Un capitalismo suave para un presidente débil

"En estas circunstancias la economía naranja de Duque no bajará de una bonita anécdota que impulsará un par de empresas que en 10 años cerrarán"

Por: Jonathan Cardona Correa
septiembre 06, 2018
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Un capitalismo suave para un presidente débil
Foto: Twitter @IvanDuque

Desde la posesión de Iván Duque en la Casa de Nariño se empezaba a notar que iba a gobernar un estilo más tecnocrático, característico de una derecha globalizadora, que busca convertir al Estado en un simple administrador de recursos, mientras que deja a la empresa privada ser la distribuidora de los servicios básicos de la sociedad.

Por esto Duque muy rápidamente hizo de su punta de lanza política la necesidad de facilitar las herramientas para la aceleración de la industria naranja y las economías de servicios en general, ya que la tendencia mundial es la deslocalización del capital en bienes reales y el impulso a la alta rentabilidad de los servicios, por sobre la economía real.

Así premiándose más la fragilidad laboral en pro de una mayor empleabilidad de la población, que desde hace casi 30 años ha asumido como nefasto y atrasado el trabajo en la fábrica, la mina o la granja, la población en general ya ha asumido que bajo las nuevas condiciones mundiales la única manera de prosperar es ofrecer productos de poca duración y que sean muy demandables. Entonces, las mayorías empiezan a montarse en el mercado del entretenimiento y el falso lujo, esperando solamente sobrevivir en un mundo donde las plazas para las industrias pesadas están absolutamente llenas.

Ahora es una tontería pensar en montarle competencia a empresas como Google, Samsung, Caterpillar o a escala local EPM o Ecopetrol. El periodo para hacer eso fue la segunda mitad del siglo pasado. Estas industrias consolidadas son la base de nuestro mundo líquido (a falta de una definición histórica para la era en la que vivimos).

Sabiendo esto, ahora lo que se busca es utilizar las redes que generar estas grandes compañías como telón de fondo para poder montar las empresas propias y poder generar alguna ganancia.

Duque es consciente de esto y no le interesa en lo más mínimo cambiar este orden de las cosas, solo quiere pulir los mecanismos que tiene el capital para optimizar los servicios que se prestan desde estas redes ya establecidas.

Todo eso está muy bien, pero Iván Duque no parece estar consciente de que las economías que son cabeza de lanza en este tipo de industria tienen detrás todo el capital productivo de potencias de primer nivel y generalmente compañías de escala mundial, que pueden generar las grandes redes necesarias para que las compañías de servicios triunfen.

Corea del Sur, Japón, Estados Unidos, la Unión Europea. Todos son economías que tenían industrias mundiales antes de lanzarse al negocio de los servicios, todas son economías con experiencia en las cadenas de distribución mundial, y que gracias a esta experiencia pueden llevar sus servicios de una manera eficiente a todo el globo, permitiéndole las compañías apostadas en estas economías obtener rentabilidades insanas.

Colombia por su parte, al igual que la totalidad de América Latina, es una economía extractivista, no el nodo central desde donde la red se expande a otras economías, sino el punto final de llegada de los capitales internacionales, teniendo así una cadena de distribución débil incluso en el mismo país.

Volviendo imposible convertir en política de Estado asumir una participación activa frente a la globalización y llevar nuestros productos al mercado mundial, como lo dije antes nuestras cadenas de distribución son débiles, haciendo que incluso la promoción de productos a escalas departamentales sea todo un desafío para aquellos que quieran hacer prosperar una empresa.

A todo esto hay que añadirle que no hay capital humano en el país para crear empresas destacadas por su venta de servicios, pues el grueso de la población se le educa desde lo institucional y lo cultural a trabajar para vender un producto o crear un recurso, nunca para añadirle valor agregado a lo que tiene a la mano y así generar mayor rentabilidad por hora trabajada.

En estas circunstancias la economía naranja de Duque no bajará de una bonita anécdota que impulsará un par de empresas que en 10 años cerrarán, estando 5 años estancadas en el mercado local, o puede que ni eso gracias a que el ministro Carrasquilla golpeará con fuerza al consumidor colombiano, en pro de crear más empresas que quiebren rápido y facilitar las ganancias del sector financiero.

Así las débiles propuestas de convertir el capitalismo suave en un sector fuerte de la economía, como puede ocurrir en los países confucianos (menos Vietnam), en la Unión Europea o Estados Unidos, pasarán sin pena ni gloría como otro intento más desde el Estado de intentar llevar progreso al país.

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