Sobre el movimiento universitario

Lo que se ve hoy no es nuevo. Sin embargo, se espera que la manifestación de los estudiantes no sea disuelta con “el palito de disolver ideologías”, al decir de Mafalda

Por: Silvio E Avendaño C
Octubre 10, 2018
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Sobre el movimiento universitario
Foto: Twitter @LaudEstereo

Una vez más si se mira a través del tamiz de la historia, desde el movimiento de Córdoba (1918), la cuestión universitaria recuerda la serpiente que se muerde la cola. Desde 1918 la universidad ha sido profesionalizante sin contacto con la realidad. A través del tiempo los puntos problemáticos de los centros de educación superior, en la atmósfera de la globalización, de las revoluciones tecnológicas y de agotamiento de recursos, continúan sin solución.

Así mismo, la autonomía es un tema que ha permanecido desde el movimiento de los estudiantes de Córdoba, asunto que tiene su asiento en las universidades públicas, dado que las universidades confesionales, privadas, o aristócratas no están interesadas en que los estudiantes estén en la dirección de esas instituciones.

Y si bien las condiciones de la reforma señalaban los puntos críticos de la autonomía administrativa, financiera y pedagógica, en las universidades públicas es significativa la pasividad del estudiantado frente a la dirección de la universidad, con ello el abandono del claustro, dado que existe la mentalidad de que a la universidad se va a conseguir un título que haga posible conseguir un trabajo.

A su vez, en el caso de las universidades públicas, bien de la nación, estas no han logrado establecer, ni están interesadas, una red universitaria, que haga posible la movilidad de estudiantes, profesores, etc. Además, tampoco se puede olvidar el ahogo presupuestal al que están sometidas y lo que sucede con las cátedras, dado que para ser profesor universitario no hay mayor exigencia.

Por otro lado, en cuanto al conocimiento, es vital la formación de científicos dadas las realidades del trópico y de científicos sociales que establezcan las relaciones del individuo, la sociedad civil y el Estado.

Hay que decir que la mayoría de las universidades forman profesionales y que es cierto que hay interés por la trasmisión del conocimiento. Sin embargo, no hay interés en la creación del mismo, como tampoco en enseñar a pensar. Continúa el divorcio entre la realidad social y la universidad.

Por último, la competencia entre la universidad pública y la universidad privada señala que no hay educación de calidad. La universidad estatal se ve continuamente cuestionada por la politización, hecho que no ocurre en la universidad privada. Suele decirse que la universidad pública forma “trabajadores”, mientras que la universidad privada forma “dirigentes”. No se puede olvidar que la esencia de la universidad privada es el particularismo, en otras palabras, la ideología según la cual lo esencial en la sociedad es pertenecer a determinada clase que permita pagar una matrícula alta.

 

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