Señores políticos y empresarios, ¡dejen de ser tan H.P.!

¡El costo de la democracia es impagable! Por eso, si las regalías e impuestos fueran ejecutadas directamente, ser político a sueldo dejaría de ser un negocio redondo

Por: Andrés Óliver Ucrós y Licht
noviembre 30, 2018
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Señores políticos y empresarios, ¡dejen de ser tan H.P.!

¿Democracia, sinónimo de corrupción en Colombia? ¿Cuánto cuesta ser “democrático” en Colombia? ¿Cuánto puede costar una campaña política?

Campaña al Congreso de la República: Según Semana “hay estimaciones de que una campaña al Congreso puede valer hasta 24.000 millones, lo que cuesta una campaña presidencial” (ver noticia). A 2018 tenemos 108 senadores, de los cuales 100 son de circunscripción nacional, 2 de circunscripción especial (indígena), 5 de los acuerdos de paz (Farc) y 1 senador por obtener el segundo lugar en las elecciones presidenciales (G. Petro). Digamos que las campañas no sean todas de $24 mil millones de pesos, y supongamos que en teoría se necesite un promedio de 3 mil millones para llegar a la Cámara y unos 5 mil para llegar al Senado.

Cuentas alegres por lo bajo: 100 senadores por 5 mil millones (costo de cada campaña política) son 500 mil millones de pesos, multiplique. Si bien, el costo de la reposición de cada voto es de $5642 pesos, y multiplicamos ese valor por la totalidad de los votos al Senado que fueron aproximadamente 10’140.000, esto nos da un total de $57.209.880.000 (cincuenta y siete mil doscientos nueve millones, ochocientos ochenta mil), casi un 10% de lo que cuestan las campañas del Senado entero (hasta aquí no hemos tenido en cuenta lo que cuestan las elecciones para la Cámara).

Cámara de Representantes: En la Cámara de Representantes hay 171 parlamentarios. De estos, 161 corresponden a los 32 departamentos y al Distrito Capital; 2 a las comunidades afrodescendientes; 1 a los indígenas; y 1 por la circunscripción internacional (Colombianos en el Exterior, que casi siempre viene de Miami); 5 de los acuerdos de paz (Farc) y 1 representante por obtener el segundo lugar en las elecciones para vicepresidente. 171 representantes a la Cámara, por tres mil millones de pesos (costo en promedio de cada campaña), son $513 mil millones de pesos. Es decir, casi el mismo costo para elegir 100 senadores, por lo bajo.

Ahora, hagamos una operación simple: Multipliquemos el sueldo de un parlamentario para ver si le resulta buen negocio pagar una campaña política de 5 mil o de 3 mil millones de pesos por el sueldo recibido. De lejos es un “No” rotundo. Hagamos el ejercicio: Si tuviéramos un sueldo de 30 millones y lo multiplicamos por 12 meses del año, y luego por 4 años, nos da $1.440’000.000 (mil cuatrocientos cuarenta millones de pesos, lo que es menos de la mitad de lo que cuesta una campaña a la Cámara, digamos que la mitad con primas y vacaciones, y creyendo que los políticos pueden vivir del aire —y no de nuestra sangre—).

Ahora, pensemos en las gobernaciones: 32 departamentos, con campañas cada una de costos similares al parlamento; y las alcaldías: 1101 municipios con campañas que pueden en promedio bordear los dos mil millones de pesos, cuando no son capitales de departamento. Los sueldos tampoco dan, ni siquiera para un concejal al que le pagan por sesión (hasta 90 sesiones al año a 300 mil pesos c/u en promedio) o para un diputado de Asamblea. ¡El costo de la democracia es impagable! Y las campañas políticas como podemos ver, no se pagan con sueldos ni con reposición de votos.

El Caso Odebrecht-Aval: Asumir la corrupción o hacer una revolución

Si no hacemos nada ante el caso Odebrecht-Aval habremos asumido como “normal” la corrupción. En Alemania entiendo ya es legal darle el 10% a los políticos por cada contratación, pero suponiendo que esto se replicara acá, es altamente probable que se quedarían con el 40% (10% que se le suma al 30% actual para pagar el alto costo de las campañas políticas). El que el senador G. Petro haya recibido dinero para una de sus campañas —al Senado o alcaldía de Bogotá hace más de una década—, evidencia un problema serio: las “dádivas” de los mecenas comprometen los contratos, lo que es decir, puede resultar en una falta de ética.

Se cayó la reforma anticorrupción, siendo así nuestro primer indicador de que hemos “normalizado” la corrupción. El político y las empresas defraudan al pueblo, los funcionarios a las empresas, en el día a día el taxista, el del Uber, el del bus, el tendero, los empleados domésticos, técnicos y profesionales cuya asesoría buscamos, nos roban, y así sigue la cadena. Colombia se vuelve un país que “cuadra” el déficit de su economía a gran y pequeña escala. Hemos asumido que robar es normal. Por eso la reforma propuesta no implicaba un cambio sustantivo.

En mi opinión, los siguientes son los puntos que deben implementarse para cortar la cabeza de la corrupción y terminar con este flagelo que deja pueblos enteros sin agua, sin salud, sin energía eléctrica, y que como reza el aforismo indio, “hace que los castillos de los ricos se construyan con ladrillos de los pobres”.

Reformas que acabarán con la democracia por dinero:

1. Prohibición de la intervención de la empresa privada y de cualquier tercero en la financiación de las campañas políticas. Las campañas políticas las debe financiar exclusivamente el Estado, así no se generan compromisos sinuosos; y todo movimiento de las mismas debe quedar facturado a través de los bancos. Si un político recibe dinero de terceros debería quedar inhabilitado e irse a la cárcel. Así de simple.

2. El voto obligatorio. Los corruptos pueden comprar miles de votos, pero no los votos de todo el país. Será mayor el costo en elecciones (papelería o mejor, dar el salto a un sistema electrónico), pero menor la defraudación en corrupción.

3. Microfederalismo: La administración de los recursos nacionales debe hacerse desde cada barrio o comuna. Esto acabará con la ejecución en manos de intermediarios corruptos y despertará el interés por los negocios públicos en el constituyente primario al tener a la mano los recursos para solucionar sus problemas. Esto es tener veedurías ciudadanas gratuitas. La corrupción es el precio que el constituyente primario paga actualmente por no organizarse desde el barrio o la comuna.

¿Se imagina usted si las regalías y los impuestos fueran directamente para su ejecución a los barrios? Ser político a sueldo dejaría entonces de ser tan importante.

O pasamos impasibles ante esto y terminamos de normalizar la corrupción o hacemos algo para cambiar las cosas. Ustedes, ¿qué dicen?

 

* Nota: Sobre mi artículo que retrataba la carrera de los estudiantes por la educación en Popayán, debo decir algo: Si a usted le escandaliza más el cuerpo de unos jóvenes desnudos luchando por una causa justa como lo es la de la educación pública, por encima de los casos de Reficar, Odebrecht-Aval y la Ruta del Sol, los bonos Carrasquilla, la caída del Chirajara, Hidroituango, el estadio de Neiva, la intermediación de la salud y el alto costo de los medicamentos en Colombia, por citar solo algunos, puede que usted sea un imbécil o sufra, como dirían los romanos, de una capitis deminutio.

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