Opinión

Solo los obedientes entrarán al paraíso uribista

Las puertas del partido solo están abiertas para los seguidores. A Uribe se le sigue sin preguntar. Solo él sabe, solo él ve, nunca se equivoca, y, sobre todo, no se le mama gallo

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julio 25, 2019
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Solo los obedientes entrarán al paraíso uribista
Siempre habrá un flotador a disposición de los amigos, y Macías, quien dejó la presidencia del Congreso con placa dedicada a Uribe, tiene garantizado el respaldo del CD de por vida

El único pecado que cometió Ángela Garzón fue aceptar una invitación de Daniel Samper Ospina para mostrar otro lado de la candidata del Centro Democrático a la Alcaldía de Bogotá. Ya sabíamos que en ese partido el sentido del humor, muestra innegable de inteligencia, no era muy apreciado. Sin embargo, nos sorprendimos cuando estalló el escándalo en redes: a Uribe no le había caído bien la imitación que le hizo la hija de Angelino, es más, le pareció una traición. Como un emperador romano el senador le bajó el pulgar. Nunca se hizo oficial pero fue un secreto a voces: perdió el aval del partido porque al jefe máximo se respeta.

El aval recayó en un muchacho obediente, abiertamente de derecha, sin demasiadas ideas como el controvertido secretario de Gobierno de Peñalosa Miguel Uribe Turbay. Con Iván Duque entendimos que a Uribe no le sirve la inteligencia sino la obediencia. Por eso fue una tragedia personal la caída de Andrés Felipe Arias. Yo creo que todos los días maldice a la revista Cambio y el atrevimiento de haber destapado el escándalo de Agro Ingreso Seguro. Arias era tan sumiso que no le importó mostrarse públicamente como un clon de Uribe: las mismas gotas, los doce cuadros que tenía de su ídolo en su oficina, la lectura de la biografía de Simón Bolívar escrita por Indalecio Liévano y hasta los baños en el río. Era tan evidente su lambonería que, cuando le dijeron si le molestaba que lo llamaran Uribito él contestó: “Claro que no, sería terrible si en vez de eso me llamaran Pastranita”.

El uribismo no es un partido político, es una religión que se acabará cuando el caudillo muera, como el gaitanismo. No acepta iguales dentro de su partido, las puertas solo están abiertas para los seguidores. Al él se le sigue sin preguntar. Solo él sabe, solo él ve, nunca se equivoca, siempre tiene la razón y, sobre todo, no se le mama gallo.

Nadie duda de que Álvaro Uribe no es un hombre agradecido. El papá de los pollitos, el patriarca que cuida de sus hijos. Por eso se jugó buena parte de su rédito político radicando en el Congreso este martes 23 de julio la ley Andrés Felipe Arias que busca que las sentencias condenatorias en única instancia emitidas por primera vez, incluidas las de la Corte Suprema de Justicia, como ocurrió con el exministro de Agricultura en el 2014, tengan la posibilidad de ser revisadas. Uribe siempre será el hombre que salvará a como dé lugar a sus amigos, así hayan sido condenados por la justicia como Sabas Pretelt, Diego Palacio y María del Pilar Hurtado. Siempre tendrá un flotador a su disposición.

 

Así como ama, Uribe siente aversión por los que lo traicionaron,
gente como Vargas Lleras, Juan Manuel Santos, Roy Barreras,
serán siempre mirados con desdén y desprecio

 

Así como ama siente aversión por los que lo traicionaron, gente como Vargas Lleras, Juan Manuel Santos, Roy Barreras, serán siempre mirados con desdén y desprecio. Un hombre con esas pasiones difícilmente podrá ser un buen mandatario. Yo creo que el único que podría decirle las cosas a la cara a Álvaro Uribe serán José Obdulio Gaviria o Fernando Londoño. El resto son siervos que aceptan con resignación los designios del rey, que se contentan con hablar mal del jefe en los pasillos de Palacio pero que jamás podrán confrontarlo. Nadie quiere criticar el traje nuevo del emperador.

En ese sentido Ernesto Macías, quien dejó la presidencia del Congreso con placa dedicada al caudillo, tiene garantizado el respaldo del Centro Democrático de por vida. No importa que sea un bachiller, no importa su probada ineptitud, Macías es un hombre fiel, un hombre dispuesto a cualquier jugadita para complacer a su jefe directo. No importa la inteligencia, importa la obediencia.

En este país la única persona que puede decir que Miguel Uribe Turbay es un buen candidato es la cada vez más imposible María Isabel Rueda. El resto sabe que buena parte de la impopularidad de la alcaldía de Peñalosa se la deben a la ineficiencia de funcionarios como el ex secretario de Gobierno. Si lo eligieron es solo porque no tiene el peso, la talla, ni la edad de contradecir a un patriarca como Álvaro Uribe Vélez. Tiembla Claudia López que Uribe es capaz de convertir a alguien sin pergaminos como Uribe Turbay en presidentes de la República. ¿Lo dudan? Miren lo que pasó en las pasadas elecciones cuando un obediente se le hincó de rodillas al presidente eterno.

 

 

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