Toledo, el único municipio de Antioquia con candidato a la alcaldía por el partido Farc

En el departamento de Uribe, la colectividad de la rosa participará en la contienda. A pesar de nunca haber sido guerrillero, J.D. Sepúlveda se la jugará por el movimiento

Por: Fabio Alberto Lopera Pérez
agosto 28, 2019
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Toledo, el único municipio de Antioquia con candidato a la alcaldía por el partido Farc

Toledo, ubicado en el norte del departamento de Antioquia, es un claro ejemplo de toda una realidad nacional: un pueblo condenado al olvido, a la pobreza y al abandono estatal, pero que paradójicamente cada cuatro años acude a las urnas para elegir a los mismos gobernantes, representantes de los partidos tradicionales, que históricamente han gobernado con total incapacidad para responder a las demandas sociales y que, por el contrario, lo han sumido en la absoluta miseria y desesperanza, producto de la corrupción, de una democracia restringida, de la exclusión y la falta de oportunidades para franjas enormes de la población; de la guerra sucia contra los pequeños productores y el trato inhumano con el campesinado.

Es precisamente por estos motivos, que son los mismos que dieron origen al conflicto armado colombiano, que desde el corazón mismo de la Asociación de Campesinos de Toledo (Ascat) un grupo de mujeres y hombres del común, “que se niegan a aceptar la guerra como única posibilidad”, inscribieron su candidatura para la alcaldía y el concejo municipal, con la esperanza y la convicción de que es posible avanzar hacia una forma diferente de hacer  política, erradicando de esta las armas y todo tipo de violencia, sin corrupción y sin ninguna maquinaria más que la voluntad del pueblo.

La Asociación de Campesinos de Toledo nace de la iniciativa del campesinado toledano ante la necesidad de defender el territorio frente a las regresivas políticas económicas y sociales, de un Estado que sustenta su economía en un modelo de desarrollo extractivista, en detrimento de la vida y de las verdaderas necesidades e intereses de la comunidades. Por lo que son conscientes de que si bien sus luchas son legitimadas por el respaldo popular, es necesario acceder a los escenarios de poder político para obtener un mayor respaldo institucional y  jurídico, y qué mejor forma de hacerlo que teniendo un alcalde y un concejo municipal que los represente.

Y es que si bien el Partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (Farc) inscribió candidaturas propias para alcaldía y concejo en varios municipios del país, lo realmente llamativo es que la candidatura a la alcaldía en el municipio de Toledo es la única por el partido firmante de la paz en el departamento antioqueño; pero lo más destacable aún es que ni el candidato a la alcaldía, ni los aspirantes al concejo y ninguno de los militantes del partido de este municipio perteneció a la guerrilla. Son sencillamente campesinas y campesinos, pescadores, barequeros, comerciantes, profesores, estudiantes, mujeres y hombres del común que han crecido viendo como cada cuatro años el gobierno que eligen, bajo promesas esperanzadoras de cambio, resulta más corrupto y excluyente que el anterior. Por lo que la firma de los acuerdos alcanzados en La Habana, más que el silencio de los fusiles, ha significado para las comunidades rurales la esperanza de la implementación de unos acuerdos que les permita superar las condiciones de miseria, desigualdad e injusticia social, como único camino para lograr una paz estable y duradera, así como el nacimiento de un nuevo partido que verdaderamente representa sus ideales políticos y sociales.

En esta dirección apunta el joven ingeniero en sistemas de información y candidato a la alcaldía de Toledo, Juan David Sepúlveda Jaramillo, al ser interrogado sobre por qué aspirar por el partido Farc, y no por otro, en un municipio de tradición conservadora:

“Mira, ante todo la gente tiene que entender que estamos ante la oportunidad histórica de consolidar una paz que por décadas ha sido esquiva y que hasta hace poco era impensada, pero lograrlo es una tarea que nos debe convocar a todos, por eso los colores partidistas deben pasar a un segundo plano, para priorizar sobre los retos verdaderamente importantes que tenemos como nación, donde sin duda el principal de ellos es la consolidación de la paz”.

