"Toribío, Cauca no merece estar en un país como Colombia"

En el municipio, que recibió más de 600 ataques de las Farc, ganó el Sí con el 85% de los votos. Pero el miedo ronda por el triunfo nacional del No

Por: Joam Eduardo Monroy Becerra
octubre 02, 2016
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El país ha hablado, y yo solo quiero preguntarle ¿cuántos de los que votaron por el NO se irían a vivir a Toribío? Siquiera ¿cuántos de ustedes mantendrían una conversación con un habitante de Toribío? Mientras ustedes les exponen sus argumentos de por qué no aceptan una paz así, ellos les dirían "no me importa como solo quiero poder dormir en paz, poder tener hijos sin pensar que mañana crecen y se los llevan; en definitiva solo quiero descansar". Pero ¿qué van a querer descansar un montón de personas a las que las balas las han rozado pero no cortado y vaya si es diferente una quemadura a un orificio? Les digo mi reflexión: Colombia es el país de los mendigos que piden limosna pero te maldicen si les das una moneda, Colombia es el país de los que tienen hambre pero solo comen pollo y reniegan si les das un pan. Colombia es el país que no quiere la paz.

Un sofisma bastante tonto surgió en el proceso. Decía “yo quiero la paz pero no así”, y además esa no es la paz, ¿dónde están todos los demás problemas? Para ello ideé una pequeña metáfora: imaginemos que alguien tiene mucha hambre (hambre de paz, de tranquilidad de descansar) y se le ofrece un pedazo de pan y agua. Esta persona rechaza esta comida pues sólo calmará su hambre en parte y no en totalidad y además no le gusta o interesa. Es evidente que  esta persona no tenía hambre en realidad pues podía soportarla tanto como para rechazar comida. Así eran los que tenían este argumento; no deseaban tranquilidad, porque no estaban intranquilos, no tenían necesidad de saciar su hambre de paz porque no vivían en guerra, no aspiraban descansar porque no estaban cansados. Es verdad que este acuerdo no era perfecto, pero calmaría el hambre y la sed de miles de los que en verdad tenían hambre, de los habitantes por los que ahora lloro como nunca antes, de los habitantes de Toribío en el departamento del Cauca los que realmente deseaban descansar, los que realmente necesitaban paz.

Hay guerras biológicas, nucleares, sucias, santas, modernas, antiguas y hasta frías; pero sólo hay una paz: la que tienen los individuos en su interior; la que les deja ponerse en disposición de paz, de perdón, de continuar de reconocer al otro y así mismo y seguir adelante. La paz más que una victoria es una superación del escollo; nadie gana, porque para que exista paz debió haber guerra y nadie sale victorioso de eso, sólo se supera y hoy demostramos que no tenemos intención de superarla, que no tenemos disposición de seguir adelante, que no deseamos la paz, que no tenemos tanta hambre y sed de tranquilidad como los habitantes de Toribio.

Hoy no se votó en contra de Santos, ni de la guerrilla, ni de los acuerdos. Hoy se votó en contra de los habitantes de La Chinita, de Bojayá, de Los Montes de María, del Salao. Hoy se votó en contra de Toribío. El día de hoy no se votaba por la paz, se votaba para demostrar la disposición que tenía el país para iniciar el camino a la paz. ¿Que la pregunta estaba mal hecha?, ¿mal planteada? Sí, es verdad, pero yo me pregunto ¿por una pregunta mal hecha vamos a dejar que siga muriendo gente?, ¿que no era suficiente con estos acuerdos? es verdad, pero estos acuerdos eran el pan que mengua el hambre mientras se hace la gran cena, y ya decidimos que no queríamos la gran cena. Decir que no se quería esta paz es decir que no se quiere ninguna, es decir que no se está en disposición de empezar un nuevo camino, es decir que queremos que las cosas sigan así.

Y cómo no vamos a querer que sigan así las cosas cuando no vivimos en Toribio, y me refiero a este municipio específicamente por la gran diferencia entre el porcentaje del SI y el NO, pues la mayoría decidió que ya quería descansar de la muerte, ¿cómo van a dormir estos caucanos esta noche?, Dirán los insensibles “igual que las últimas noches de los últimos 50 años” y yo les diría que no porque esta no es una noche cualquiera; esta noche los llevaron a la mesa, les mostraron la comida aunque solo fuera pan y agua y los dejaron sin comer, los hicieron seguir soportando un hambre que ninguno de nosotros entiende.

Al principio pensaba que lo que nos pasa nos lo merecemos como país y que debemos seguir soportando la guerra, pero ahora caigo en cuenta de que no, de que lo que le pasa a la gente de Toribio no se lo merece, de que ellos hicieron lo posible por dejar de soportar el hambre de tranquilidad pero nosotros le dimos la espalda y los dejamos allí esperando sin reconocerlos siquiera, sin mirarlos a los ojos, pensándolos a miles de kilómetros como personas común y corriente, y ciertamente no lo son, son superhéroes que han esquivado más balas que Superman y que han sufrido más perdidas que Batman, son personajes a los cuales les debemos más estatuas que a James y al Pibe. En realidad hoy pienso que a los habitantes de Toribio se los deberían llevar de Colombia, no los merecemos, son demasiado para nosotros.

Los que incentivaron el NO fueron muy inteligentes, sacaron la discusión del plano ético y lo llevaron al plano político donde tienen mucha fuerza; pero éticamente todos querían que el camino hacia la paz comenzara. Políticamente se podían discutir muchos apartes pero siempre llegando a la conclusión de que lo mejor era iniciar este largo recorrido. Los colombianos se dejaron llevar, el discurso político triunfo incluso en las personas que nunca llegarán a recibir nada de la política y es por ello que hasta los más convencidos de la paz decidieron votar por el no; eso sin contar a los millones que ni se movieron de sus casas; pero, ¿qué se van a mover si no tienen ningún familiar en Toribio?

Me duele, me duele como nunca antes, y es la única vez que me he metido a hacer proselitismo por una causa, pues las causas políticas no es que les crea mucho y como ya dije esta, para mí, no era una causa política sino ética. Demostramos que nuestro país es corrupto no por los políticos sino porque tenemos una ética con unos valores trastocados. Todos, desde los que votaron por el no hasta los que no salieron a votar, incluyendo a los que no se movieron lo suficiente para que ganara el sí, es increíble que esto hubiese sucedido realmente, no logro comprenderlo.

No quiero hablar, se me quiebra la voz, solo me resta por decir las palabras que me dijo mi madre abrazándome mientras me veía llorar y se unía a mi llanto: “me preocupa por usted que viaja tanto, pero esperemos que los de las Farc no sean como nosotros y vuelvan a negociar”.

 

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