Sí hay paro armado, señor presidente

"No nos podemos mantener en torno a la paz y dentro de la ironía del terrorismo, supeditados pasivamente a unas conversaciones seriamente socavadas"

Por: daniel santos carrillo
febrero 12, 2018
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Sí hay paro armado, señor presidente

Antes de los hechos terroristas acaecidos el sábado 27 de enero 2018 en la ciudad de Barranquilla, extendidos al municipio de Soledad (Atlántico), y que afectaron también a otros departamentos de la región Caribe, el gobierno nacional, en titularidad del presidente Juan Manuel Santos Calderón, había designado un nuevo equipo negociador, ya que el doctor Juan Camilo Restrepo, muy seguramente dentro de una madura y responsable reflexión, renunció de manera irrevocable al cargo.

Se designó para el 19 de diciembre pasado al barranquillero Gustavo Bell Lemus, exvicepresidente de la República y ministro de Defensa Nacional, quien se encontraba como embajador en la dictadura de Cuba. Tal designación pareciese que no fuera del agrado de la guerrilla terrorista del Eln, ya que ha sido mayor la distancia que se ha venido tomando en unos diálogos de conversaciones para la paz y que asemejan conversaciones para la guerra, en la que víctimas somos los colombianos.

Ya el presidente Juan Manuel Santos Calderón, previo a los hechos de terror en la ciudad de Barranquilla, había suspendido el inicio de diálogos en su V ciclo o ronda. Lo hizo para el pasado 10 de enero, justificándose válidamente en los atentados del Eln contra importantes infraestructuras, ataques a bases del Ejército Nacional y la Policía Nacional de Colombia, asesinato de un soldado, otros heridos. Desde luego las Fuerzas Armadas de Colombia asestarían golpes contundentes, entre ellos, la muerte del cabecilla de la guerrilla, alias Arturo (ocurrida para el 20 de enero).

Tal suspensión, ya habituados en el país a esos “pañitos de agua tibia” por el ahora Premio Nobel de la Paz (nuestro Presidente) y que se ha hecho medida conocida por la guerrilla terrorista del Eln, encontraría su declinación para el 21 de enero, fecha en que se ordenara al barranquillero y exministro de Defensa Nacional Gustavo Bell Lemus reanudar la ronda de conversaciones en la agenda para la paz programada, bajo la exigencia de la Organización de Naciones Unidas (que valga reseñar, acaba de declarar al Eln autor de violación del Derecho Internacional Humanitario por los hechos de terror y asesinato de policías en Barranquilla), cuyas posiciones han merecido criticas justificables por expertos.

Alentaba la Onu al Premio Nobel de la Paz a continuar con unos diálogos, ya perdidos en el cinismo terrorista del Eln y perdidos en la muerte de soldados y policías, nuestros soldados, nuestros policías. Nos encontraríamos los colombianos en ese nuevo capítulo de conversaciones en uno de los hechos de mayor barbarie y terror, en que jóvenes policías, padres y esposos, hijos y hermanos, ciudadanos vinculados a la Policía Nacional, desprovistos del habitual material armado para proteger vida honra y bienes, como les viene encomendado por la Constitución Nacional como misión, que llegaban disciplinadamente a participar de una formación y encomendándose en oraciones al creador en su inicio de labores, bajo la confianza de uno de los barrios populares de la ciudad de Barranquilla y sus vecinos, en un espacio contiguo a un parque, a una dependencia de la Alcaldía Distrital, a un entorno deportivo y en la parte de atrás de la Estación de Policía San José, para terminar siendo blanco criminal de un ataque indiscriminado (Artículo 51 (4) del Protocolo I adicional a los Convenios de Ginebra), que constituye gravísimas violaciones al Derecho Internacional Humanitario, como había demorado en publicitarlo la Onu ( que queda bajo “sospecha” en su tardía manifestación).

Nuevamente anunciaría nuestro presidente y Premio Nobel de la Paz, la suspensión de la ronda de diálogos ( 29 de enero), pero la respuesta del terrorismo que representa la guerrilla del Eln no se haría esperar, “paro armado” y coincidencialmente involucrando las fechas de una de las fiestas de mayor trascendencia nacional y declaradas Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad.

Nos invita a todos los colombianos, el doctor Juan Manuel Santos Calderón: “El paro armado se promueve para generar miedo y la mejor forma de hacerle frente es precisamente no ceder ante el miedo, si la población actúa normalmente, estos paros armados fracasan”.

