Texto escrito por: Jaime Vélez Guerrero
La principal entidad territorial del litoral Caribe colombiano no puede continuar avanzando a la deriva, sin una visión de futuro sustentada en metas de largo alcance que orienten la evolución de una metrópoli que exige modernización de sus infraestructuras físicas, fortalecimiento institucional, diversificación productiva y políticas públicas sostenidas. La ausencia de una hoja de ruta seria ha permitido la persistencia de problemas sociales, el rezago en sectores clave y una pérdida de competitividad frente a otras capitales del territorio nacional.
Durante más de dos décadas, la administración distrital y la Gobernación del Atlántico han estado bajo la influencia política del clan Char. Ese prolongado control del poder pudo haberse aprovechado para forjar un modelo de desarrollo y preparar a la ciudad para los retos del siglo XXI, pero no ha sido así. Uno de los mayores fracasos se concentra en el sistema de movilidad, en el cual se manifiestan las repercusiones de un crecimiento desordenado.
Frente a este panorama, el incremento del parque automotor ha superado la capacidad de la malla vial, generando congestiones que afectan la productividad, aumentan los tiempos de desplazamiento y deterioran la calidad de vida de los habitantes. Por esta razón, se requieren nuevas arterias viales, conexiones perimetrales y rutas alternas que permitan garantizar una operación óptima.
Ante este escenario, la avenida Circunvalar constituye una muestra clara de la falta de proyección técnica acorde con las necesidades venideras. Desde hace años debió contemplarse su ampliación a ocho carriles por ambos sentidos. Paralelamente, era indispensable construir vías complementarias que evitaran concentrar el flujo vehicular sobre un único eje. Asimismo, el surgimiento de nuevos complejos residenciales verticales en el norte de la capital del Atlántico no estuvo acompañado por una red de circulación coherente con los patrones de expansión urbana. En ese contexto, la prolongación de la calle 100 hasta la Vía 40, atravesando el sector de Buenavista, podría haber conformado un corredor estratégico para aliviar el embotellamiento. Si se hubiera extendido con rumbo a Malambo, se habría logrado una articulación más eficiente entre los principales centros urbanos.
Un aspecto adicional que amerita una revisión profunda es el terminal de transporte, situado en Soledad. Su localización fue diseñada bajo unas condiciones diferentes a las actuales y hoy se asemeja a una estructura detenida en el tiempo, con signos de deterioro y un ambiente lúgubre que contrasta con el constante movimiento de pasajeros y vehículos, en medio de un entorno donde la delincuencia permanece agazapada, esperando el instante para despojar a los viajeros de sus pertenencias. Dada la realidad actual, resulta conveniente evaluar su traslado con dirección a la avenida Circunvalar de la Prosperidad, puesto que conecta con las carreteras nacionales que conducen a Cartagena, Santa Marta y el interior del país.
A lo anterior se suma la crónica sedimentación del canal de acceso al enclave fluvial sobre el río Magdalena, sector en la que la falta de una solución definitiva sigue restringiendo el ingreso de naves de gran tonelaje, disminuyendo el rendimiento y generando el desvío de buques a otros nodos marítimos. Por ello, es pertinente analizar la construcción de un complejo portuario de aguas profundas en Puerto Colombia. La iniciativa permitiría recibir embarcaciones de mayor porte y reducir la dependencia del dragado permanente. Además, contribuiría a superar la recurrencia de contratos señalados por constituir focos de corrupción y consolidaría esta zona del país como un referente del comercio mundial.
A partir de esa perspectiva, un centro urbano con vocación industrial y turística urge contar con un aeropuerto concebido como un mega hub global y con equipamiento tecnológico para responder a las demandas de la aviación moderna. En consecuencia, su ubicación podría estar entre Galapa y su área costera, lo que facilitaría ampliar la actividad de carga y mejorar la conectividad terrestre.
Barranquilla no puede seguir dándole la espalda al río Magdalena ni a la franja marítima. Es indispensable avanzar en pro de una integración efectiva con Soledad y Puerto Colombia, convirtiendo estos dos escenarios naturales en puertas de entrada al futuro. De lo contrario, la ciudad continuará aplazando el extraordinario potencial que le ofrece su geografía.
La administración del alcalde Alejandro Char contó con la oportunidad de impulsar un programa en los ámbitos de competencia local y gestionar, ante el Gobierno Nacional, aquellos proyectos que dependían de su respaldo. Sin embargo, esa posibilidad no se materializó en cambios estructurales para el distrito, que continúa sin un rumbo definido.
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