Opinión

Tasajera

Esta tragedia nos recuerda que Colombia se está muriendo de hambre, desesperanza y violencia, una que viene desde la Casa de Nariño, que está llevando a la gente a perder su humanidad por sobrevivir

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julio 15, 2020
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Tasajera
Personas acosadas por el hambre, desesperanza, angustia y rabia se lanzan al pillaje cada vez que un vehículo se avería en estas carreteras sin futuro porque la fuerza del desespero los lleva a ello. Foto: Josefina Villarreal/El Heraldo

El fuego se propaga a una velocidad vertiginosa si las condiciones así lo permiten, sin mediación alguna arrasa con todo aquello que su voracidad encuentra a su paso. Así ocurrió el 6 de julio en un lugar del Magdalena, Tasajera. Un corregimiento de Pueblo Viejo, localizado entre Santa Marta y Barranquilla, adyacente a la Troncal del Caribe. Se trata de un puñado de casas magulladas por la inclemencia del sol, que en estas geografías del caribe es implacable. La zona, como muchas del caribe, ha sido sometida desde hace décadas al flagelo cruel de la miseria. Esto debido, a, por un lado, la tradición corrupta, y, por otro, a la falta de planeación y de desarrollo, por parte del gobierno departamental y del Estado colombiano, muy dado a dejar a la deriva a sus pobladores más vulnerables.

Este corregimiento, extraviado en mitad de esta geografía calcinada por el sol caribeño, era en otra época un pueblo de pescadores, como muchos otros de esta región, pero la sobreexplotación de la ciénaga del Magdalena, así como la contaminación ambiental, fueron alterando las condiciones de vida de sus habitantes, forzándolos a la miseria, uno más de los diversos flagelos que vulneran a millones de colombianas y colombianos.

La pobreza, que tanto incomoda a las élites políticas y económicas del país, que, son, además en alta medida responsables de la misma, se mide en Colombia por el Dane, a partir del método propuesto por Amartya Sen (1981) para quien la pobreza se mide en dos variables, directa e indirecta, así entonces “El método directo evalúa los resultados de insatisfacción (o privación) que tiene un individuo respecto a ciertas características que se consideran vitales como salud, educación, empleo, entre otras. La medición indirecta evalúa la capacidad de adquisición de bienes y servicios que tienen los hogares”.

En el caso colombiano, la metodología para calcular la pobreza multidimensional fue diseñada por el Departamento Nacional de Planeación en el año 2012. De acuerdo con el Dane, “El IPM se compone de cinco dimensiones: condiciones educativas del hogar, condiciones de la niñez y juventud, salud, trabajo, acceso a servicios públicos domiciliarios y condiciones de la vivienda”.

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Los departamentos de la costa Caribe con mayores porcentajes de personas en situación de pobreza multidimensional son La Guajira con 51,4 %, Sucre 39,7 %, Magdalena 38,6 % y Córdoba 36,7 %

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 En un reporte del Dane del año pasado, sobre la situación de pobreza multidimensional en la costa caribe en 2018, se encuentra la siguiente información “Los departamentos que presentaron mayores porcentajes de personas en situación de pobreza multidimensional para el agregado departamental son: La Guajira con 51,4 %, Sucre con 39,7 %, Magdalena con 38,6 % y Córdoba con 36,7 % y los departamentos que presentaron menor incidencia de la pobreza multidimensional fueron Atlántico con 20,1%, seguido de Bolívar con 32,4 % y Cesar con 33,2 %”.

Este tipo de datos, esta indiferencia, que tiene mucho de desprecio por parte del Estado y de los sectores políticos, económicos y empresariales, es la que explica porque el 6 de julio a una hora de la mañana que los reportes no se ponen de acuerdo en fijar, un puñado de personas se lanzó, bidones en mano a extraer de un camión cisterna volcado en esa vía gasolina, sin sospechar que ese acto, para ellos natural dada la crisis humanitaria que es su cotidianidad iba a derivar en una tragedia cuya cifra de muertos y heridos va en aumento con cada día que pasa.

Sí estas personas, acosadas por el hambre, la desesperanza, la angustia y la rabia se lanzan al pillaje cada vez que un vehículo tiene la mala fortuna de averiarse en estas carreteras sin futuro, es porque la fuerza del desespero los lleva a ello, porque no hay otra opción más que cazar en la desdicha de otro, el efímero bienestar propio.

Cada cierto tiempo este tipo de eventos dolorosos nos recuerda que Colombia se está muriendo de hambre, desesperanza y violencia, una violencia que viene desde la Casa de Nariño, desde los clubes privados de las capitales, que es estructural y sistemática, y, que destruye el tejido social, llevando a la gente a perder su humanidad por el afán de sobrevivir.

 

 

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