Travesía contra la muerte en el Tapón del Darién

Además del paludismo, ranas y serpientes, haitianos deben sobrevivir a bandas criminales que operan en esta zona. Una crónica de su travesía por el sueño americano

Por: Fabio Larrahondo Viáfara
octubre 19, 2021
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Travesía contra la muerte en el Tapón del Darién
Foto: Wikimedia

En la terminal de buses de Cali los he visto extenuados, tristes, con hambre, solo alimentados con la esperanza de llegar a Estados Unidos, siempre y cuando sobrevivan a los desafíos del Tapón del Darién o vencer al mar para comenzar la travesía centroamericana.

Se trata de decenas de haitianos, incluyendo familias conformadas por papá, mamá y hasta tres o más niños. Al desconcierto y temores se suma la diferencia de idioma; la mayoría apenas domina unas cuantas palabras del español, hablan francés.

A Cali llegan de paso y por lo general no se alejan de la terminal de transportes, su deseo es abordar cuanto antes buses que los lleven a Medellín y de allí partir hacia Necoclí y emprender rumbo a Panamá, siempre y cuando tengan dinero y puesto en embarcaciones.

Si no hay oportunidades de embarcarse surge la opción de pagar a baquianos y emprender la travesía del llamado Tapón del Darién, el mismo que siempre se nos enseñó que era inexpugnable, inconquistable por las exigencias del clima, los pantanos, el paludismo, la malaria y otras enfermedades endémicas, además de fieras, serpientes y ranas venenosas… y las bandas criminales.

Los inicios del drama

Provienen de países del sur, especialmente de Chile, Perú y el mismo Ecuador a donde viajaron tiempo atrás y ahora se mueven atraídos por las gigantescas marchas de migrantes que desde el 2019 comenzaron a movilizarse desde Guatemala rumbo a Estados Unidos, país que ha reforzado su frontera con México para impedir el ingreso de estas corrientes.

Ya hemos visto cómo en la frontera son repelidos de manera violenta, hasta con caballos se les persigue. El propio presidente Joe Biden ordenó suspender esas acciones. Igualmente, las marchas de migrantes son repelidas en las fronteras de Honduras, Guatemala y México.

 El fenómeno en suelo colombiano comenzó a ser detectado en Nariño hace cinco años, aunque se trataba de grupos pequeños que se desplazaban hacia Cali en buses o pequeñas busetas. A diferencia de los venezolanos no lo hacían a pie. El panorama cambió a partir del 2000 ya se detectó la presencia de grupos cada vez más frecuentes y numerosos; fue cuando aparecieron familias enteras y hasta grupos de caminantes.

Su presencia comenzó a hacerse notoria en Pasto, Popayán y Cali, ciudades que les han servido de escala, pues la intención no es quedarse en ellas, así tengan más oportunidades que en el propio Haití; la meta es Estados Unidos, es su "sueño americano".

Emergencia humanitaria

La realidad de lo que se está viviendo ya llama la atención de la comunidad internacional y de organismos orbitales. Por ejemplo, la Unicef, que trabaja por la niñez y es organismo adscrito a la ONU, acaba de publicar un informe donde califica de emergencia humanitaria lo que se está viviendo en esta travesía a su paso por el Tapón del Darién.

Revela Unicef que en lo que va corrido del presente año, por lo menos 19.000 niños han cumplido con la travesía del Tapón del Darién, “cifra que es casi tres veces superior al número que se contabilizó durante los últimos cinco años”. 

Advierte Unicef en su informe que “en este enclave las familias migrantes con niños están especialmente expuestas a la violencia, los abusos sexuales, la trata y la extorsión por parte de bandas criminales”. Agrega la entidad: “Además, los niños que intentan cruzarlo también corren el riesgo de contraer diarrea, enfermedades respiratorias, deshidratación y otras dolencias que requieren atención inmediata”.

A tanto llega la odisea que la directora de Unicef para América Latina y el Caribe, Jean Gouch, no duda en llamar “sobreviviente” a cada niño que cruza el mencionado enclave selvático.

En el referido informe la citada directora regional de Unicef dice: "En lo más recóndito de la selva, los robos, las violaciones y la trata de personas son tan peligrosos como los animales salvajes, los insectos y la falta absoluta de agua potable. Semana tras semana, hay más niños que mueren, que pierden a sus padres o que se separan de sus familiares durante este peligroso viaje".

 Solidaridad... solidaridad

Volviendo atrás, en Cali cuando pernoctan varios días en la terminal de transportes, el gobierno local les ofrece ayudas humanitarias, incluyendo atención en salud, en especial para los niños, los menores de edad y las mujeres. Restaurantes, panaderías y otros locales comerciales también les dan la mano, al igual que grupos humanitarios que funcionan en esta ciudad.

Para estos migrantes el agua potable también es una ayuda clave que suelen recibir a su paso por Pasto, Popayán y Cali, pues resulta esencial para los niños, que en la gran mayoría de los casos van más desconcertados, pues no saben la magnitud del riesgo que corren ni los motivos.

Todas las falencias y necesidades terminan por multiplicarse en Necoclí, pequeña población del Urabá antioqueño convertida tanto en puerto de embarque vía océano Pacífico o en punto de salida para cruzar el Tapón del Darién.

Necoclí tiene tres playas bastante visitadas por turistas en temporadas normales, pero en estos tiempos se han convertido en verdaderos campamentos de haitianos y algunos venezolanos a la espera de embarcarse o de emprender la peligrosa caminata por la selva del Darién o Tapón del Darién, en los límites entre Colombia y Panamá, país donde habitan comunidades indígenas.

Su población habitual llega a 3.000 personas y, por estos tiempos, los migrantes en espera de salida pueden llegar a 12.000 y hasta 15.000, lo cual desborda la capacidad de respuesta sanitaria y hotelera. Queda a 380 kilómetros de Medellín y exige casi siete horas en bus para llegar allá.

Como era de esperarse los turistas no han vuelto, pues Necoclí se encuentra en emergencia sanitaria debido a la población flotante que supera cualquier previsión. Hay familias que se han estrechado más y alquilan cuartos en sus humildes viviendas.

El transporte informal por mar hace de las suyas partiendo en horas de la noche desde sitios que escapan por momentos a la vigilancia oficial. Suelen llevar sobrecupo y falta de equipos de salvamento, como chalecos y flotadores. Esta semana que termina, por ejemplo, la Armada Nacional logró rescatar a más de 20 pasajeros de una lancha que zozobró, tres se ahogaron.

De allí, del sitiado Necoclí, igualmente se hacen las transacciones para emprender la travesía por el Tapón del Darién, donde cualquier cosa puede suceder.

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