Sobrecarga de información

Tenemos que ser más astutos y buscar organización, de lo contrario la mayoría de personas padeceremos obesidad informativa

Por: TATIANA GARCÍA RIVERA
agosto 02, 2018
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Sobrecarga de información
Foto: Pixabay

“Todo este fenómeno de multiplicación de la cantidad de información que existe en el mundo se ha venido a llamar la ‘explosión de la información’, aunque más bien debería llamarse la ‘explosión de la desinformación’, indigerible y confundidora”, escribe Alfons Cornella.

Es indudable que internet ha facilitado gran cantidad de actividades que antes nos resultaban bastante tediosas o extensas y, de la misma manera, nos permite acceder a gran cantidad de información. Sin embargo, esto nos ha llevado a la sobrecarga informativa.

Alvin Toffler acuñó la expresión information overload (sobrecarga informativa) en su libro Future Shock y, básicamente, lo que nos quiere decir es que poseemos demasiada información y generalmente no sabemos cómo compararla o procesarla; sin embargo, si queremos referirnos a la sensación que nos genera dicha sobrecarga podemos expresarla en un término: Infoxicación (acuñado por Alfons Cornella)

Es curioso, lo que unos ven como información que aporta en su día a día, otros lo llegamos a ver como publicidad innecesaria, spam o, en el peor de los casos fake news. Considero que este último resulta ser el más dañino partiendo de que su contenido ilusorio, falaz y embustero se expande de forma más rápida que alguna noticia que realmente tenga como objetivo informar o incluso, prevenir.

Sumado a eso, es preocupante que ese contenido engañoso termine siendo difundido a través de prensa escrita, portales de noticias, radio y, claramente, redes sociales. Me pregunto por qué diarios o páginas web como The Onion o Barcelona, entre otros, se dedican a hacer contenido humorístico o satírico partiendo de la desinformación que, si bien no aparenta mal alguno por ser portales “reconocidos”, a mediano plazo puede resultar engañoso si por error llega a manos (o más bien ojos) de personas no muy experimentadas en la internet; de aquellas personas que también terminan compartiendo cadenas o imágenes con contenido ilusorio asociado a religiones o beneficios económicos.

La inmediatez de la información ha creado una nueva "necesidad" y las personas la estamos asimilando como tal: mantenernos on, es decir, en línea día a día. Parecemos fluctuar entre tanto contenido, no podemos abarcar cantidades tan absurdas de información y, de la misma manera, no profundizamos en un tema en especial. Es lamentable; quién iba a pensar que los avances en la comunicación y la tecnología traerían consigo una “explosión de la desinformación” (Cornella, 2010).

Ahora bien, probablemente solo quienes tienen un poco más de experiencia con grandes cantidades de información y que realmente han profundizado en determinados temas se llevan la ventaja al momento de examinar qué contenidos pueden llegar a ser erróneos.

Es bastante irónico que con tantas posibilidades de adquirir o simplemente reforzar conocimientos en la materia que deseamos, no logramos aprovecharlas a cabalidad, bien sea por alguna red social que nos lleve por el espinoso camino de la procrastinación o porque debemos cumplir con alguna obligación. Si bien es cierto que pasamos del libro impreso al libro digital, o aún mejor, al audiolibro, por lo general no recurrimos a ellos. Así las cosas, parece que los libros en las bibliotecas se llenan de moho y telarañas a la par con nuestro cerebro.

De la misma manera, vemos cómo el consumidor ha pasado de solo ver contenido a crearlo: prosumidor; por esta razón también podríamos decir que no hay un “filtro” para tanta información que se crea y cuelga en la nube. Es preocupante, y quiero recalcar la importancia de la calidad, si hoy día prácticamente cualquier persona puede generar contenido como por ejemplo un meme o ya sea algo más “elaborado” como un escrito, entonces cabe preguntarnos si debemos ir absorbiendo y pasando por acertado todo el contenido que se nos atraviese a diario en la web.

A los empleados se les ha hecho creer que si tienen demasiada información es por falta de organización, pero no se les habla de infoxicación, de hecho, muchas personas no están familiarizadas con este término aún. La tecnología nos hace ser terriblemente ansiosos, acelerados y esto afecta el rendimiento para determinados ámbitos, ya sea laboral o de alguna otra índole.

El reconocido empresario Alfons Cornella, en una transcripción de una conferencia llamada Cómo sobrevivir a la infoxicación, expone que la sobrecarga informativa va mucho más allá de un problema tecnológico, abarcando lo cultural, lo social, entre otros aspectos, y que se debería crear un filtro personal en donde nos planteemos cinco temas que de verdad nos interesen en nuestra profesión o proyecto de vida; para así proceder a la división de la información en tres grandes partes. A la hora de buscar información con relación a dicho tema, empezamos a desechar la información que realmente no se asemeja a lo que buscamos y que él denomina como información fatal.

Sin embargo, también se presentan inconvenientes en la segunda división: información interesante; vemos la información como servible en un futuro y por eso tratamos de apartarla y mantenerla con nosotros. Cornella señala que es mejor de una vez descartar esta información e ir al punto con la información útil, la que empezamos buscando.

Finalmente, cabe resaltar que como la mayoría de temas hay voces a favor y en contra, sin embargo, este asunto va más allá. Trata también de un control individual; si sabemos que no podemos abarcar, procesar y gestionar gran cantidad de información y de diferentes temas, no busquemos hacerlo, enfoquémonos en un tema en específico y que sea útil o vaya con relación a lo que buscamos y profundicemos en él. Tenemos que ser más astutos y buscar organización a través de algunas estrategias nombradas, de lo contrario la mayoría de personas padeceremos obesidad informativa.

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