Opinión

Tiranía o cambio de época

Petro encarna la defensa de la ley, Constitución, instituciones, también el cambio pacífico de una época. Seguramente, si Hernández gana, no será un tirano ilustrado

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junio 08, 2022
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Tiranía o cambio de época
En realidad asistimos en Colombia, como en el mundo, a un cambio de época

Wikipedia, ese espacio prodigioso de construcción y difusión colectiva de conocimiento, define a la tiranía moderna como un régimen que hace “uso abusivo y cruel del poder político que se ha usurpado, un poder no solo ilegítimo por su origen, sino también injusto por su ejercicio y que reprime cualquier oposición” (…) “En sentido vulgar un tirano es un rey que gobierna con violencia y sin respeto a la justicia ni a las leyes”. La historia de la humanidad está llena de ejemplos de tiranos, crueles, déspotas, violentos, ignorantes, pero también de tiranos “buenos” y hasta tiranos “sabios”, como Cleóbulo, quien “gobernó como tirano de Lindos, en la isla griega de Rodas, c. 600 a. C.”.

Lo contrario de la tiranía es el ejercicio del poder y del gobierno, pero sometido a la ley, a las instituciones de la democracia, es decir, a reglas del juego pactadas por ciudadanos libres.

Un candidato que enamora a su electorado porque está dispuesto a “limpiarse el culo con esa ley”, puede limpiarselo con toda ley que no le apetesca.  Máximo si amenaza “pegarle su tiro malparido” al que lo confronte. Con razón ese candidato tiene como guía ideológico a Hitler o peor, como sugiere Kalmanovitz, en su subconciente opera el imaginario del fascismo ordinario.

Dicen los que saben que el uribismo le mantiene al señor Rodolfo Hernández, en la Fiscalía y en la Procuraduría, sendos procesos con los cuales lo mantendrían amenazado en caso de que ganara las elecciones. Me temo que si el uribismo saca esas cartas, tendríamos entonces una tiranía actuando no solo contra estudiantes que se movilicen, indígenas, mujeres, campesinos, maestros o desplazados, sino también contra el uribismo que llegó tarde y por la puerta de atrás donde el ingeniero. Ese riesgo lo han detectado sectores informados del uribismo y claro, los grupos de empresarios y centros de pensamiento liberales que se quedaron sin candidato. El riesgo de una tiranía.

En realidad asistimos en Colombia, como en el mundo, a un cambio de época. Veamos solo el caso colombiano.

En el siglo XX Colombia pasó de ser un país rural, monoexportador, semianalfabeto, clerical, señorial, dirigido por rancias oligarquías racistas andinas, a ser un país mayoritariamente urbano, de industrialización intermedia, con una economía creciente de servicios y de mediana inserción en los mercados internacionales. El neoliberalismo, dominante desde el gobierno de César Gaviria (1990-1994), condujo la economía a la reprimarización, al extractivismo y al crecimiento del narcotráfico, pero la sociedad alcanzó avances en modernidad y libertad, gracias a las luchas de los sectores liberales, progresistas y de izquierda. La Constitución Política de 1991 formalizó los avances en democracia e inclusión.

Se han empoderado las mujeres, no solo porque llenaron las universidades sino porque adquirieron conciencia de la dominación patriarcal como causa de las violencias padecidas. Las poblaciones LGTBI crearon espacios de presencia y debate. Los pueblos negros e indígenas tienen voz propia y quieren ejercer autonomía y poder. Los campesinos ya no quieren ser “objeto” de reforma agraria sino sujetos empoderados de su futuro. Los estudiantes ya no sueñan con emigrar sino con estudiar y ser creadores. Los inmigrantes y los emigrantes quieren ejercer derechos. Los adultos mayores quiren seguir viviendo. Las iglesias evangélicas, pentecostales y católica se insertan políticamente en la nueva sociedad, suman y restan. Miles de nuevos actores sociales y políticos han emergido con micropoderes y poderes mayores en Colombia. Los temas ambientales, de derechos humanos y de paz con justicia social son coreados por nuevas voces. Todo eso aterra al viejo poder. Por eso se juntan, se aprietan y se dan codazos pero terminan unidos con Rodolfo Hernández, para detener la nueva época.

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Para que se consolide el cambio de época hay que cambiar el modelo de desarrollo neoliberal, extractivista, especulativo y rentista. Ese es el cambio que promete Gustavo Petro

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La Constitución de 1991 y el Acuerdo de Paz de 2016 han sido los grandes hitos del cambio de época en Colombia. Pero en ambos casos las élites y el partido de la tecnocracia impidieron que el vulgo se atreviera a cambiar el modelo de desarrollo. Era intocable, dijeron Gaviria-Pastrana-Uribe-Santos. Podián conceder inclusión, pero que no se metiera el populacho con sus privilegios fiscales y rentistas. Para que se consolide el cambio de época hay que cambiar de verdad el modelo de desarrollo neoliberal, extractivista, especulativo y rentista. Ese es el cambio que promete Gustavo Petro.

Si los colombianos y colombianas apoyan a Petro el próximo 19 de junio, se consolida una transición social, económica e institucional que ha costado muchas vidas y mucho dolor. Gracias a que el grueso de las Farc, como antes otros grupos guerrilleros, han cumplido el Acuerdo de Paz, a pesar de los pesares, Petro puede ser el próximo presidente de Colombia. Si las guerrillas hubieran seguido actuando, de seguro Fico estaría en el lugar de Rodolfo Hernández.

Gustavo Petro encarna la defensa de la ley, la Constitución y de las instituciones, pero también el cambio tranquilo y pacífico de una época. Con seguridad, si Hernández gana, éste no será como Cleóbulo, un tirano ilustrado.

Votaré por Gustavo Petro ilusionado con el cambio de época, por el futuro de Laura, mi hija, y de los miles de jóvenes que siempre se jugaron la pelleja por la democracia y la libertad. En su memoria también votaré.

 

 

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