Complejo comprender el pensamiento o la interpretación que hace el Premio Nobel de la Paz de lo que acontece bajo el terror y crimen perpetrado en estos días por el Eln. Hubo “paro agrario” en el pasado, ahora hay un “paro armado”, ¿qué comprenderá el doctor Juan Manuel Santos Calderón? Ojala tuviéramos oportunidad de conocer con mayor amplitud su justificación en lo dicho. “Quien siembra vientos recoge tempestades”. Los colombianos no somos los titulares de esa siembra de vientos.

Los colombianos no podemos como población actuar normalmente frente a las amenazas terroristas del Eln. ¿Podrían los familiares de los policías recientemente asesinados en Barranquilla, los que se encuentran bajo incapacidad por tales hechos, los que se encuentran hospitalizados, los que pretendieron viajar y no pudieron, los que tendrán dificultad en sus retornos por los atentados en principales corredores viales nacionales, muchos otros, todos? La seguridad es una seria responsabilidad y si la Fuerza Pública no se encuentra actuando normalmente, ya que pesa el acuartelamiento y el alistamiento de primer grado para militares y policías, ¿por qué encontrarnos los colombianos frente a amenazas del Eln y como población actuando normalmente? Hay que adoptar las medidas que nos brinden en cada caso particular, la seguridad pertinente. Ello es completamente coherente.

Corresponde invitar a nuestro presidente, no como nuestro Premio Nobel de la Paz, a que madure las decisiones en un proceso de paz con el Eln y no se mantengan en el “juego” de suspender ciclos por un lado y declarar “paros armados” por el otro, donde las principales víctimas somos los colombianos. Pasen del “juego” dilatador de un proceso de negociación a comprender tanto la guerrilla terrorista del Eln y el gobierno nacional, que el ciclo de gobierno en Colombia, se encuentra bastante agotado y que tanto a la cúpula del Eln y al presidente de la República no les resta nada diferente que esperar la definición de las elecciones presidenciales. Pasen gobierno y guerrilla a esa coherencia natural. Las condiciones de los actuales diálogos no tienen asidero racional, mucho menos legal en atención a lo reseñado. Salvo hagan los terroristas del Eln un absoluto cese de hostilidades y que les pueda servir como fundamento ante el nuevo presidente, ante el nuevo Congreso de la República y principalmente ante el juicio que hagamos los colombianos.

También se hace invitación como titular del Premio Nobel de la Paz, que bajo las facultades y competencias que le señalan el artículo 189 de la Constitución Nacional y la Ley 4ª de 1913, declare duelo nacional por la muerte de nuestros policías Yosimar Márquez Navarro, Freddy de Jesús López Gutiérrez, Freddys de Jesús Echeverría Orozco, Anderson René Cano Arteta, Yamith Rada Muñoz y Willy Savier Rhenals Martínez, acaecidos en Barranquilla, la tierra del Jefe Negociador de Diálogos de Paz con el Eln. Por la muerte de nuestros policías, Manuel Guillermo Galvis Contreras y Ferney Alexander Posada Chavarría, igualmente para la fecha del 27 de enero 2018, en el municipio de Santa Rosa en el sur del departamento de Bolívar. Hay una ciudadanía que reclama un duelo oficial, una ciudadanía que a través de peticiones respetuosas se dirige a la presidencia, ante otras autoridades. También se han sentido afectados por lo ocurrido en Barranquilla, todos los colombianos, sumando a través de oraciones, misas, manifestaciones y concentraciones en el país. Cursa en el Consejo de Estado una acción de amparo demandando un duelo nacional y se anuncian igualmente toda una serie de actos religiosos que recojan y mantengan la memoria de quienes no debieron morir en un hecho de terror el 27 de enero 2018 en la ciudad de Barranquilla.

Los colombianos no podemos continuar expuestos de ninguna manera a la ocurrencia de nefastos hechos como los acontecidos, no podemos alejarnos del conocimiento de la “Teoría de las ventanas rotas”, que invita a un mayor compromiso para evitar hechos de crimen, a una mayor solidaridad y que todos somos dolientes en lo que afecta a la sociedad. No nos podemos mantener en torno a la paz y dentro de la ironía del terrorismo, supeditados pasivamente a unas conversaciones seriamente socavadas en su credibilidad.

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