Y continúa narrando: “Ahora bien, los partidos tradicionales se han convertido en empresas electorales, en mercaderes de avales sin principios ideológicos y políticos claros, que reparten avales a diestra y siniestra a candidatos que, más bien, parecen camaleones cambiando de color según la sombra del árbol que mejor les convenga, para satisfacer sus ambiciones personales, y no para presentar propuestas generadoras de desarrollo, bienestar y vida digna de los ciudadanos en cada uno de los territorios. Toledo es un ejemplo de ello, municipio cuyo todos los alcaldes han sido conservadores y donde con cada nuevo mandato aumenta la pobreza”.

Por su parte, Leonel Muñoz, líder social defensor del territorio y de los derechos humanos, quien aspira al concejo de Toledo por el partido Farc, relata: “hombre, es evidente que la pobreza y las brechas de la desigualdad, que agobian no solo a nuestro pueblo sino, a la mayoría de nuestro país no son una creación de la naturaleza, sino de quienes nos han gobernado por siglos, por lo tanto, superar estas condiciones es imposible mientras no se den los cambios estructurales políticos, económicos y sociales que el país necesita. Y nosotros no somos pendejos al pretender pensar que desde un pequeño municipio como Toledo vamos a generar esos cambios económicos y sociales, pero de lo que sí estamos seguros es que desde cada uno de los territorios podemos cambiar esa forma de hacer política, y dejar de seguir eligiendo a los mismos mañosos que son quienes nos han impedido vivir otras realidades distintas. Así que, vemos en el partido de la rosita una opción, una alternativa nueva para hacer una política diferente a la tradicional”.

En cuanto a la voz femenina del partido en el municipio, la ama de casa Luz Edilma Aguiar, también aspirante al concejo, expresa: “la política tradicional ha creado un culto hacia los personajes y líderes de los partidos, ignorando, o tratando de ignorar, que en una democracia lo fundamental deben ser las propuestas que generen condiciones de vida digna en los territorios; es por eso que la gente del común ha dejado de creer en los partidos tradicionales, pues los sentimos lejanos a los intereses del pueblo. A los políticos los vemos siempre en la televisión y uno que otro en los territorios cada cuatro años, pero muy poco en la calle, en el parque del pueblo o en los caminos veredales. En cambio, a los del partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común no los reconocemos como políticos sino como el propio pueblo, que ha estado siempre ahí, cara a cara con los campesinos, hablando, escuchando y tomando nota de sus necesidades. Ellos sí conocen las comunidades y sus necesidades y no se las tienen que imaginar, y mucho menos inventar”.

Es importante mencionar que al preguntarles por el tema de seguridad en el territorio, todos coinciden en afirmar que el riesgo siempre está latente por el estigma y la satanización con la que nació el partido, a causa del desconocimiento de gran parte de la población del contexto histórico del conflicto armado. Sin embargo, manifiestan con complacencia que ahora que han empezado a visitar las comunidades rurales, socializando sus propuestas para el municipio, las campesinas y los campesinos han expresado su respaldo, acogido con buenos ojos y con mucha naturalidad sus aspiraciones por el partido de las Farc. Expresan, además, que realmente sienten que quienes constantemente los ponen en riesgo son algunas personas del casco urbano, a través de un lenguaje incendiario e instigador de odios, especialmente, líderes de otras campañas políticas, que sienten en riesgo su continuidad en el poder y quienes, careciendo de ideas y propuestas serias para generar bienestar, han hecho del insulto, del desprestigio y del odio su único argumento de campaña.

Sin lugar a dudas, vemos como la reconciliación empieza a abrirse caminos en los territorios, no obstante, debemos entender que la paz no se firma y no depende de un solo actor, la paz se construye y debe ser un compromiso de todos y cada uno de los colombianos, y el primer paso que debemos dar hacia la construcción de un nuevo proyecto de país ha de ser el de empezar a construir un lenguaje diferente, un lenguaje propicio para la paz.

Finalmente, no queda más que reconocer la madurez política del campesinado toledano y agradecer al “Hermoso Balcón del Norte” (como se le conoce a Toledo Antioquia), porque con los procesos que se vienen gestando desde este municipio le están dando al resto del país un ejemplo de un pueblo unido por la paz; de un pueblo que está preparado para el cambio, para la paz y la reconciliación.

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