¡Somos reyes de la doble moral!

"Pensar que somos la especie más evolucionada del planeta y comportarnos como animales salvajes es la mayor hipocresía de la historia de la humanidad"

Por: Adriana Rivas Masco
junio 24, 2020
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¡Somos reyes de la doble moral!
Foto: Pixabay

Hoy no vengo aquí para ponerles las cifras de las mujeres que son asesinadas diariamente en el mundo, sino para dejarles un corto mensaje de cómo somos, estamos siendo y seguiremos siendo si no educamos correctamente a las personas.

Nadie en este planeta nace odiando a otro. Estamos mal. Además, somos la historia que será contada en miles de años a quienes habiten este planeta que hoy conocemos como tierra, eso sí, si lo dejamos en buenas condiciones, claro está.

Como especie lo tenemos todo. El planeta nos brinda lo que necesitamos, pero nos volvimos ambiciosos, tanto que solo importamos nosotros y el resto no es nada.

Matar a una persona es el único y último acto catastrófico que otro ser humano puede cometer. Se le llama crimen o asesinato y no debemos maquillarlo ni romantizarlo con palabras que no causen pánico, porque las cosas hay que llamarlas por su nombre.

Una mujer asesinada y un asesino. Ambos con los mismos derechos, pero con distintas vidas, sin importar personalidad, estatus social o creencias, nacidos como “iguales” sin serlo y con los mismos “derechos” sin tenerlos.

Tengo la teoría de que ir por el mundo vendiendo la vaga idea de que somos iguales es un acto hipócrita e innecesario en esta sociedad.

Hemos visto durante años cómo por medio de leyes, estatutos y normas han querido buscar sobreproteger al género femenino, intentando endurecer penas, que al final del día no van a cuidar a las mujeres que todos los días salen de su casa y regresan en un cajón.

Esa nunca será la solución a este problema, que se presenta como un virus incurable en muchos hombres que salen a cazar víctimas para su placer personal o grupal en los peores casos, aunque ya no se sabe qué es peor. Pues abusones, abuso.

Esta es una pandemia que lleva siglos y que por más leyes que promulguen no harán cambiar nada.

Una sociedad que se ofende con un homosexual (hasta el punto de que lo internan en lugares que “curan” su enfermedad, por cierto, inexistente) pero que no se escandaliza de esa forma con los asesinos y violadores de mujeres (a esos sí no le hacen centros de diagnóstico y cura, a esos solo los llaman pobrecitos) es hipócrita.

Una sociedad que para colmo de males llama a las víctimas culpables de su propio crimen (es decir, ellas, por vestir como visten y hablar como hablan, salieron en busca del peligro), justificando a los criminales e incriminado a los inocentes.

¿Hasta dónde llegamos que muchos dicen cosas como "ella qué hacía a esa hora sola en un parque", "por qué se puso una falda, "se lo buscó", "fue entre amigos" y "ella no dijo nada"?

Señores, el silencio es más escandaloso que el propio ruido. Cuando te dicen no es no. Una persona ni siquiera tiene que llegar a decir que pares de hacer algo que sabes está mal, eres tú quien está actuando mal, eres tú quien debe parar. Ellas no son el problema.

No puedo llegar a decirles la cantidad de mujeres que son asesinadas y violadas por depredadores sexuales porque ni siquiera existe un registro exacto hasta esta hora y este día. No lo hay. Pero son muchas.

Darnos cuenta de que el problema no es la falda, ni la hora, ni estar sola en un parque, nos va costar muchas más vidas. Pero por el honor que esas víctimas merecen hoy los invito a educar, educar de verdad: enseñar desde la niñez que al prójimo se le respeta y no se le toca sin su convencimiento y aprobación.

También, que no está bien perseguir a alguien que no conoces para obtener de esa persona lo que quieres (tú placer); que no está bien que obligues a tu pareja a hacer cosas que no quiere; que no está bien matar a otra persona; y que no está bien hacerle daño a los seres vivos. Eso deberían enseñarlo siempre en casas y escuelas. Por más crudo que suene, salvará vidas.

No son las leyes las que ayudarán a mejorar, eso ya lo intentaron y no funcionó, porque ellos no temen en lo absoluto. Es la educación, la educación de Dios, de casa, de escuela y de vida.

No queremos que nuestros amigos nos digan "yo te acompaño al baño" por seguridad, que mamá nos escriba "hija, ¿ya llegaste'" o que papá se estrese porque sabe que si o llegas a la hora habitual es porque algo te pasó.

Estamos cansadas de ser perseguidas y acosadas con sus miradas, palabras, gestos y actitudes. Respetar al prójimo no cuesta nada. No tiene que ser un mundo perfecto, pero sí justo. Las soluciones están a la mano y se llaman educación y acompañamiento.

Van a seguir asesinando, aunque nadie esté en el derecho de elegir quién vive y quién no. Nadie.

Hoy lloramos por aquellas que no están, que precisamente se volvieron un recuerdo prematuro en la vida de sus familiares y que no alcanzaron hacer lo que soñaban. Las mujeres no son un costal de papas que se usa para hacer lo que se quieran.

No queremos más mensajes de "¿llegaste bien?" o "avísame si llegas". No queremos más mensajes que digan "mamá, alguien me está siguiendo".

Justificar una mala acción es dar aprobación, eso debe parar ya. ¿Cuántas vidas deben ser arrebatadas para actuar?

No somos exageradas, no es feminismo, es hacer valer nuestros derechos como humanas... esos que se nos quitaron desde el principio.

No pedimos un paraíso, pues nosotras mismas podremos darnos el paraíso y hasta bajarnos la luna y las estrellas. Pedimos justicia y ya.

Las formas de ver el mundo no salieron de la nada, las inventamos nosotros. Ni más delicadas para ser mujeres, ni más machitos para ser hombres. Simplemente humanos.

Ese lenguaje crea mentes inseguras, capaces que querer dominar el mundo sin importar el costo.

La feminidad no existe, la inventamos.

El macho no existe, lo creamos.

El amor no se define, cada quien lo siente a su manera.

La libertad es de todos, no de algunos privilegiados.

La vida se respeta, sea cual sea la forma de esta. Y así millón de cosas.

Y por el poder que me concede mi derecho a la libre expresión, los concedo reyes de la hipocresía hasta que lamentablemente la muerte nos separe.

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