Sobre la Casa de Papel y su revolución social

"La serie ha demostrado que los pueblos no pueden seguir indiferentes ante sus realidades sociales, las crisis se agudizan, se requieren cambios y están dispuestos a movilizarse"

Por: Fabian Rojas
abril 05, 2020
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Sobre la Casa de Papel y su revolución social

Pasado un día del estreno de la nueva temporada de la casa de papel, las ansias con las que se estaba esperando este estreno concuerdan con la magnitud del impacto que ha generado. Esta temporada se caracteriza por un nivel de suspenso mayor en relación a las temporadas anteriores. Nuevos odios, viejos amores, rencores guardados desde el primer capítulo de la serie por un personaje bastante particular, se entrelazan para continuar con el gran robo al Banco de España y poner en jaque al sistema.

Desde la temporada anterior los ladrones con la máscara de Dalí han vuelto a la escena pública y le han declarado la guerra al Estado. El apoyo popular está en alza y, en esta temporada, el pueblo, el ciudadano de a pie que protesta al frente del Banco, ha sido clave en los planes del “profesor”. Al comienzo de la temporada una decisión puso en riesgo el apoyo popular, tan anhelado para todo insurgente que busca eco en la gente. Dos tiros de cohete contra el camión blindado de la policía ocasionaron la duda sobre si aquellos ladrones se comportaban como Robin Hood, o si calaban perfectamente en la imagen del terrorista cuyos objetivos no van más allá del interés personal. ¿Enserio este grupo de ladrones está poniendo en jaque al sistema o solamente son útiles para seguir justificando los aparatos coercitivos del Estado?

Esta duda se fue resolviendo conformen avanzan los capítulos, aquel manto de duda que generaba vacilación en la gente se convirtió en un irrestricto apoyo al grupo de ladrones. En las treguas se ganan o se pierden las guerras, como bien lo demuestra la serie. En una cadena de golpes imprevistos, la aparente improvisación del profesor por el desespero de perder el control, se convierte en un plan de emergencia perfectamente elaborado. En este plan, los golpes al Estado no se hicieron esperar y la reacción de la opinión pública fue crucial.

La gente, el pueblo, la ciudadanía protestando afuera del Banco veía cómo el Estado español se derrumbaba ante la máscara de Dalí y la canción de bella ciao, los mayores triunfos de Alicia Sierra y la inteligencia estatal se convirtieron en sus peores enemigos. El Estado viola los Derechos Humanos, tortura, asesina, oculta información. Con esta denuncia el profesor desequilibró la balanza a favor de los rebeldes, el pueblo en movimiento hizo parte de esto, sin la movilización social no hubiese sido posible un impacto de tal magnitud como lo tuvo el “Plan Paris”.

El triunfo de La Casa de Papel no solo ha sido mostrar que es posible una revolución en un atraco a un banco, sino también, exponer que en aquel grupo de ladrones se condensa la pluralidad de personalidades y la diversidad de opiniones que existen en una sociedad como la nuestra y que, a pesar de las contradicciones que se tengan, una lucha colectiva es posible y necesaria.

Desde su inicio la serie ha dejado un gran interrogante: ¿La Casa de Papel es una apología a la revolución social en sociedades contemporáneas? Más allá de responder si o no, lo que ha demostrado la serie es que vivimos en un momento en el cual los Estados ya no puede funcionar al margen de la ley, violando los Derechos Humanos, aumentando sus armas para la guerra sin que el pueblo los observe, se indigne y luche por una transformación social. Y, en la misma medida, la serie ha demostrado que los pueblos no pueden seguir indiferentes ante sus realidades sociales, las crisis se agudizan, se requieren cambios y están dispuestos a salir a movilizarse las veces que sea necesario.

En momentos de epidemia la movilización social no se puede detener. Mientras llega el tiempo en el cual nos podamos volver a encontrar en las calles, atrincherémonos en nuestras casas, en los libros, en las ideas, en el diálogo incesante acerca de cómo construir un futuro en común, un proyecto colectivo.

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