¿Sufre Uribe del síndrome de Hubris?

Las adicciones matan desde el momento en que uno no puede controlarlas...

Por: José Pastor Pérez Castro
junio 01, 2021
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¿Sufre Uribe del síndrome de Hubris?
Foto: Facebook @CeDemocratico

Adicción a las compras, al sexo, al alcohol o a las drogas… dicen que el poder embriaga. O si no que lo refuten grandes dictadores y otros hombres nefastos de la historia. También dicen, y está escrito, que en las reuniones de Alcohólicos Anónimos recomiendan, en su ya célebre método de desintoxicación de doce pasos, que el primer paso para curarse de la adicción es reconocerla. Sin embargo, está claro que el presidente Duque y el uribismo con su caudillo a la cabeza no son muy dados al ejercicio puntual del reconocimiento, ya sea de la aceptación de que existen otros protagonistas políticos como pares suyos, o del reconocimiento de culpas o responsabilidades en sus fallas al frente del gobierno.

Han culpado al narcotráfico, a Maduro, a la guerrilla e incluso a los rusos de los desmanes del paro. Duque parece el niño que rompió el vidrio de la ventana y para no recibir reprimendas le echa la culpa al vecino. Reconocer la culpa es el primer paso de la liturgia en el ritual católico de la misa. Algo parecido a lo que hizo de manera osada, el concejal Carlos Fernando Galán en un vídeo que ha lanzado como reto viral, del que sospecho, muy pocos políticos o periodistas se atreverán a imitar. No se imagina uno a Carlos Antonio Vélez en semejante acto de humildad.

Si no se reconocen las culpas, Reconocer al otro es el primer paso, y quizás el más importante en la resolución de conflictos. Aceptar al otro como antagonista en ideas fue un paso vital en la construcción de los procesos de paz, no solo de Colombia, sino de conflictos en países como Irlanda del Norte o Sudáfrica, los cuales en medio de la paz han construido a lo largo de las últimas décadas notables avances en materia económica y social. Reconocer es signo de humildad. Aquí se echó a andar un proceso de paz en un gobierno que se desconoció en el otro.

El síndrome de Hubris, identificado por David Owen, médico y político británico en su libro publicado en 2007 The Hubris Syndrome:  Bush, Blair and the intoxication of power, habla de ese nada extraño síndrome que sufren los líderes y gobernantes. De su mesianismo que ocasionalmente se mezcla, de acuerdo con la psiquiatría, con narcisismo y trastorno bipolar. El peligro es que ese tipo de autoconfianza que los hace tremendamente seguros de sí, así estén equivocados, hace que muchas personas con limitadas capacidades de análisis o inseguras de sí mismas los sigan de manera casi ciega, con catastróficas consecuencias. Algo así como pensar que la “Seguridad Democrática” es ver a un padre dándole juete a los hijos y aplaudir por la paliza.

Para ejemplos, recordamos desde los famosos episodios de sectas como la del Reverendo Jim Jones en Guyana en la que más de 900 personas fueron inducidas al suicidio, hasta la de los Jemeres Rojos en Camboya, comunistas nacionalistas radicales que aplicaron genocidios en masa bajo la consigna de la llamada «búsqueda del enemigo interno». Política esta última que está siendo sembrada por la prensa y los líderes uribistas en las conciencias de sus seguidores por estas épocas.

Hubris, que en griego es Hybris, significa arrogancia. En el Arte Poética de Aristóteles es aquella actitud la que causa la desgracia en las tragedias de sus protagonistas. El Tártaro, infierno griego, está lleno de personajes que sufren castigo por su soberbia. Tántalo se halla allí condenado a la sed y el hambre eternas por haber servido a su hijo como comida para los dioses, Minos se apropió de un toro de sacrificio de Poseidón y su esposa procreó con el vacuno un minotauro. Vaya usted a saber que le tiene deparado el karma a la senadora Paola Holguín que se mofa de los tuertos, o a la arribista presentadora Alejandra Azcárate que se ufanaba de lo buen “polvo” que era su marido, o al mismo senador Benedetti, este sí reconocido por embriagarse no de poder sino de whisky.

Las adicciones matan desde el momento en que uno no puede controlarlas. Se han inventado para curarlas desde terapias hasta intervenciones de parte del círculo cercano al adicto. Y es que lo seguro de una adicción es que sufren más las personas que rodean al adicto que el adicto mismo. Uribe y el uribismo sufren del síndrome de Hubris. Su arrogancia es el síntoma más claro. El levantamiento de los jóvenes no es otra cosa que el vomitivo,  la catarsis necesaria para este país en el que para colmo de la borrachera los uribistas marchan de blanco pidiendo acabar con la corrupción. Una hilera de personas que a un amigo argentino se le semejaron a una línea de cocaína en el asfalto.

Lo contrario de la soberbia es la humildad. Esta la padecieron Gandhi, Nelson Mandela y Jesucristo en persona. Estos líderes tuvieron que padecer sacrificios. Dos fueron asesinados, Gandhi y Jesucristo. El otro murió de muerte natural, pero tuvo un funeral de estado al que asistieron presidentes, celebridades, príncipes y reyes, políticos de izquierda y de derecha. Agréguenle a eso dos millones de personas, solo que a ninguno le pagaron de a cincuenta mil pesos por asistencia.

¿Cómo curar el síndrome de Hubris que padecieron tanto Hitler como Stalin, Mohamar Gadaffi como Margaret Thatcher? El doctor Owen lo declara enfáticamente en una frase: el síndrome de Hubris se acaba cuando al dictador se le acaba el poder.

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