Socialismo: confusión, ambivalencia y maldición

Winston Churchill afirmó: "es la filosofía del fracaso, el credo a la ignorancia y la prédica a la envidia; su virtud inherente es la distribución igualitaria de la miseria”

Por: Ariel Peña González
septiembre 18, 2018
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Socialismo: confusión, ambivalencia y maldición

Aunque necesariamente la expresión anterior del gran político británico no se le podría endilgar a la palabra socialismo absolutamente, ya que esta es muy confusa, profusa y difusa, indiscutiblemente en aquella célebre frase se refiere a la estafa comunista del marxismo-leninismo en primer lugar. De igual manera al fascismo, cuya génesis es el marxismo con Benito Mussolini, rabioso militante de esa corriente a principios del siglo XX, e indudablemente el nazismo de Hitler, cuyo nombre de pila era: Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (Nazi). Todos los tres son totalitarios en la teoría y en la práctica.

Cuando se habla del socialismo, que es una palabra bastante prostituida en el léxico político, es pertinente preguntar ¿cuál? Dicho término ha tenido bastantes acepciones a través de la historia, empezando por Hitler, quien dentro de su ideario antes de llegar al poder en Alemania afirmaba que luchaba por los pobres, la justicia social y además se proclamaba revolucionario y desde luego socialista.

De igual manera Benito Mussolini, el Duce, antes de fundar el fascismo era marxista radical y miembro del partido socialista italiano e hizo expulsar de esa colectividad a los socialdemócratas por eclécticos. El Duce fue admirado por Lenin, quien en 1922 regañó a los dirigentes del comunismo italiano por haber dejado ir a Mussolini, pues según el sátrapa ruso era el líder indicado para haber hecho la revolución en la península antes de 1914. Al Duce lo acompañó en la empresa fascista nada menos que Nicola Bombacci, fundador del partido comunista italiano. Los dos murieron ejecutados en 1945, y de Mussolini se recuerda que jamás renegó del marxismo, pero además se proclamó siempre socialista, y fundó el fascismo para volverse más “ revolucionario”.

Dentro del término socialista hay que mencionar a la socialdemocracia surgida en la Segunda Internacional de los Trabajadores, siendo personajes destacados de esa organización Eduard Bernstein, quien le desmitificó al marxismo su dogma del materialismo histórico en su libro: Las premisas del socialismo y las tareas de la socialdemocracia. También Karl Kautsky en La dictadura del proletariado cuestionó de forma vehemente las posiciones totalitarias de Lenin, quien consideraba el poder del Estado para reprimir a las masas como su dios.

Como se ve el término socialista se presta para muchas confusiones. Sin embargo, si hay algo sarcástico dentro del socialismo es la denominación que se le da de “científico”, todo esto originado en el esperpento marxista, y que se aplicó con toda rigurosidad en los países de la antigua Cortina de Hierro, antes de la caída del muro de Berlín y en la actualidad de manera bestial se materializa en Cuba, Norcorea, Venezuela y Nicaragua, especialmente. Esto lo que muestra claramente es que si ese socialismo fuera “científico” se hubiera experimentado primero con ratas y no con seres humanos, como ya lo hemos mencionado en otras ocasiones.

Por otro lado, el marxismo-leninismo, que ha sido la organización que más crímenes ha cometido en la historia de la humanidad, aprovechándose del atraso ideológico de algunos pueblos latinoamericanos, usando a un nostálgico de la Guerra Fría como Hugo Chávez, montó el socialismo del siglo XXI en Venezuela para proyectarlo hacia Latinoamérica y el Caribe, usando la renta petrolera de ese país, comprando gobiernos y financiando partidos políticos y movimientos subversivos en la región afines al chavismo, con la fábula de la bandera bolivariana.

Hay que recordar que el tirano de Fidel Castro dijo sin ningún empache en el 2010 que el socialismo del siglo XXI era el comunismo de Karl Marx. Con eso en mente, implementar ese socialismo es una involución e implica echar para atrás la rueda de la historia, pues el comunismo totalitario fue repudiado en Europa oriental en 1989 con la caída del muro de Berlín, y los marxistas latinoamericanos ni cortos ni perezosos encabezados por el genocida cubano crearon el foro de Sao Paulo en 1990 para reciclar los desperdicios del comunismo totalitario desechados en el viejo continente, los cuales conjugaron con movimientos ambivalentes para formar el socialismo del siglo XXI.

Por todo esto el “sueño socialista” de los totalitarios marxistas de todos los pelambres es el “socialismo real”, que ha sido un fracaso estruendoso para los pueblos del mundo, pero que le ha servido a los burócratas comunistas para engañar y tomarse la dirección de algunas naciones y llevar a las masas a la esclavitud, montando dictaduras oprobiosas sempiternas, reprimiendo y envileciendo a pueblos enteros, pues la argucia marxista-leninista de luchar a favor de los pobres es una gran farsa, que solo ha servido para instaurar dictaduras infames de las cuales es difícil salir.

En resumidas cuentas el socialismo al que nos quieren llevar los comunistas totalitarios no es el de la socialdemocracia de los países escandinavos, tampoco el socialismo utópico de los anarquistas del siglo XIX, mucho menos un socialismo humanista, ya que el comunismo es inhumano por principio, sino en el socialismo fundamentado en la patraña del marxismo-leninismo, que es despreciable y miserable, y que ha conducido a millones de mujeres y hombres al envilecimiento y la muerte. De ahí que hay que rechazar el maniqueísmo marxista entre socialismo o capitalismo, porque estos dos términos tienen muchas aplicaciones, y por ello no se debe creer en esos dilemas maximalistas usados con vileza por parte de los seguidores de la cuadrilla comunista totalitaria.

En los tiempos actuales, que se conocen como los de la posmodernidad, una tarea fundamental para la supervivencia humana es la defensa sin ambages de la libertad y la democracia, rechazando al totalitarismo marxista, que es enemigo por antonomasia de la humanidad. Por ello la unidad de acción entre el liberalismo clásico, la socialdemocracia y las fuerzas libertarias es necesaria para la paz y el progreso de los pueblos.

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