El año comenzó sacudido por dos decisiones del presidente de Estados Unidos, quien mostró un rostro radical y belicoso, contrario al primer Donald Trump y al de campaña, cuando planteó que había llegado el momento de replegarse para afrontar los problemas de los norteamericanos y dejar de ser el policía del mundo.
| Lea también: Los 2 amigos de Trump que hicieron moñona con el petróleo en Venezuela ahora quieren repetir en Cuba
Rodeado de nuevos aliados provenientes de la industria militar y de la línea dura intervencionista del Partido Republicano, Trump dio un giro aplicando todo el poder de la fuerza económica y de las armas que puede tener consecuencias letales, como explica el analista Yesmil Pérez en esta conversación con Juan Manuel Ospina.
“Puede incendiar el mundo (…) y permitir que haga curso la estrategia perversa de la decapitación, con la que se cree capaz de pulverizar al contrario, al enemigo, a la cúpula gobernante y actuar en consecuencia, como lo hizo en Venezuela e Irán”. Una narrativa que legitima la barbarie como se vio con Gaza de un gobernante mesiánico que busca proyectarse como el gran líder mundial que va a traer la prosperidad al planeta y que por tanto se requiere de una intervención norteamericana en los términos en que ellos la definan.
Esta visión vuelve trizas cualquier pacto global de respeto a las soberanías, como lo demostró la captura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores en el Fuerte Tiuna en Caracas el pasado 2 de enero o el asesinato del líder religioso Alí Jamenei y su primer anillo de gobernantes en Teherán que disparó una cruenta guerra cuyo curso es incierto. América Latina y Colombia están en el ojo del huracán porque empieza a verse como el continente de área de influencia natural, tal como se vio en la pasada reunión del Escudo de las Américas. Esta nueva realidad que empieza a asomarse por la poderosa e impredecible figura de Donald Trump es el tema de esta conversación.
Vea aquí la conversación completa:



