Seis mil millones vale una campaña tradicional al senado

Grandes electores como el Ñoño, Musa ,y los políticos convencionales que no salen por opinión, invierten para poner a andar la maquinaria. Estas son las cuentas

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Marzo 08, 2018
Seis mil millones vale una campaña tradicional al senado

Una campaña electoral en Colombia es una empresa, tiene los elementos básicos de una compañía comercial: Socios, Empleados, riesgos, sedes, relaciones con públicos, comunicaciones, pero en el caso de una campaña política, tiene grandes ingresos y también egresos, muchas veces sin registro.

El riesgo de fracaso en esta empresa es alto, altísimo y depende de un solo individuo al que llamaremos en esta nota, Socio Capitalista, quiere decir el candidato.

Las campañas reciben aportes, donaciones y recursos provenientes de fuentes diversas a la reposición de votos que es lo que el estado le devuelve a cada candidato por cada uno de los sufragios depositados, estos generalmente van a parar al partido, aunque en los acuerdos internos entre candidato y colectividad podrían ser una parte para el candidato y otra para la organización, las cifras que ingresan son infinitamente más bajas a las que egresan.

Investigamos para hacer un recuento de cuánto cuesta una campaña en Colombia:

Vamos a suponer que la campaña es para alcanzar una curul al Senado de la República.

La circunscripción electoral es nacional para el senado y local para la cámara, o sea que el candidato en el primer caso debe buscar votos en todo el territorio nacional, en este caso la inversión para lograrlo es más alta.

Ganar o perder dependerá en mucho del número en el tarjetón que el partido al que pertenece el candidato le asigne a través de las directivas de la colectividad que son quienes entrega los avales y de los lideres con los que haga fórmula en cada departamento.

Hay que tener en cuenta que el número por sí solo no garantiza el triunfo, pero sí ayuda.

Si el candidato es el número uno de la lista, que lo visibiliza positivamente el costo de la campana será mayor.

Si el número y el candidato no tienen tradición, “clientela” y votos, la empresa será un fracaso y las posibilidades de elegirse serán bajas y por ende la campaña tendrá menos ingresos y mayores gastos.

Hay dos tipos de candidatos, el que tiene opinión y el que tiene clientela.

El de opinión sacará grandes dividendos porque los gastos serán menores. El de la clientela tendrá grandes egresos para garantizar la votación.

Aquí empieza a jugar un elemento dramático que conspira contra el candidato y que inspira el nombre de esta nota: Pánico electoral.

La cosa funciona así:

El candidato al senado busca a la formula a la cámara y a los líderes barriales y locales, estos son los “dueños” reales de los votantes, los líderes saben dónde vive el elector, los tienen reclutados con anticipación, los tienen censados y controlados, pero sobre todo seducidos, si habláramos en términos de pertenencia diríamos que los tienen esclavizados.

Cada líder tiene una tarifa de acuerdo con el número de votantes y su prestigio depende de que los electores no se le hayan volteado a quien paga por esos votos.

No obstante, eso no garantiza que un líder les reciba a dos o tres candidatos el dinero para repartir entre sus prohijados y al final repartir los votos entre los tres candidatos.

Quien paga solo se entera de que tan eficiente y “honesto” fue el líder al cruzar el dato de sus votos con la mesa donde se sufragaron. Si el candidato gana con una buena votación eso importará poco, si pierde reclamar será un pataleo de ahogado literalmente porque esta transacción de la que hablo además de ilegal es clandestina.

Los líderes barriales son unos verdaderos mercaderes de electores y las temporadas electorales son su gran negocio.

¿Cuánto vale un voto?, eso ya es marginal, ahora se habla de cuento vale un líder y estos se tasan en un mercado de valores donde incluso llegan a plantear el quién da más sin importar el partido por el que vote el elector “amarrado” quien recibe una pequeña porción del negocio representada en metálico, un puesto, un contrato o cualquier cosa que se pueda canjear en este mercado negro de electores.

En el caso del candidato de opinión esto no existe porque incluso el candidato nunca sabrá de donde salieron los votos, estos perteneces a otro segmento y a otra condición socioeconómica.

