Aislamiento, ¿un problema o una oportunidad?

"Si logramos reformar nuestras cogniciones y adaptarlas funcionalmente a la crisis, esta se transformará en una gran oportunidad que cambiará para siempre nuestras vidas"

Por: Octavio López Pinta
abril 05, 2020
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Aislamiento, ¿un problema o una oportunidad?
Foto: Vía Twitter / @theivanjoe

No quisiera empezar esta disertación, sin antes relacionar un dato curioso que encontré en una revista científica, en la cual se anota que una hormiga europea (Temnothorax unifasciatus) cuando presenta sustancias nocivas en cuerpo, se separa de su manada hasta morir, con el objetivo primordial de eliminar el contacto con sus semejantes y protegerlas de la infección, preservando la supervivencia de sus familiares, reduciendo al mínimo los riesgo asociados con la vida social, como la propagación de enfermedades. Al examinar lo anterior me pregunté ¿Cuál es la realidad en cuanto cerebro y sistema neuronal de las hormigas? Y nuevamente, me sorprendí con este insecto, puesto que los estudios de biología establecen que se trata de uno de los insectos más “sociales” en el planeta, es decir, vienen programados genéticamente para ser sociales y vivir en manadas compuestas por docenas de millones, su capacidad cerebral es menor a un milímetro y poseen menos de un millón de neuronas, pero esto les basta para comprender el riesgo y les permite separase a tiempo para proteger su especie.

Una vez expuesto lo anterior, quiero centrar mi discurso en la situación actual de aislamiento obligatorio de la especie “superior”; si se hubiese dado aislamiento espontáneo, quizá el mote de superior cabría; pero se ha dado dentro de un sinnúmero de normas especiales y reglas y, no suficiente con eso,  los estados han debido hacer uso de sus fuerzas armadas para disuadir a los “seres superiores” que arriesgan su integridad y la de sus cercanos, aduciendo necesidad de subsistencia, entonces cabe otra pregunta ¿será que la hormiga de nuestro ejemplo, con su diminuto cerebro alegaría subsistencia y decidiría incluirse en la manada, sin importar su aniquilación?, la respuesta es obvia, no. Pero a tres libras de cerebro y 86 mil millones de neuronas, se le ocurre aludir necesidad de sobrevivir, aunque en ello se vaya su vida y la de unos cuantos cercanos. Al analizar, la necesidad de subsistencia, esta es discutible, dado que es probable que los altos índices de contagio de la actual pandemia, no se ha generado en espacios específicos de subsistencia, hay datos que refieren que los principales focos de contagio han sido espacios deportivos y de esparcimiento, así como aeropuertos y centros comerciales, quizá estos sitios no tienen nada que ver con supervivencia, puesto que la mayor parte de la historia de la humanidad se ha generado en ausencia de eventos deportivos, sin aeropuertos y sin grandes superficies comerciales.

En tal sentido,  es adecuado colegir que la expansión de la pandemia no obedece al alto nivel de contagio del virus COVID 19, sino nuevamente a la estupidez humana, a la ausencia de razonamiento, a la carencia de sentido común y lo que es peor, a la indiferencia. Europa ya conocía de la estrategia de aislamiento impartida por el gobierno Chino; pero no se aisló, es más, fueron insensibles a la problemática y actuaron como si fuesen inmunes, Italia se fue de rumba, Francia de compras y España a jugar fútbol y esta testarudez les ha costado más de 50 mil muertes hasta el momento.

Pero el sufrimiento y la muerte que genera el virus no es lo que mortifica al “ser superior” es la preocupación al aislamiento, esto ha desatado todo tipo de manifestaciones que no hacen más que corroborar lo grande que le queda al ser humano el adjetivo de ser superior; puesto que un ser superior podría asumir su responsabilidad de aislarse y sobrevivir y resistir, con la mínima asistencia, sin embargo, todos (ricos y pobres) claman ayuda, salvamento y asistencia permanente y en el caso de Colombia, tan solo llevamos de aislamiento seis días; no quiero ni pensar en tres meses; recurriríamos al canibalismo. Lo paradójico de todo esto es que somos la generación con más recursos para combatir las consecuencias negativas que acarrea un aislamiento; tenemos herramientas tecnologías que nos conectan en milésimas de segundo con todo el mundo, tenemos la información a la orden del día, podemos, inclusive modificar el mundo, desde nuestro sillón; pero lo primero que se nos ocurre es quejarnos y llorar, cual bebé de brazos pidiendo ser alimentados por una madre raquítica llamada estado.

¿Y cuál es la raíz de esta crisis prematura ante el aislamiento? La falta de disciplina, es quizá la más notoria de las carencias humanas, no hay una economía familiar organizada, es una generación donde el ahorro ya no es un hábito y la más grave de las carencias, la ausencia de creatividad. Somos una sociedad dependiente de la moneda ¿será que la ausencia de moneda es sinónimo de extinción de la especie humana? En absoluto, pero si lo es la ausencia de creatividad y adaptación, son estos factores fundamentales para preservar la especie, desgraciadamente nos hemos distanciado de la genética y la biología, no sobrevive el más fuerte, sino el que se adapte fácilmente y el más creativo.

Me imagino, el provecho que sacarían grandes genios de la historia a este aislamiento, Miguel Ángel, quien gustaba del aislamiento, ya hubiese iniciado una gran obra, Isaac Newton, ya hubiese creado una nueva teoría de la Física y no quiero ni imaginarme lo que hicieran en esta cuarentena Nikola Tesla, Tomas Edison, Einstein o Turing; tendrían inventos, proyectos y teorías para los próximos cien años, sin embargo, las generaciones actuales lo único que se les ha ocurrido es lamentarse, agredirse y los más peligroso, asumir de manera catastrófica la encerrona, quizá más trágica que el mismo virus.

Es quizá este análisis disfuncional el que está abocando a generar violencias innecesarias, el surgimiento de enfermedades de tipo mental, las cuales, no son el resultado de la crisis extrínsecas, sino de las debilidades y crisis intrínsecas del sujeto, las cuales son susceptibles de modificar, inclusive sin intervención foránea o tratamientos estrictos, simplemente basta con sentarse, abstraerse por un instante y preguntarse ¿es realmente una tragedia lo que estoy viviendo? ¿Hay posibles soluciones a esta eventualidad? ¿Cuántas de estas soluciones dependen de mí? ¿He planteado alguna solución? ¿Es una solución viable y favorece a los que me rodean? ¿Qué puedo hacer desde mis capacidades? ¿En que aportaría si pierdo el control y que afectaría en mi vida y en la de los míos? ¿Tengo un plan racional para resistir? Le aseguro que cada respuesta que usted le dé a estas preguntas sencillas le llevaran a entrar en el mundo de los creativos y en los que fácilmente se adaptan a la crisis y por ende, en el mundo de los seres superiores, de los resilientes que son en últimas los que sobreviven a tosas la crisis. En fin, este aislamiento, será desfavorable si lo asumimos desde concepciones erróneas, trágicas, catastróficas, pero si logramos reformular y  reformar nuestras cogniciones y adaptarlas funcionalmente a la crisis, esta se transformará en una gran oportunidad que cambiará para siempre nuestras vidas.

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