Opinión

Tormenta perfecta

Las consultas del domingo demostraron el nerviosismo de los electores con una copiosa votación de los extremos políticos. Es la hora de reclamar una alternativa de centro

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Marzo 13, 2018
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Tormenta perfecta
Pasado el escollo de las parlamentarias es necesario mirar hacia el centro independiente de la politiquería que encarna Sergio Fajardo

Iván Duque y Gustavo Petro capitalizan una tormenta perfecta con votos escurridizos y temerosos que no son necesariamente de ellos. No de otra manera puede entenderse que los votos de Duque doblen a los del Centro Democrático y los de Petro no consigan sino 4 curules en el Congreso.  Y es que Colombia reúne hoy en día los elementos para una tormenta perfecta en lo político. Es decir, todas las razones  para creer que el país no funciona y por tanto son necesarias medidas desesperadas. Una Nación al borde de un ataque de nervios: el ELN matando policías y soldados, Venezuela derrumbándose encima de nosotros, Las Farc en el congreso sin haber pasado por la justicia transicional, rampante inseguridad en las ciudades, escándalos de corrupción en altos funcionarios, auge de las economías ilegales armadas, IVA al 19 % y abusos sin cuento de los recursos públicos. Como consecuencia la gente reacciona emocionalmente: unos buscando un gobierno fuerte, otros un escarmiento para las élites políticas. O sea, entre el autoritarismo y el populismo. Las consultas interpartidistas del domingo pasado son una clara demostración de ese nerviosismo, que se expresó en la copiosa votación entre los extremos políticos que disputaban las candidaturas de sus partidos.

Solo que ese resultado no es el la totalidad mapa político del país donde las cosas no son en blanco y negro.  No se sabe cuál de esos extremos puede ser peor si lo que se busca es que haya convivencia y concordia, que la agresividad de los líderes políticos no se difunda entre la gente del común y que no se resuelva en violencia. No hay nada más alejado del autoritarismo que la lenta y progresiva maduración de una democracia, que es el bien social más valioso porque implica el respeto de los derechos fundamentales de todos los ciudadanos. Ni nada más alejado del populismo que el esfuerzo de generaciones de construir una sociedad más igualitaria, en la cual estén satisfechas las necesidades básicas de toda la población. Eso se llama el centro político y ese debería ser el liderazgo que se abra camino en la primera vuelta presidencial.

 

Duque capitalizó el temor que generaba Petro,
que resultó mayor que el apoyo que le brindaba Álvaro Uribe…

 

Iván Duque y el Centro Democrático están en la segunda vuelta. Tendría que pasar algo extraordinario para que eso no sucediera. Pero Gustavo Petro no. Su representación parlamentaria es mínima, no tiene espacio para ninguna alianza parlamentaria, su nombre despierta temor y desconfianza en grandes sectores de la población, se lo identifica ideológicamente con el desastroso régimen socialista de Venezuela. Duque capitalizó el temor que generaba Petro, que resultó mayor que el apoyo que le brindaba Álvaro Uribe, y Petro el antigobiernismo, que es numeroso, porque la pugnacidad de la campaña de las consultas hizo creer a la gente que allí se definía la Presidencia.

 

…y Petro el antigobiernismo, que es numeroso,
porque la pugnacidad de la consulta hizo creer que allí se definía la Presidencia

 

Pero Duque no está elegido Presidente. Si una de las casillas de la segunda vuelta está ocupada, les toca a los demás candidatos pelear por otra. Y no parece probable que sea entre la derecha y la izquierda, lo cual nunca ha sucedido en Colombia un país donde la clase media urbana es la que elige al Presidente de la República. Así que pasado el escollo de las elecciones parlamentarias es necesario reclamar un espacio para una alternativa de centro alejada por igual del autoritarismo y el populismo independiente de la politiquería, archienemiga de la corrupción, respetuosa de la oposición, creadora de empleo, garante de la seguridad urbana en una Colombia de pequeños propietarios, educada, con capacidad de compra, defensora del poder adquisitivo de la moneda y de un desarrollo económico más equilibrado. Es decir, con una agenda social. Pero además, con representación parlamentaria, con capacidad para  hacer alianzas de inmediato y convocar a las demás fuerzas políticas (el partido Liberal, el partido de la U, los pequeños partidos, los indígenas, los afrodescendientes). Y esa persona se llama Sergio Fajardo.

 

 

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