Sí, soy profesor, pero eso no me hace comunista

Un decálogo para todos aquellos que dicen que los docentes son guerrilleros de marcador o revolucionarios que adoctrinan

Por: Dustin Tahisin Gómez Rodríguez
octubre 23, 2020
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Sí, soy profesor, pero eso no me hace comunista

La primera vez que enseñé fue en un colegio trilingüe, lo hacía con niños de preescolar, y luego, el segundo año, con los de primaria. Mi asignatura era matemáticas en inglés. Cuando ingresé, siendo honesto, lo vi como una posibilidad, no como mi carrera, pues no soy licenciado. Sin embargo, desde que me dieron la oportunidad, me la he pasado estudiando no solo mi profesión sino también cómo enseñar, pues no es solo saber mucho de un tema, también hay que saber de pedagogía y didáctica para construir y deconstruir conocimiento.

¡Me encanta ser el profesor! Me fascina ver cómo mis estudiantes aprenden, debaten, critican, se empoderan y se emocionan cuando hablo. Cada vez que termino un semestre, ya que ahora soy profesor universitario, muchos de ellos me felicitan por mi labor. Me gusta encontrarlos por las calles: si fueron estudiantes de colegio me agrada la forma amable en que me ven y me saludan, o si fueron de la  universidad, el respeto que me tienen porque saben que al igual que ellos nos hicimos a pulso.

Sin embargo, también hay cosas negativas. Una de ellas es que, al igual que los comunicadores sociales y las enfermeras, somos el gremio con menor retorno a la educación. Sin olvidar, el poco retorno social que enfrentamos los profesores. En muchos colegios nos tratan como niñeros y en algunas universidades nos conciben como capital variable, porque el estudiante en esas instituciones se volvió cliente, dejando de ser lo que realmente es... y pues el “cliente tiene la razón”, algo muy alejado de la realidad educativa.

Pero lo que más me fastidia es cuando pseudointelectuales nos catalogan a muchos de nosotros como comunistas, solo porque no repetimos ni tratamos de ocultar las masacres y la miseria promedio del pueblo colombiano. Dicen que somos “guerrilleros de marcador” o “revolucionarios que adoctrinamos”, por favor... Para esas personas, este decálogo:

  1. El pensamiento crítico no se desarrolla ocultando la verdad, ni mucho menos idealizando narcotraficantes. Los profesores que fortalecemos esta actividad por medio de la lectura rigurosa y los estudios que realizamos buscamos desequilibrar las estructuras cognitivas por medio de contrastar la realidad. ¡Pensar nos hace libres!
  2. La investigación como pivote de la transformación del tejido social no puede ser limitada por estrecheces políticas coyunturales. La investigación es sinónimo de cambio y para ello debe de ser libre. Sin olvidar, los mínimos que debe de tener desde el punto de vista académico y ético.
  3. Ser docente es una vocación. Pero eso no quiere decir que no tengamos nuestra posición argumentada frente a los fenómenos sociales. Tampoco quiere decir que no protestemos por las condiciones tan lamentables que poseen muchos compañeros.
  4. Los profesores, como cualquier profesional, tienen familia, subjetividades y deudas. Además, cuando juegan con sus salarios, también lo hacen con su calidad de vida y la de su entorno inmediato.
  5. Muchos profesores somos creyentes y otros no lo son. Eso no hace que tapemos o vanagloriemos lo nefasto o las virtudes de la religión. Ante todo, la libre expresión. Que no nos pase lo que ocurrió en Francia en estos días: un profesor hablando de libertad de expresión mostró unos iconos de Mahoma en clase y lo decapitaron a plena luz del día.
  6. Los profesores no somos niñeros, ni mucho menos reivindicadores de hamponcitos malcriados. Estamos para colaborar y para construir, pero jamás para terminar de criar, ni mucho menos para suplir las responsabilidades de los progenitores.
  7. Que algunos profesores promulguen sus ideas de izquierda o derecha no nos hace a todos comunistas o fascistas. Para eso está la universidad. Para el debate, para la argumentación, para la posición crítica frente a los hechos. La palabra universidad viene de universal. Es un espacio pedagógico donde los estudiantes encuentran de todo y como adultos deben asumir y potencializar su pensamiento crítico.
  8. Si nos remitimos al primer tomo de El Capital, al Manifiesto del Partido Comunista de Karl Marx y al segundo libro en compañía de Engels no ha existido desde la Revolución Bolchevique del año 1917 el comunismo. En virtud que para que se establezca el comunismo no puede hallarse un Estado y estuvo la URSS, como existe Cuba, Corea del Norte, Vietnam, Venezuela, etc. En consecuencia, lo que hay son diferentes clases de socialismos. Por lo menos lea si quiere debatir como dijo Jaime Garzón.
  9. Si usted como padre de familia quiere un hijo dócil y que no le debata cuando usted comete errores, o si usted como estudiante solo quiere ir a clase y que la califiquen por ocupar el puesto y con notas excelentes porque sino se retira, le recomiendo que no estudie, que busque un lugar donde le certifiquen ser un mediocre más con título. Los profesores somos actores políticos y eso inevitablemente se verán en los espacios pedagógicos.
  10. Para terminar, no negamos que algunos compañeros flaqueen al presentar sus convicciones como actores sociales. No negamos que hay mucho aparecido que se cree profesor simplemente porque le tocó y muchos que no les gusta y utilizan su poder para desacreditar la academia. Sin embargo, en promedio, nosotros los profesores, somos personas que nos gusta lo que hacemos; que tratamos de preparar las mejores clases; y que en todo momento nos capacitamos para ofrecer una mejor educación, a pesar de que el promedio no recibimos la compensación salarial ni social que merecemos. Además, ante todo, somos seres humanos que pregonamos que la educación es el camino para el cambio y para la transformación, porque para eso somos los profesores los mediadores de la cultura. Eso sin olvidar que la profesión escalera de todas las demás profesiones es la docencia, porque antes de ser usted economista, biólogo o lo que sea, un profesor fue el que le enseñó a leer y a escribir, y a sumar y a restar. Antes de ser usted el gerente, un profesor universitario le enseñó microeconomía y macroeconomía.
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