de la política monetaria restrictiva que aplicó la Junta del Banco mediante el aumento de tasas de interés.
Hoy el discurso cambió. Petro sostiene que la Junta estaría “defendiendo una economía rentista” y que sus decisiones “están asfixiando la economía productiva”, una crítica que revela una paradoja evidente: cuando la política monetaria produce resultados positivos se celebra, pero cuando esa misma institución mantiene su independencia frente al Gobierno se convierte en adversario.
La carta de los economistas
La reacción de la comunidad económica no tardó en aparecer. Más de 300 economistas colombianos firmaron una carta pública defendiendo la autonomía del banco central y recordando que esa independencia ha sido uno de los pilares de la estabilidad macroeconómica del país durante más de tres décadas.
El cuestionado nombramiento del ministro
La polémica también ha alcanzado al actual ministro de Hacienda Germán Ávila Plazas.
En una columna que publiqué en Las2Orillas, lo describí con una expresión que resume buena parte de las críticas: “un ministro marioneta”. Señalé su limitada experiencia en áreas clave de la política macroeconómica, como el manejo de deuda soberana, la relación con mercados financieros internacionales, la política fiscal o la coordinación macroeconómica. Venía de manejar una empresa constructora con un capital menor a $ 1.500 millones y con su militancia en el M-19. Lealtad ideológica.
En ese contexto, la imagen resulta inevitable: el ministro que preside la Junta es también quien se levanta de la mesa y se lleva el balón.
La contradicción financiera
El problema, sin embargo, no es solamente institucional. También es económico.
Mientras el Gobierno critica las tasas del Banco de la República, Colombia está pagando cerca del 14 % para endeudarse en dólares en los mercados internacionales, una cifra que refleja la percepción de riesgo que tienen hoy los inversionistas sobre el país.
El costo fiscal que enfrenta el país
Las cifras ayudan a dimensionar lo que está en juego. Colombia planea emitir cerca de $85 billones en deuda interna, y parte de esos recursos se está colocando a tasas cercanas al 14 %, cuando hace apenas unos años el país se financiaba alrededor del 8 % o 9 %. El timón económico está en manos de un ministro populista que exige 9 % al Banco Central mientras que el negocia deuda en el exterior y paga 14 %. Su estrategia es electoral, mostrando a la Junta Directiva del banco como enemiga del pueblo.
El timón económico está en manos de un ministro populista que exige 9 % al Banco Central mientras que el negocia deuda en el exterior y paga 14 %. Su estrategia es electoral, mostrando a la Junta Directiva del banco como enemiga del pueblo.
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