Trump versus Biden: un cara a cara en medio del caos

El debate de ayer fue caótico, evasivo y bastante confuso, convirtiéndose en una clara muestra del estado de ánimo en el cual se encuentra la unión americana

Por: Fredy Alexánder Chaverra Colorado
septiembre 30, 2020
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Trump versus Biden: un cara a cara en medio del caos

El debate presidencial más recordado en la historia de Estados Unidos se registró en los estudios de la CBS el 26 de septiembre de 1960 entre Kennedy y Nixon. No solo fue el primero en una larga tradición de debates televisados, sino que marcó un giro trascendental en la contienda a favor del demócrata que concluiría en su victoria sobre el candidato republicano. Sin duda en el país del norte los cuatro debates son un acontecimiento de gran importancia en la carrera por la presidencia y más en una elección atravesada por la pandemia y las restricciones para convocar eventos masivos. Así quedó en evidencia durante el primer cara a cara entre Trump y Biden, sin el protocolario apretón de manos, los candidatos se adentraron en un debate caótico, sin forma, evasivo y bastante confuso. Clara muestra del estado de ánimo en el cual se encuentra la unión americana.

A Trump lo asalta el temor de encontrarse rezagado en las encuestas y que su capacidad de navegar sobre escándalos se volvió a poner a prueba tras la publicación del New York Times que lo graduó como un evasor profesional. Asimilar que un magnate inmobiliario multimillonario pagó en impuestos federales 750 dólares, resulta difícil para la base trumpista fuera de los fieles “hombres blancos enojados” (Angry white male) que en 2016 fueron determinantes para su victoria. Con esta presión en el primer debate televisado (se estima fue visto por 100 millones de personas) el clásico Trump sacó su arsenal: insultos, improperios, interrupciones constantes y más ataques, pues tiene claro que la mejor defensa es el ataque. Actitud que desdibujó el objetivo principal del debate y que convirtió a Chris Wallace (estrella de Fox News) en mediador más que en moderador.

La postura de Biden resultó más aplomada y serena; sin embargo, al vicepresidente de la era Obama le faltó mayor contundencia. Con el tema de la evasión fiscal tenía un motivo suficiente y reciente para agitar la inestabilidad de Trump y su cuestionable interés por aportarle al tesoro del país que prometió “hacer grande otra vez”. Ese tema pasó de agache y Biden perdió una oportunidad de oro para explicarle al americano promedio que ha aportado más en impuestos que un hombre riquísimo. Aunque sí le exigió que tomará posición frente a los supremacistas blancos y condenara los hechos de violencia en las recientes movilizaciones ciudadanas, el presidente evadió el tema y Biden no insistió. A pesar de 73 interrupciones el demócrata no se dejó desestabilizar, pero no escatimó la oportunidad para tildar a Trump de “payaso” y calificarlo como el peor presidente de los Estados Unidos.

Fue un debate sin norte en el cual Trump hizo lo posible por evitar tocar a profundidad temas sensibles como su cuestionable manejo de la pandemia (que a la fecha le ha costado la vida a más de 200.000 personas); su discurso de odio en medio de las movilizaciones contra el racismo y su errática política exterior. Al atacar y atacar Trump buscó y logró evadir su responsabilidad con temas que trazan los mayores lunares de su gestión. Tal vez la serenidad de Biden le jugó en contra en ese sentido, pero demostró que no es el anciano senil que dice Trump o que se encuentra totalmente desconectado de los principales problemas del país; su diagnóstico es directo y marca la línea a seguir en los próximos tres debates (donde debe ser más contundente y meter más presión): “Con este presidente nos hemos vuelto más débiles, más enfermos, más pobres, más divididos y más violentos”.

En un país sumido en una profunda polarización y en medio de la mayor crisis sanitaria de su historia, la carrera por la presidencia resulta crucial para su estabilidad y también de buena parte del mundo, dada su influencia como potencia mundial. Por eso, los siguientes debates van a generar mucha expectativa, más sobre Biden ya que el repertorio de Trump es muy conocido. El reto del demócrata consiste en presentar de la forma más clara posible el rumbo hacía donde va el país en la era Trump y demarcar su responsabilidad, personal y administrativa, en la agitación social y la crisis económica que no hicieron “grande a América” durante su gobierno. Puede que los debates no influyan sobre quienes ya tienen decidido su voto, pero sí son una oportunidad valiosa para atraer indecisos o reducir a sectores menos radicalizados. Ese podría ser el elemento clave que repita el sentido del histórico debate que, en 1960, en menos de dos horas, le garantizó la victoria a Kennedy sobre Nixon.

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