Opinión

Simón el bobito regala gasolina

Por:
septiembre 17, 2013
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Últimamente me escriben muchos lectores anonadados con mis propuestas urbanas. Si usted es de esos que piensa que soy sarcástico en mis columnas, le respondo: nada de sarcasmo aquí, esto es puro irrealismo mágico.

Parece que por fin nos van a bajar el precio de la gasolina para que logremos un precio más ‘chavista’. Escuché la noticia la semana pasada, mientras iba solo en mi carro de cinco puestos por Medellín. Iba yo relajado revisando el Instagram de ladito, cuando se me atravesó una ciclista alebrestada. ¡Que susto me dio! Se me cayó el celular y además casi me daña el retrovisor. Ahí mismo aceleré para alcanzarla y pitarle cerca al oído, pero como ese tráfico de la Avenida del Poblado no lo deja a uno andar ni 100 metros, se me perdió entre los carros.

Sin embargo, cuando llegué a Sao Paulo Plaza, me la volví a encontrar. Paré oreja, y como que llevaba tiempo discutiendo con el vigilante, pidiéndole que le permitiera estacionar sus dos ruedas propulsadas por energía humana, en algún lugar del inmenso parqueadero vacío en toda la entrada. Afortunadamente, el guardia sabe que esos cien parqueaderos ahí arriba son solo para nosotros, los que vamos en carro, y la mandó para el último rincón del sótano profundo. ¡Esa es la justicia divina en acción! ¿Se imaginan donde nuestros centros comerciales en este país instalen cicloparqueaderos cómodos en sus entradas? Ahí sí se nos llena esto de ciclistas.

Dichosamente los verdaderos estadistas de Colombia le están metiendo la mano al asunto de la movilidad urbana. Cada vez es más grande la pandilla de honorables congresistas promoviendo que se baje el precio de la gasolina. Eso si me gusta señores, no se dejen convencer de lo contrario, no importa que más de un 75% de la contaminación del aire de nuestras ciudades sea generada por el transporte; no importa que haya gran evidencia de las inmensas amenazas a la salud pública, por una alta dependencia del transporte motorizado. ¿Eso qué importa?

Lo que realmente importa es que nos bajen ese precio de la gasolina para que podamos comprar más gasolina. El video del Partido Liberal lo dice muy bien: “nos pasa diariamente a 14 millones de colombianos que tenemos carro o moto”.  Además, con una gasolina más barata podemos lograr que los 30 millones de colombianos que faltan, también compren carro o moto, y puedan consumir mucha gasolina; ¡así como en Venezuela! donde la gasolina es mucho más barata que el agua. No me queda claro por qué no mencionan a Venezuela en ese comercial, ni en los debates de los honorables congresistas Gaviria, Velasco y Moreno. Deberían mencionar claramente a Venezuela, para que en nuestra mente nos imaginemos claramente lo que implica bajar el precio de la gasolina. ¿Por qué será que no mencionan a Venezuela cuando arengan por gasolina más barata?

Tengo varios amigos académicos en las mejores universidades del mundo, que me inundan el Twitter explicándome las razones por las cuales –según ellos– la gasolina no debe bajar. Son cansones. Me dicen que disque los consumidores de gasolina para viajes urbanos no cubren la totalidad de los costos sociales que generan; que nuestro sistema de transporte altamente dependiente de la gasolina emite casi un cuarto del total de los gases de efecto invernadero en ciudades; que los efectos en la salud (ataques de asma, problemas respiratorios) están directamente relacionados con altos niveles de motorización. Peor aún, algunos se atreven a explicarme que si el alto precio de la gasolina obliga a la gente a pasarse del carro al transporte público o a la bicicleta, entonces la suma de los beneficios en salud para la gente, las reducciones en congestión, accidentes, y contribución al cambio climático, termina generando beneficios económicos para los ciudadanos, cuando hay aumentos en el precio de la gasolina.

No vayan a pensar que yo le creo a mis amigos académicos. No importa que hayan estudiado el tema toda su vida; solo resumo aquí sus razones, para que después no me protesten diciendo que yo no escucho. De hecho, le creo más a Simón Gaviria, así la haya embarrado cuando firmó la reforma de la justicia sin leerla. Adelante honorable congresista Simón, presionemos para bajar el precio de la gasolina. No le ponga cuidado a quienes lo tildan de populista, ni mucho menos a quienes dicen que eso claramente le va a dar muchos votos. Regalar gasolina no es tan ‘bobito’, cuando se viene la campaña. ¡Yo lo apoyo!

 

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