Tres derrotas en línea del imperialismo

"Mao Tse Tung acertó al no tragarse el cuento de este sistema y al calificarlo como un tigre de papel"

Por: Carlos Támara
julio 31, 2020
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Tres derrotas en línea del imperialismo

Yo tenía el propósito de escribir este artículo desde que a partir de la crisis del coronavirus advertí con anticipación meridiana que Estados Unidos pelaría el cobre a nivel mundial bajo el gobierno absolutamente letal y catastrófico de Trump haciendo del mayor histrión de la noche oscura del neoliberalismo imperante, mientras posa de inteligente.

Y es que el imperialismo como sistema siempre ha hecho ostentación de ser inteligente, metiendo caña, menos ante Mao Tse Tung que no se tragó el cuento y lo calificó de farsante internacional como un tigre de papel.

Y eso es, ahora mismo mucho más que nunca.

La lección que quería extraer de ello significaba, o quería significar, una guía para los gobiernos como los de mi país flagrantemente rodillones con los Estados Unidos.

En esas estaba aunque me sentía solo. Pero vino en mi auxilio un texto que compara la situación de la Unión Soviética poco antes de caer la Cortina de Hierro, con la situación actual de Estados Unidos. Y ahí me soltaron el siguiente chiste internacional. Es corto y muy bueno: “Según una historia popular, un joven que gritó en la Plaza Roja que el decrépito líder soviético Leonid Brezhnev era un idiota terminó siendo sentenciado a 25.5 años de prisión; seis meses por insultar al presidente del Presidium del Soviet Supremo, y 25 años por revelar secretos de estado”.

¡Absolutamente genial! Que Trump sea idiota nadie lo duda, que sea un secreto de estado, tampoco.

Además me daba el ambiente para lo que quiero decir. Estados Unidos fue derrotado en Vietnam por una tenaza armada entre Ho Chi Minh y Vgo NGuyen Giap. Parece que la estrategia fue armada por el segundo, genio militar de no más de metro y medio de estatura que al parecer, recordando a Napoleón, son mejores mientras más pequeños. Giap supuso guiado por lo que había dicho Mao que Estados Unidos era tan fácil de derrotar casi por la misma razón por la que David venció a Goliath: cómo podría ganarnos una guerra un animalote tan grande que no puede rascarse las pelotas. Mientras desataba su guerra de guerrillas, Ho Chi Minh lo ponía en evidencia internacional desde su lucha diplomática en París.

Luego Estados Unidos perdió con Osama Bin Laden la primera y única guerra instantánea de la historia. Con una sola batalla: que un avión se estrelle contra una torre y la despedace es aceptable, pero que dos caigan verticalmente, casi sin despabilar, ya es otro cuento. La vulnerabilidad interna de Estados Unidos se hizo más que evidente. Que luego hayan transcurrido más de 5 años en vengarse tras gastarse miles de millones de dólares para matar a One pinche persona y a sus hijos y mujeres no dejó de ser una ostentación grotesca de un gigante rascándose las pelotas y destripándose los piojos de allá abajo.

Y ahora esta sellando su tercera derrota en línea.

Voy a decirlo, con la voz del articulista que me ha dado el aliento:“Bajo el presidente Donald Trump, Estados Unidos se ha convertido en una vergüenza internacional”. La mayor potencia de la historia yendo más allá de 150.000 muertos con velocidad de crucero luego que su presidente, haciendo alardes histriónicos, dijera que derrotaría la gripita.

¡Y el rancho ardiendo!

Pero hay algo adicional en el gobierno de Trump. Al lanzar el ejército injustificadamente contra los manifestantes fuera de la voluntad de los gobiernos demócratas federados y, sobre todo, lesionando moralmente su identidad como nación, está haciendo que la inteligencia de la lucha de masas en Estados Unidos desarrolle su máximo esplendor. La guerra en las calles es simétrica: aprenden a contrarrestarla los ejércitos, pero las masas y sus más connotados líderes militares también saltan de igual a igual. Y esto es una oportunidad: la gente puede sentir de cerca el olor a cadaverina del régimen…

Y es que este tipo comenta la crisis de fondo en que se encuentran los Estados Unidos. Por ejemplo:

De hecho, muchos aspectos del actual annus horribilis de Estados Unidos recuerdan los últimos años de la Unión Soviética, comenzando con la intensificación del conflicto social y político. En el caso soviético, las rivalidades étnicas reprimidas durante mucho tiempo y las aspiraciones nacionales en competencia emergieron rápidamente, empujando a todo el país hacia la violencia, la secesión y la desintegración. En los Estados Unidos, la respuesta de Trump a las protestas nacionales contra el racismo, la brutalidad policial y la desigualdad ha sido avivar aún más la histórica división racial del país. Y, como las estatuas de Lenin durante el colapso del imperio soviético, las estatuas de los líderes confederados se están derrumbando en casi todas partes. Nadie pensó que el sistema soviético realmente colapsaría.

Yendo a fondo inicia con algo divertido:

Al evaluar el estado del sistema estadounidense, es importante recordar que los economistas no son muy buenos para predecir. Toda su disciplina se basa en la extrapolación de las condiciones contemporáneas en el supuesto de que los fundamentos subyacentes de lo que se está analizando no cambiarán. Sabiendo muy bien que ésta es una suposición poco realista y absurda, los economistas a menudo emulan a los teólogos medievales vistiendo sus pronósticos en lenguaje arcano y jerga. Uno no necesita saber latín para invocar ceteris paribus ('mientras las otras cosas permaneces iguales') como premisa de los pronósticos.

Un economista previó que el predominio del patrón dólar perduraría y acota: “La pandemia de COVID-19 está impulsando una forma de globalización más digitalizada. Mientras el movimiento transfronterizo de personas y bienes se desploma, la información fluye como nunca antes, dando paso a una economía cada vez más ingrávida".

Por eso da este puntillazo:

Más aún, el largo reinado del dólar sobre el sistema financiero internacional dependía de que Estados Unidos permaneciera económicamente estable, financieramente creíble y culturalmente abierto. Ahora que las disfunciones del sistema de EE. UU., se están dejando al descubierto, el resto del mundo puede comenzar a cuestionar su competencia básica y su efectividad estatal.

Luego, añade:“La crisis de COVID-19 es un buen ejemplo. En términos de la cantidad de casos y muertes, y la efectividad de contener el virus, Estados Unidos ha tenido un desempeño pobre en relación con la mayoría de los demás países, y todos los demás países desarrollados”.

Y luego suelta una premonición: “En estas condiciones, el dólar no podrá comprar tanto internacionalmente como antes, e incluso puede comenzar a parecerse al viejo rublo soviético, incluso si hay un cambio dramático en el liderazgo y la estrategia. Después de todo, Mikhail Gorbachev no sucedió de inmediato a Brezhnev y cuando llegó al poder e introdujo la perestroika, ya era demasiado tarde. El malestar se había vuelto terminal”.

Lo que extraigo es que incluso si un eventual gobierno demócrata diera un timonazo podría ser demasiado tarde: ya todo el mundo habría despertado del letargo y de la anestesia norteamericana.

Pero hay algo peor: si la mortandad del coronavirus llega a ser como se dijo de 2.5 millones de ciudadanos, no habrá quién pueda defender que ese imperio no está desecho, casi que por consunción moral, que no física o militar.

Bueno, a ese burro seguimos amarrados...

Nota. El artículo en cuestión se denomina América soviética tardía, fue escrito por Harold James, un profesor de la Universidad de Princeton, y aparece en International Politics and Society.

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