¡Treinta años sin Galán!

Un relato en homenaje al aniversario de la muerte de uno de los grandes representantes del Nuevo Liberalismo, quien fue vilmente asesinado

Por: Rafael Angel Gómez
agosto 21, 2019
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¡Treinta años sin Galán!
Foto: Archivo El Espectador

Recuerdo que conocí a Luis Carlos Galán a través de los medios de comunicación cuando arrancaba su batalla disidente después de la convención del partido Liberal realizada en Medellín en el año 1981.

Para entonces Galán se erigía como la alternativa de un Partido Liberal envejecido, sin ideas innovadoras, con las contradicciones ideológicas propias de ser, según la definición del momento, una “coalición de matices", en donde coexsistían hombres como Julio César Turbay, de un pensamiento de derecha radical, pero de una tolerancia extrema y un Alfonso López Michelsen, un aristócrata y buena vida, de centro izquierda, pasando por líderes sindicalistas, empresarios y todo lo que representó el Partido Liberal en los siglos XIX y XX entre guerras, elecciones y hegemonía conservadora.

Todo eso forjó al partido de mediados del siglo XX donde aparece la figura encumbrada de Jorge Eliécer Gaitán, el Caudillo liberal que marcaría la historia política de todo ese siglo y cuyo asesinato desató la más cruel guerra civil, definición que se da cuando gentes de un mismo país se matan entre sí por intereses políticos y económicos. Es en ese escenario histórico donde a Galán, quien nace en 1943, cinco años antes del magnicidio de Gaitán, le tocó conocer de cerca esa violencia partidista de los 40 y 50 y ser testigo del nacimiento del Frente Nacional, del cual de alguna manera fue fruto porque a los 26 años, en representación del Partido Liberal fue ministro de Educación del gobierno de Misael Pastrana Borrero, quedando registrado para la historia que él mismo firmó su título de abogado de la Javeriana.

Ese fue Galán, protegido por Eduardo Santos, expresidente liberal y dueño del diario El Tiempo. Un hombre de una oratoria exquisita, de hondas convicciones y de una perseverancia sin límites, cualidades que paradójicamente señalaron el camino de frente a su propia tragedia, pues íntimamente presentía que estaba más cerca de ser Mármol esculpido que de llegar al solio de los Presidentes.

Ese fue el Galán que conocí, al que seguí y con el que sentí una conexión especial siendo yo un joven de 19 años.

Lo conocí en Bogotá en 1983 en un concurso de oratoria patrocinado por el Nuevo Liberalismo, donde participé con relativo éxito y me invitó a su movimiento, lo cual acepté sin pensarlo y sin titubeos. Pero es a mediados de 1988 cuando me pide que me vaya a mi departamento para liderar y buscar apoyo para su candidatura, no desde el movimiento Nuevo Liberalismo, del cual nunca hice parte, sino de uno diferente en ese momento coyuntural: liberales con Galán.

Mi llegada a esta organización buscaba recoger a dirigentes históricos del Nuevo Liberalismo y a los jóvenes que teníamos sintonía con el proceso de unidad del partido que proponían Galán y Turbay. Lo entrevisté como periodista en Sincelejo en la casa de Miguel Nule Amín, hoy condenando por la masacre de Macayepo, ahí fue además el acercamiento de mi madre Magola Gómez Pérez con Luis Carlos Galán, ella era Representante a la Cámara y muy cercana a la candidatura presidencial de Alberto Santofimio Botero, una de esas ironías de la vida, por lo que el futuro depararía a estos dos personajes del siglo pasado, uno a la historia y el otro a la cárcel, mentes brillantes, antagónicas, cuyas diferencias nunca se zanjaron en el escenario de la democracia sino determinadas por manos criminales, según lo demostró la justicia que condenó a Santofimio, como determinador del magnicidio de Galán.

Traje a Luis Carlos Galán a su última visita a Córdoba el 8 y 9 de mayo de 1989 meses antes de su muerte, fuimos a Cartagena al cierre histórico de su movimiento el nuevo liberalismo, terminaba la aventura disidente y como me confesara en la entrevista de Sincelejo era “como pasar de avión pequeño de menor autonomía y capacidad de pasajeros, a un airbus grande, con autonomía superior".

Ese discurso de Cartagena, que él mismo llamó Cartagena y la historia, fue calculado especialmente para esa ciudad y el sitio donde pronunció sus palabras casi que premonitorias: “ya entronizado en el pedestal de los inmortales", se sentía más mármol que carne, de ahí en adelante la historia la sabemos una gran parte de los colombianos, pero no esta nueva generación que debe conocer a Galán y así como en Netflix se produjo una serie de la vida de Luis Donaldo Colosio, el líder mexicano contemporáneo con Galán, así la llegada de una de Galán nos ayudaría a los colombianos a conocer cómo se truncó la vida de uno de los mejores colombianos del siglo XX.

En nuestra próxima entrega: Galán y su recorrido por Córdoba el 8 y 9 de mayo de 1989.

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