Muchos políticos convierten las campañas en un negocio personal e incluso engordan su ejercicio para terminar adhiriendo a otros candidatos endosándole los pocos votos que tengan a cambio de contratos, puestos y dinero.

Hay otros candidatos a los que poco o nada les interesa ganar, solo participar para lograr notoriedad y ser tenidos en cuenta por su partido porque en ocasiones es más importante ser candidato que elegible.

La política en Colombia se hace con políticos y el asunto se ha convertido en un tema de nicho.

El abstencionismo es impresionantemente alto porque casi el 60% de los colombianos en capacidad de votar se aíslan del tema convirtiendo a este “Negocio” en cosa de unos cuentos, lo que es de entrada un error del ciudadano apático porque lo que hagan los elegidos no impacta solamente a los electores que sufragaron sino a todo el que vive, haya o no votado, en el territorio nacional.

Es por ello que el voto obligatorio en Colombia es una propuesta de campaña, pero nunca será una realidad de gobierno en la medida que el día que todos tengamos que votar el negocio se vendrá abajo, o en el peor de los casos se transformará.

Números de una campaña al senado de tres meses:

Publicidad:  Dependerá del número de medios, la importancia del candidato y la región de la que provenga, pero en ningún caso bajará de 200 millones de pesos.

Medios de comunicación: Con la era digital los guarismos cambian, una campaña digital con pauta no valdrá menos de 150 millones de pesos y su eficiencia dependerá de la capacidad de quien la maneje para que haya más impacto con menos inversión.

Pauta Publicitaria: Dependerá de las donaciones, en ocasiones los lideres ponen la publicidad en los medios locales, pero en los nacionales la pauta no bajara de 200 millones de pesos.

Organización logística: La mayoría de los miembros de una campana son personas que trabajan en ella invirtiendo en la bolsa valores de futuro del candidato ganador, generalmente esperan un contrato que gestione el Senador, un puesto o una posición en el sector público.

No obstante, entre secretarias, personal y alquiler de sedes la cosa se mueve por el orden los 100 millones de pesos.

Gastos de Viaje del candidato: Dependerá de si vuela en clase económica o en primera, de si alquila avión, avioneta o helicóptero, de cómo se mueva y con cuantas personas se mueva. Si quiere recorrer el país, este rubro no bajará de 180 millones de pesos.

Día de elecciones: Mucho se ha dicho que una elección se gana o se pierde el día de la votación y eso es relativamente cierto.

Como se trata de un ejercicio de personas que pueden no necesariamente seguir a alguien sino seguir un billete podrían incluso recibirlo y no salir a votar, aunque los líderes se las ingenian para garantizar que el voto se haya consignado y esto supone garantizar el transporte para llevar y regresar al elector y además darle de comer.

El día de elecciones puede, con la compra de líderes, ser la mayor inversión en esta empresa y si no se controla podría incluso romper los fondos porque todo este ejercicio se hace en efectivo.

El día de elecciones puede costar 500 millones de pesos, no obstante, los líderes debieron ser “engrasados “con anticipación.

Esto es algo que no se hace ese día y quien pretenda hacerlo encontrará las bases llenas o sea a los líderes ocupados por quien más músculo financiero tuvo.

La compra de los lideres puede costar en una campana de 50 mil votos, suficientes para elegirse, cerca de 5 mil millones de pesos.

Lo anterior quiere decir que una campaña para senado puede costar, barata, 6 mil millones de pesos que se pueden perder en cuestión de horas.

Los topes de gastos que establece el Consejo Nacional Electoral es de 884 millones de pesos por cada candidato.

Violarlos es estar condenado, después de elegido, al riego de demandas ante ese tribunal que generalmente instauran los contradictores y que terminan en pérdidas de investiduras.

Si sumamos y restamos concluiríamos que hay algo muy lucrativo en una curul para que alguien se embarque en tamaño desafío, hipoteque lo que tiene, se llene de deudas y trate de llegar a un sitio donde no se ganará más de 300 millones de pesos en salario al año, no más de 1.200 millones en su paso por la curul para querer quedarse con un problema que además puede llevarlo a terminar en la cárcel.

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