¡Tengo sed!

A no ser que cambiemos de raíz el sistema y las costumbres, en el 2040 infinidad de regiones no dispondrán del precioso líquido. ¿Qué hacer?

Por: José Rafael Espinel Páez
julio 08, 2020
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¡Tengo sed!

Cuenta la historia que hace un par de milenios fue crucificado un hombre por predicar principios que le servían a la humanidad. Justo cuando agonizaba exclamó “tengo sed” y los soldados, en vez de agua, le dieron vinagre.

Pues bien, un grupo de expertos acaba de ratificar que dentro de veinte años no habrá agua en muchas regiones del mundo y millones de gentes gritarán tengo sed, pero no habrá ni vinagre para calmarla.

Nuestro planeta azul tiene agua en abundancia, pero el 97% de ella es salada y está en los mares, otro 2% en los polos y solo el 1% es dulce. Y no toda, apta para vivir: de cada diez personas, apenas siete cuentan con agua potable. A no ser que cambiemos de raíz el sistema y las costumbres, en el 2040 infinidad de regiones no dispondrán de este precioso líquido. Hasta ahora, según la ONU, no hay un sustituto del agua.

Las razones de la escasez son muchas: la contaminación de las fuentes hídricas, la deforestación, el aumento mundial de la población, el derroche de este vital elemento y el cambio climático, cuyo principal responsable es Estados Unido.

Para preservar este invaluable recurso y antes de que sea tarde, los Estados deben promover de manera soberana una cultura de cuidado del agua. Desde la economía, la política y la cultura hay que persuadir a la gente para que no la malgasten.

Lo anterior se puede lograr si promovemos la vieja y anhelada propuesta de contar con un mínimo vital de agua, energía y gas, gratis para toda la población. En otras palabras, con la canasta básica que ha venido impulsando la Liga Nacional de Usuarios de los Servicios Públicos Domiciliarios.

Para que esta propuesta sea viable económicamente, teniendo en cuenta la división que actualmente hacen las comisiones de regulación entre consumos básicos, complementarios y suntuarios, los servicios públicos domiciliarios se deberían facturar bajo los siguientes criterios:

1. El consumo mínimo vital o consumo básico de agua, energía y gas, gratuito para todos.

2. El consumo complementario, que deberá ser cobrado sin ganancia para las empresas y facturando todos los costos necesarios para la prestación adecuada y eficiente del servicio público o privado: insumos, administración e inversión.

3. El consumo suntuario, tanto de usuarios como de grandes superficies, comerciantes e industriales, debe ser pagado de acuerdo con la función social y proporcionalmente al patrimonio y sus ganancias. Con el cobro de esta sobretasa se paga el mínimo vital gratuito y sobra plata, puesto que habrá ganancias.

Los servicios públicos domiciliarios son indispensables para mejorar la calidad de vida de la gente y podrán ser prestados por entidades públicas, mixtas o privadas. Con excepción del mínimo vital gratuito, los usuarios tendrán que pagar por los SPD de acuerdo con los parámetros arriba expresados. Así la gente lo pensará dos veces antes de malgastarlos.

Para lograr una política pública de esta magnitud, debemos promover esta propuesta en todos los foros nacionales e internacionales y solicitarle a la ONU que declare el agua como un derecho fundamental. Hasta ahora solo contamos con la resolución emitida el 28 de julio de 2010, que únicamente reconoce como derecho fundamental el acceso al agua y al saneamiento básico. Los diferentes gobiernos, independientemente de su modelo económico o ideología, deben unificar esfuerzos por construir un mundo mejor.

La ciudadanía consciente, reserva moral de la nación, debe promover la unidad en defensa de la soberanía, la democracia, la producción, el trabajo y la paz y, además, mostrar voluntad política para trabajar por conseguir una canasta mínima vital gratis para todos, compuesta de agua, energía y gas, que sería un incentivo para ahorrar y mejorar la calidad de vida de la gente.

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